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lunes, 21 de enero de 2013

Apuntes para una autobiografía

Hace unas semanas prometí dedicar algunas entradas a libros sobre la vida y la obra de Romano Guardini. Pero, justo en ese momento, se cruzó por mis clases el tema de la autoridad y cambié de planes. Retomó esta semana aquello que prometí. A partir de hoy voy a comentar los siguientes volúmenes: 

1. Romano Guardini, Apuntes para una autobiografía, Encuentro, Madrid, 1992.
2. Alfonso López Quintás, La verdadera imagen de Romano Guardini, Eunsa, Pamplona, 2001.
3. Alfonso López Quintás, Romano Guardini. Maestro de vida, Ediciones Palabra, Madrid, 1998. (Ya existe una entrada en este blog sobre este libro)
4. Hanna-Barbara Gerl, Romano Guardini. La vita e l'opera, Morcelliana, Brescia, 1998.

Posiblemente caiga en mis manos algún otro libro durante estas semanas que también podamos traer al blog para darlo a conocer. Evidentemente tengo que empezar con la autobiografía de Guardini: Apuntes para una autobiografía.

Residencia de Guardini en Mooshausen
Apunto de cumplir los sesenta años (entre 1943 y 1945), expulsado de su cátedra de Berlín (1939) y retirado en  Mooshaunsen, Romano Guardini decidió emprender la tarea de escribir su biografía. La interrupción de la docencia provocada por las circunstancias históricas del momento, con la disponibilidad de tiempo que esto conllevó, le ofrecían la oportunidad para hacerlo. Así mismo, desde un punto de vista existencial también había llegado el momento. A sus casi sesenta años escribe:

"Los diversos motivos e influjos que tejen la extraordinaria trama que se llama existencia han tenido ya tiempo de mostrarse; las grandes orientaciones se han entrelazado y las principales decisiones se han tomado ya; de este modo la mirada puede reconocer perfectamente una coherencia interna que posibilita la reflexión y la gratitud, dando luz y fuerza a la parte del camino que aún queda por recorrer" (Apuntes para una autobiografía, 8). 

Emprendió esta tarea, pero no como quien escribe unas memorias, relatando cronológicamente, año tras año su vida. Guardini no era un hombre de recuerdos y no se sentía capacitado para hacerlo en forma de una biografía al uso. Busco una manera, un poco más original, y quizás también más adecuada en orden a la compresión de una vida humana, y decidió, como él mismo narra, "hablar de un período determinado de mi vida e intentar hacer ver cómo en él los distintos hilos se han entrelazado formando un todo"(Apuntes para una autobiografía, 11). Desde esta perspectiva podemos entender las dos partes en las que se estructura el libro: Carrera universitaria y actividad docente por un lado; y por otro Búsqueda de la vocación. Sacerdocio y actividad pastoral.

 En la primera parte, Carrera universitaria y actividad docente, nuestro autor inicia su narración en el momento en que empieza a trabajar en lo que será su tesis doctoral. A partir de este hecho,  progresivamente nos va descubriendo sus luchas y visicitudes para encontrar lo que debía e iba a ser su tarea desde un punto de vista académico.  Ésta puede resumirse con la palabra Visión (Weltanschauung) cristiana del mundo. Él explica esta tarea "como la mirada sobre la realidad del mundo que se hace posible a partir de la fe, y la doctrina de la Weltanschauung como la búsqueda teorética de sus presupuestos y de su contenido" (Apuntes para una autobiografía, 52).

En la segunda parte Búsqueda de la vocación. Sacerdocio y actividad pastoral, encontramos valiosas aunque breves referencias a la infancia de Guardini, al ambiente familiar, a sus dudas e incertidumbres a la hora de elegir los estudios universitarios, así como, también a un hecho importantísimo y cargado de trasncendencia como fue su conversión y el papel que la Iglesia, como institución tuvo en esa decisión. Durante sus años de incertidumbre universitaria Guardini padeció una crisis de fe. Nos lo narra así:  “Una noche discutí sobre religión con un estudiante que llevaba un vida dispendiosa y que afirmaba ser kantiano. Le expuse los argumentos habituales a favor de la existencia de Dios y él me rebatió siguiendo los procedimientos del pensamiento de la Crítica Kantiana. Toda mi fe se desvaneció entonces; o, más exactamente, noté que ya no tenía fe. Era el verano de 1905" (Apuntes para una autobiografía, 94).

No tardará mucho en volver a la fe. Tras varias visicitudes que por brevedad no podemos narrar, Guardini quedó cautivado por el contenido de la siguiente frase evangélica: "quien quiera conservar su alma la perderá, quien la dé la ganará´". A la luz de esto Guardini escribe:

“Dar mi alma, pero ¿a quién? ¿Quién pude pedírmela? ¿Pedírmela de tal modo que ya no sea yo quien pueda disponer de ella? No ‘Dios’ simplemente, ya que cuando el hombre pretende arreglárselas solo con Dios, dice ‘Dios’ y está pensando en él mismo. Por eso tiene que existir una instancia objetiva que pueda sacar mi respuesta de los recovecos de mi autoafirmación. Pero sólo existe una instancia así: la Iglesia Católica con su autoridad y precisión.” (Apuntes para una autobiografía, 99)

El capítulo IV de esta segunda parte está dedicado a este hecho. En esta segunda parte también se trata de su vocación al sacerdocio, su vida en el seminario, así como los inicios de su actividad pastoral.

Apuntes para una autobiografía es el primer libro que leí de nuestro autor. La comprensión profunda de esta obra corre paralela al conocimiento progresivo que uno va teniendo del pensamiento de Guardini.

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