
Para terminar quisiera decir una vez más que la reedición de las obras de Guardini prueba el interés que nuestro autor viene despertando en las últimas décadas.
“Pues, ¿Qué significa ser cristiano? La respuesta exhaustiva la ha dado quizás San Pablo, al decir en la Epístola a lo Gálatas: ‘Vivo yo, pero ya no vivo yo, sino que Cristo vive en mí’ (2, 20). Y entonces uno continúa así su pensamiento: ‘Y precisamente de ese modo es como empiezo a ser yo mismo’. ¿Ocurre eso en ti? ¿Puedes decir que has entrado en la inhabitación viva, en la santa mente de Cristo, y que a partir de ahí has llegado a ser tú mismo? No se necesita más que hacer esas preguntas para saber en qué punto se está.” (La sabiduría de los salmos en Meditaciones teológicas, Ediciones Cristiandad, Madrid, 1965, 124-125).
“Esto no significa que en la existencia cristiana sea anulado el «yo» humano y entre en su lugar Cristo; sino que, precisamente por vivir Cristo en mí –y sólo por eso- me hago yo realmente yo-mismo – aquel yo-mismo que Dios pensó al crearme- que con ello se despierta en mí la capacidad de poder ser verdadero principio, y decidirme por mí mismo y realizarme ” (Libertad, gracia y destino, Lumen, Buenos Aires, 1987, 70).
“La acción del Espíritu no es tal que lance sobre el hombre el raudal divino, haciendo perecer en él su «yo»; sino que, por el suave desarrollarse del Espíritu, se abre en el hombre mismo una fuente que es totalmente dada, totalmente fuente de la vida de Dios; pero que brota en el hombre y le pertenece” (Libertad, gracia y destino, 70-71).
“Seguir al Señor no consiste en imitarlo servilmente, sino en manifestarlo en la propia vida personal. El cristiano no es una copia de la vida de Jesús; eso sería antinatural y poco realista, por decir falso. Solo a unos pocos se les ha concedido el don de acomodar su vida, casi literalmente, a la del Maestro; por ejemplo, san Francisco de Asís. La tarea de la vida cristiana consiste, más bien, en transponer la vida de Jesús a la propia vida personal, en los azares de la actividad diaria, en los contactos con los demás hombres, en la actitud ante la providencia y el destino, tal como todo ello se presenta.” (El señor,Cristiandad, Madrid, 2000, 571)
“Todo depende, para el cristiano, de que la imagen del Señor viva en él con fuerza primigenia, o esté gastada y pálida. Muchas objeciones contra Cristo proceden sin duda, en último término, de que su figura no fulge en el espíritu de los creyentes ni toca de manera viva sus corazones. Si el Señor se levantara con fuerza ante los ojos de sus fieles y los corazones de éstos ardieran de íntimo conocimiento suyo, mucho de lo que contra Cristo se dice no podría decirse.” (Imágenes de Jesús, el Cristo, en el Nuevo Testamento, en Obras, Tomo III, Ediciones Cristiandad, Madrid, 1981, 235).
“El mensajero de Dios es un sembrador, y lo que trae, un grano de semilla. Algo vivo, pues, que ha de echar raíces, desarrollarse y dar fruto. Lo que viene de Dios, no es algo acabado, sino un comienzo. (…) En este sentido se podría decir mucho. Siempre se haría patente el principio básico de que las cosas de Dios no vienen como resultados conclusos, sino como comienzos vivos; que no son sistemas consolidados, sino crecimiento de forma en forma”(Verdad y orden. Homilías universitarias, Vol III, Ediciones Guadarrama, Madrid, 1960, 18-19).
“Ay de mí, si digo: «Creo» y me siento seguro en esa fe! Entonces estoy en peligro de caer (1 Cor 10, 12). (…) Yo no soy cristiano, sino que, si Dios me lo concede, estoy en camino de serlo. No en la forma de una propiedad o de una posición desde la que juzgar a los otros, sino en un movimiento. (…) Nada se me ha dado a modo de seguridad; sino que todo se me ha dado sólo a modo de punto de partida, de camino, de desarrollo, de confianza, de esperanza y de súplica”( El Señor, 363).