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viernes, 18 de noviembre de 2016

La desparición de lo trágico y la aparición de la desgracia

El próximo mes de diciembre se publicará en Quién. Revista de filosofía personalista una recensión sobre la última traducción al castellano de La muerte de Sócrates (Palabra, Madrid, 2016). De la publicación de este libro hemos dado cuenta ya en este blog. Su lectura me ha vuelto a poner delante una querida idea con la que me he encontrado en varias ocasiones en mis estudios sobre Guardini: " (...) nuestro tiempo, a pesar de todo su escepticismo, anhela una interpretación de su vida diaria hecha a partir de lo eterno" (Una ética para nuestro tiempo, Cristiandad, Madrid, 2002, 110). Si lo "eterno" lo identificamos con lo "incondicional", el volumen de La muerte de Sócrates se convierte en un alegato de la cita que acabamos de referir.  En Sócrates y en su discípulo Platón, que es el redactor de los textos (los diálogos: Eutrifón, Critón y Fedón; y la Apología de Sócrates) que se comentan en este volumen, la idea de la incondicionalidad de la verdad y del bien, el papel central que juegan en la realización de la vida del hombre, y la fidelidad a estos valores en medio de las contingencias de la vida diaria, se convierten en el núcleo de sus filosofías. Concretamente de Platón es cribe Guardini:  
"Su filosofía ha puesto en claro para siempre una cosa: tras la confusión de la sofística ha mostrado que existen valores incondicionados, que pueden ser conocidos y, por tanto, que hay una verdad; que esos valores se reunen en la elevación de lo que se llama 'el bien', y que ese bien puede realizarse en la vida del hombre, según las posibilidades dadas en cada caso. Su filosofía ha mostrado que el bien se identifica con lo divino, pero que, por otra parte, su realización lleva al hombre a su propia humanidad, al dar lugar a la virtud, la cual representa vida perfecta, libertad y belleza" (Una ética para nuestro tiempo, 109). 
Hemos querido volver a estas ideas ya comentadas en este blog, porque además de la lectura de La muerte de Sócrates, la preparación de una comunicación para un congreso y lo que uno contempla en su día a día me las ha puesto de nuevo delante. De hecho, algunos políticos, extrañamente, las están reclamando. De ello hablaré luego. Volvamos a Guardini y leamos: "El hombre contemporáneo está perdiendo cada vez más intención y capacidad para realizar lo incondicional. Pero sólo lo incondicional, confiere a la vida su sentido, aunque sea en su forma negativa sintiéndose culpable. El hombre que se encuentra en esta situación permanece frío ante el valor, que no le conmueve. Encongiéndose de hombros, se dirige a la tangibilidad de lo cotidiano" (Ética. Lecciones en la Universidad de Munich, BAC, Madrid, 2000, 796). El relativismo y el escepticismo imperantes han convencido al mundo moderno y contemporaneo de que no existen los grandes valores a partir de los cuales configurar la propia vida. "Desaparecen así los grandes pensamientos y sentimientos que justifican la existencia, y en su lugar surgen realidades relativas. Desaparece lo trágico, y en su lugar aparecen las desgracias. La pregunta por el último por qué no obtiene respuesta. Sin embargo, ni ideologías ni tópicos pueden hacérnosla olvidar" (Ética. Lecciones en la Universidad de Munich, 796). Aparece el vacío, el sinsentido y el nihilismo, ...la crisis.

Podríamos hundirnos en el pesimismo si no fuera porque de repente en la historia aparece de nuevo Sócrates en la figura, por ejemplo, de Jerome Lejeune del que hablamos en la entrada anterior. O aparece en la persona de algún político (y no quiero hacer apología de ninguno, solo traigo aquí un hecho) que en los ultimos años ha denunciado que la crisis política y económica de la última década no es otra cosa que una crisis de valores y consecuencia del relativismo imperante. Tan convecido se halla de ello que ha puesto en marcha, junto con otros, una fundación con el nombre de Valores y Sociedad.

Hay otros signos que mantienen vivo lo incondicional en nuestra sociedad. Me refiero, por ejemplo, a los movimientos como el de la defensa de la vida. Allí lo eterno se hace patente al intentar proteger sin excepciones la vida del no nacido o de aquel que está por morir. En ninguna circunstancia se puede matar. De ello también habló Guardini, y con ello  terminamos esta entrada: "En el hombre hay algo contra lo que, por su propia esencia, no está permitido atentar: la soberanía de la persona viva. Puede haber razones de peso a favor de hacerlo, es más, pueden llegar a ser tan acuciantes que todo aquel que se resiste a ellas parecerá un doctrinario sin corazón. Y, si se cede ahí, el final será la destrucción, la destrucción precisamentemente de lo que se quería salvar" (El derecho de la vida humana que está haciéndose en Escritos Políticos, Madrid, 2011, 166).

miércoles, 2 de septiembre de 2015

La vida ética y la realización de la persona

Retomamos el blog para dar a conocer una nueva publicación sobre Romano Guardini. Se trata del volumen La vida ética y la realización de la persona en el pensamiento de Romano Guardini (Agape libros, Buenos Aires, 2015) del Prof. Edgar O. Farías.  Adjuntamos una pequeña recesión que nos hecho llegar el mismo autor donde se da cuenta del contenido del libro.

RECENSIÓN 
"La doctrina moral se ha vuelto excesivamente doctrina de lo prohibido. (...) Con demasiadafrecuencia se ve la norma ética como algo que se impone desde fuera a un hombre rebelde; aquí el bien ha de entenderse como aquello cuaya realización es lo que de veras hace al hombre ser hombre". (Una ética para nuestro tiempo, Cristiandad, Madrid, 2002, 110).

Esta idea de Romano Guardini expresad en el Prólogo de  Una ética para nuestro tiempo, manifiesta una intuición fundamental de est gran filósofo, cuya importancia es bien percibida y desarrollada por Edgar Farías a lo largo de este escrito.


El libro, en sus primeros capítulos, describe con profundidad como ciertas corrientes racionalistas modernas han reducido la moral a un mero catálogo de deberes a cumplir, deberes que se nos imponen extrínsecamente y que suelen suscitar en el hombre actual la actitud de insubordinación, en defensa de su amenazada libertad.  Frente a esta concepción, el autor describe la preocupación de Guardini por recuperar la visión clásico-cristiana de la moral entendida como un camino de realización personal, en el que las virtudes constituyen la clave central de su despliegue. Ahora bien, esta visión de la ética supone una serie de ideas metafísicas y antropológicas que Guardini desarrolla magistralmente en sus obras y que el autor describe y analiza con profundidad. 

Lic. Edgar O. Farías
Para empezar Farías desarrolla la tesis de la fundamentación ontológica del bien moral, indicado que el Bien es un concepto trascendental, es decir, un aspecto del ser mismo de las cosas. Más en concreto, es la perfección o plenitud del ser que ellas tienen y que las hace apetecibles y perfectivas, o sea, capaces de perfeccionar a quien las recibe. Farías señala que esta idea se opone frontalmente a la separación total de Ser y Bien propia de la filosofía kantiana, que invierte la relación entre metafísica y ética propia del realismo filosófico como es el de Romano Guardini. 

El autor señala que es frente a esta concepción, vastamente extendida en los siglos XIX y XX, que Guardini subraya la fundación del deber moral en el ser del hombre y de las cosas. Una ética así entendida tiene como motor fundamental de la acción humana la atracción del Bien, y no la coacción de un deber que se impone extrínsecamente.

De allí, explicita Farías, que se sigue una consecuencia importante, que es la disociación tajante entre la búsqueda del bien moral y la de la felicidad humana, que en el kantismo constituyen dos tareas independientes y en algún punto hasta divergentes. Farías señala que en la en la perspectiva guardiniana, no pasa lo mismo ya que para Guardini la consecución del bien es lo que hace al hombre plenamente hombre, llevándolo a su felicidad auténtica. 

Luego Farías destaca que esta visión de la ética supone a su vez la importancia de un adecuado conocimiento de la realidad como condición para poder decidir acertadamente nuestra conducta a seguir, y que el mismo debe desarrollarse en dos direcciones: hacia el sujeto y hacia las circunstancias. Efectivamente, para actuar bien es indispensable el autoconocimiento del mismo sujeto actuante: discernir lúcidamente las condiciones generales de la naturaleza humana, así como también las características individuales de cada uno es fundamental para tomar las decisiones éticas apropiadas. Por otra parte, el autor señala que esta idea de la moral se asienta sobre la conciencia de la condición creatural del hombre presupuesto claro en la ética guardiniana.  Toda creatura, por el hecho mismo de serlo, ha sido pensada previamente por la mente del Creador, y es esto lo que la hace inteligible, y portadora de una estructura de sentido. En la naturaleza de cada creatura está perfilado el sentido y el fin de su existencia. 

Por último el libro cuanta con una segunda parte en la cual el autor el desarrolla algunas virtudes específicas seleccionadas por él como ejemplo peculiar de una manera realista y actual de entender y vivir la moral.

Para terminar con la recensión, debo decir que el libro me parece una clara e insistente invitación a pensar e interpretar el sentido y la justificación de la vida humana a la luz de la virtud y la obligación moral. Descubriendo que esta última no es algo impuesto sino una invitación a adherirse al Bien con toda la inteligencia y el afecto quedando allí realizada la propia existencia.


lunes, 16 de septiembre de 2013

Ascetismo (IV) como superación

De nuevo nos enfrentamos a las páginas de la Ética. Lecciones en la Universidad de Munich (BAC, Madrid, 2000) para ilustrar un tema del pensamiento de Guardini: la ascética. ¿Qué nos dicen las páginas de este libro? Evidentemente nuestro autor aborda la cuestión ascética de una manera más amplia y profunda que en la obra Una ética para nuestro tiempo (Cristiandad, Madrid, 2002). Por ejemplo, inicia sus reflexiones distinguiendo lo que no es la ascesis, confrontándola con el budismo, con doctrinas dualistas que desprecían la materia, con el rigorismo calvinista, etc., afirmando que cuanto él entiende por ascetismo no tiene nada que ver con estas corrientes filosófico religiosas. 
Guardini habla de ascetismo a partir de la experiencia ética y la primera acepción del término con la que se identifica es con la de superación. El hombre no realiza el bien de manera natural o espontánea. Puede ser que perciba y entienda aquello que moralmente debe ser realizado. Pero la realización misma de lo bueno es otra cosa. Así pues, la ascesis se encuentra situada en el marco de la realización moral que habitualmente tiene que afrontar una serie de dificultades externas, pero que sobre todo tiene que luchar con ciertas reticencias internas. Nuestro autor lo explica así:
"La realización del bien no se encuentra sólo con dificultades externas a la hora de ser llevada a cabo, como le sucede a toda tarea en cuestiones materiales y de circunstancias, sino también reticencias internas. La naturaleza del hombre es de índole que no sólo no siempre se presta de buen grado a la realización ética, sino que también se resiste; aún cuando sabe que sólo lográndola se cumple el sentido existencial. Entonces el ejercicio se intensifica para convertirse en superación." (Ética. Lecciones en la Universidad, 304).
Ahora bien, esta idea de luchar contra uno mismo es algo que la cultura occidental ha rechazado desde la Modernidad. Como ya hemos explicado alguna vez en este blog, el hombre moderno cree ser fruto de la evolución natural, aún en su dimensión espiritual, y la naturaleza está en orden y lo que procede de ella también. Por ello, la autorealización personal se entiende como una lucha contra las adversidades pero no como una conquista del propio ser personal. Para el hombre moderno "(...) su ser no va a oponerle resistencia alguna. Si éstas se dan, vienen de fuera, de circunstancias adversas propias de la situación histórica o individual, de instituciones sociales o económicas erróneas, de una educación fallida, etc." (Ética. Lecciones en la Universidad, 305). Tal es el optimismo radical que caracteriza ciertos autores de la Edad Moderna. Al hombre, en el que no hay maldad, "Sólo hace falta iluminarle debidamente, guiarle, influirle con ejemplos y buenas instituciones. Entonces todo marcha bien" (Ética. Lecciones en la Universidad, 305).

También reconoce nuestro autor que en la Edad Moderna surge como contrapeso a la corriente anterior una visión pesimista del hombre que se encarna en el escepticismo de los siglos XVII y XVIII y que niega un orden o sentido al mundo natural y a la existencia humana dentro de él. Este modo de pensar derivará más tarde, en los siglos XIX y XX, en filosofías como la de Schopenhauer o Nietzsche y en el existencialismo francés. Pero tanto el ingenuo optimismo como el trágico pesimismo que caracterizan la Modernidad son la cara de una misma moneda: la reducción del mundo a una fórmula, a un aspecto, o es bueno o es malo,  con la consiguiente incapacidad para distinguir entre ambos. 

Lo que sucede en el hombre es una lucha interior, porque si bien "En él existe, además del cuerpo, el espíritu; y el espíritu, como persona está llamado por Dios", también es verdad  que está enfrentado a la divinidad "(...) que una vez eligió el mal decididamente, y lo sigue eligiendo constantemente.  Por eso ha llegado a un grado -o profundiza cada vez más en él- que no acepta sin más la exigencia del bien conocido, sino que también se comporta ante él con pasividad, e incluso le opone resistencia" (Ética. Lecciones en la Universidad, 306).

Esta verdad, que el hombre está llamado desde la trascendencia al bien pero se opuso y se opone constantemente a él, no puede ser obviada en el ámbito de una tarea ética. Es la raíz y explicación de por qué hay una distancia entre el conocimiento del bien  y realización efectiva. "Si no quiere moverse en el vacío, la ética tiene que contar con estos hechos. La realización que el bien exige, el paso del conocimiento a la acción, a  la actitud, al ser, ha de imponerse no sólo contra la pasividad de una materia, sino frente a la resistencia de una falta de voluntad o incluso de una voluntad en contrario. Aquí interviene lo que nosotros llamamos ascesis" (Ética. Lecciones en la Universidad, 306). Hasta aquí la noción de ascesis como superación. La semana que viene abordaremos la ascesis como renuncia.



lunes, 9 de septiembre de 2013

Ascetismo III: predisponerse a Dios

Existe un ámbito del que todavía no hemos hablado y que está íntimamente relacionado con la ascética. Me refiero a la cuestión religiosa. Una primera aplicación de la ascética a lo religioso nos podría hacer pensar que la cercanía o lejanía de Dios en relación al hombre depende de las fuerzas o del empeño que éste ponga. En este sentido, el ejercicio ascético sería un cierto voluntarismo que llevaría al hombre con sus propias fuerzas hasta el umbral de Dios.

Sin embargo,  creo (es una opinión personal) que esta no es la adecuada interpretación que debemos hacer del papel de la ascética en el ámbito de Dios. Más bien, la ascética ayuda a acercarse a Dios en la medida que ordena al hombre y lo predispone a la acción divina. En la medida que quita obstáculos, disipa brumas, abre el corazón y la inteligencia a la fuerza de la gracia y a la luz de la fe. Es Dios quien actúa si le dejamos. En este "si le dejamos" creo que reside el papel de la ascética cristiana. 

Cuanto hemos dicho se podría deducir del siguiente texto de Guardini y que se encuentra al final del capítulo dedicado a este tema del libro Una ética para nuestro tiempo (Cristiandad, Madrid, 2000) que venimos comentando: 
 "El hombre no es llevado a Dios con la violencia. Si no se educa a sí mismo para ello; si no se toma tiempo para la oración, por la mañana y por la noche; si no convierte la fiesta del Señor en una ocasión importante; si no tiene a mano ningún libro que le muestre algo de la anchura, la longitud y la altura y al profundidad de las cosas de Dios (Ef 3, 18), entonces la vida se le escapa constantemente a uno fluyendo por encima de las quedas amonestaciones que llegan desde dentro. Quien es así, cuando ha de estar ante Dios, se aburre y todo le parece vacío (...) Para sentirse en casa ante Dios, de modo que uno trate con él a gusto y con sensación de presencia plena, hace falta también ejercicio -como en todo asunto serio-. Debe hacerse de modo voluntario y con autosuperación, una y otra vez, y entonces, como gracia, se recibe el regalo de la sagrada cercanía." (Una ética para nuestro tiempo, 224).
Con estos comentarios termina Guardini prácticamente sus reflexiones en este libro sobre la ascesis. Empezó criticando la visión equivocada y oscurantista que la Modernidad nos presenta del termino para conducirnos a un noción del término como elemento indiscutible de una vida que quiera alcanzar su plenitud:
 "Así, hemos de aprender a considerar el ascetismo como elemento de toda vida bien vivida. Haremos bien en ejercitarnos en ello, tal como, en obsequio a la mesura, se ponen límites a un impulso; tal como se deja lo menos importante, aunque sea atractivo, para hacer lo más importante; tal como uno se domina a sí mismo para adquirir libertad espiritual..." (Una ética para nuestro tiempo, 224-225).
 Sin embargo el tema de la ascesis es abordado por Guairdini en otros libros. Recordemos que se introdujo en nuestro blog con motivo de nuestras reflexiones sobre la técnica y la necesidad que tiene el hombre de hoy de tener un dominio sobre sí mismo para ejercer un dominio responsable sobre el mundo de la técnica. En este sentido la semana que viene continuaremos hablando de este tema a partir de lo que se expone en la  Ética . Lecciones en la Universidad de Munich, BAC, Madrid, 2000, 300-315.

miércoles, 17 de julio de 2013

La técnica y el hombre II: el poder



“El problema central, en torno al cual va a girar la tarea cultural del futuro y cuya solución dependerá todo, no solamente el bienestar o la miseria, sino la vida o la muerte, es el problema del poder. No el de su aumento que se opera por sí solo, sino el de su sujeción y recto uso.” (El ocaso de la Edad Moderna, en Obras. Vol 1, Ediciones Cristiandad, Madrid, 1981,102).

En el párrafo anterior encontramos una idea clave del pensamiento de Romano Guardini. Nuestro autor denuncia en sus escrito el incremento exponencial del poder que el hombre ha ido adquiriendo a partir de la Modernidad a través del desarrollo de la ciencia y de la técnica al mismo tiempo que señala la carencia de un ética que lo norme y que lo guíe. La cuestión, como leíamos más arriba, no es su incremento, el problema es de carácter ético, es decir, “su sujeción y recto uso”.

En esta entrada vamos a reflexionar sobre qué es el poder, su esencia, carácter, propiedades y origen. En futuras entradas abordaremos la cuestión ética de su recto uso. 

Empecemos por preguntarnos ¿qué es el poder? Debemos distinguirlo de las energías naturales. Es cierto, que el hombre primitivo y antiguo otorgó la categoría de poder a estas fuerzas, pero en sentido estricto la naturaleza en cuanto tal no tiene poder. Así pues, ni el mar, ni el sol, ni los vientos huracanados, ni los terremotos o maremotos son poderosos, como tampoco ninguna especie animal. Para que podamos hablar de poder se deben concitar dos elementos: en primer lugar energías o fuerzas que incidan en la realidad y sean capaces de transformar o cambiar estados de cosas; en segundo lugar una inteligencia que sea capaz de activarlas, las dote de fines y les otorgue una dirección. Guardini lo explica así:

“(...)  sólo puede hablarse de poder en sentido verdadero cuando se dan estos dos elementos: de un lado, energías reales, que puedan cambiar la realidad de las cosas, determinar sus estados y sus recíprocas relaciones; y, de otro, una conciencia que esté dentro de tales energías, una voluntad que les dé unos fines, una facultad que ponga en movimiento las fuerzas en dirección a estos fines” (El poder. Una interpretación teológica, en Obras. Vol.1 Ediciones Cristiandad, Madrid 1981, 171).
El primer elemento es común al mundo natural, el segundo es específicamente humano, pues implica una inteligencia y con ella una libertad. De ello se deriva una de las propiedades fundamentales del poder: su carácter neutro. Ni es bueno, ni es malo, depende de la finalidad que le imponga la inteligencia y la libertad que lo active y dirija. De su carácter intelectual se deriva también otra propiedad: la imprevisibilidad. Para captar mejor este aspecto escuchemos a Guardini
“En el hombre, la energía –tanto la propia como la que toma de la naturaleza- entra en el ámbito de la libertad. Y la libertad, a pesar de todo lo que afirma el determinismo mecanicista, es precisamente libertad, lo que significa soberanía en la decisión. En la medida en que el hombre somete cada vez más a su señoría la Naturaleza, sitúa en el ámbito de la libertad esas energías, que en el ser inanimado están ligadas a las leyes racionales y en el animal discurren dentro de las ordenaciones de sus funciones vitales. Lo cual significa, a su vez, que el hombre somete las energías a un principio que no es calculable, de raíz. Pero más aún: a un principio en que influye todo aquello que se llama corazón humano –tomando esta palabra en el sentido grandioso que tiene en un San Agustín o un Pascal. Aquí, el mundo entero se somete a una instancia de la que es imposible decir cómo lo va a usar.” (Europa: realidad y tarea, en Obras. Vol 1, Ediciones Cristiandad, Madrid, 1981, 22). 
 Nos queda por comentar el origen del poder que Romano Guardini explica a partir de los primeros textos del Génesis Gn 2, 18-20; 21-24. De ellos dice lo siguiente:
“Estos textos, cuyo eco resuena a lo largo del Antiguo y del Nuevo Testamento, nos dicen que al hombre se le dio poder tanto sobre la naturaleza como sobre su propia vida. Y manifiestan, además, que este poder constituye para él un derecho y una obligación: la de dominar. La semejanza natural del hombre con Dios consiste en este don del poder, en la capacidad de usarlo y en el dominio que brota de aquí. (...) El hombre no puede ser hombre y, además, ejercer o dejar de ejercer el poder; le es esencial el hacer uso de él. El Creador de su existencia le ha destinado a ello (El poder. Una interpretación teológica, 182).
 Así pues, el hombre está llamado al uso del poder, al dominio natural. Pero esta tarea no puede realizarse de autónomo, despótico o al margen de la ética. De cómo debe hacer uso del poder hablaremos la próxima semana.


(Las ideas expresadas en esta entrada y las siguientes se encuentran expuestas de manera amplia y en Fayos Febrer, Rafael, “La tarea de Europa y la crítica del poder”, en Actas del VI Congreso Católicos y vida pública: Europa sé tu misma. 19, 20, 21 de noviembre de 2004, Universidad San Pablo CEU,  Madrid, 2005, 441 y siguientes).

lunes, 15 de abril de 2013

El respeto

Una ética para nuestro tiempo (Ediciones Cristiandad, Madrid, 2002) recoge virtudes que reúnen dos carácterísticas: a) son poco habituales y en desuso; b) sin embargo se trata de virtudes o actitudes esenciales en orden a construir una sociedad realmente humana. En la virtud que hoy tratamos,  el respeto, las dos características antes mencionandas se hacen muy evidentes. Porque se habla mucho de respeto, pero ¿sabemos realmente lo que es? El respeto implica dos movimientos: uno de distanciamiento y otro de partipación Lo valioso, si se sabe descubrir, siempre nos hace retroceder, no para huir, sino para crear el espacio necesario en el que pueda darse. Pero al mismo tiempo, al hacerse patente lo valioso el hombre se siente atraído por ello deseando participar de la sublimidad. Escribe Guardini:
"Quizá toda auténtica cultura empieza cuando el hombre se echa atrás, no se precipita, no se arrebata consigo, sino que crea distancia, para que se establezca un espacio libre en que puedan hacerse evidentes la persona con su dignidad, la obra con su belleza y la naturaleza con su poder simbólico" (Una ética para nuestro tiempo, 180).
¿Qué merece respeto? Acabamos de leer que en primer lugar la persona humana y su dignidad. El respeto se reviste así de atención, no entendida como concentración intelectual, sino como actitud frente al prójimo que se traduce en un mirada atenta y de algún modo amorosa. "Atención es lo más elemental que ha de percibirse para que los hombres puedan tratar entre sí como hombres" (Una ética para nuestro tiempo, 181). Entre los ejemplos a los que acude Guardini  para ilustrar esta idea se encuentra la atención (entendida como cuidado y respeto) a las convicciones del otro, sobre todo, cuando entiendo que según mi parecer no son conformes a la verdad. En esta situación puedo verme en la obligación de indicarle donde, según mi parecer, se encuentra equivocado, pero "no puedo hacer violencia a su opinión ni intentar dominarle con astucia" (Una ética para nuestro tiempo, 182)Merece atención (traduzcase por cuidado, respeto) el ámbito de la vida privada del otro y de los otros. Sacar a la luz lo que debería quedar cobijado en el entorno de la familia o de las relaciones personales es maltratar a las personas, herirlas, y no epidérmicamente, sino en su más profunda intimidad. La atención, tal como la venimos considerando, la aplicación del respeto en las relaciones cotidianas, es necesaria en el matrimonio o la amistad. Por eso hay que preguntarse si está presente "(...) cuando un matrimonio se vuelve áspero, y los conyuges ya no se sienten cobijados el uno en el otro " (Una ética para nuestro tiempo, 183).

En segundo lugar merece respeto la grandeza de una persona y su obra. Esto no es obvio, porque frente a los grandes hombres y las grandes realizaciones humanas el alma humana puede llegar a desanimarse o, en el peor de los casos, ser mezquina hasta el punto de cegarla la envidia. Surge así, la destructora crítica y la maledicencia, el rencor, el resentimiento y finalmente el odio hacia el que ostenta o realiza en plenitud una virtud. "Pero quién reconoce al gran hombre con libertad, porque la grandeza es hermosa, aunque pertenezca a otro, ve ocurrir algo prodigioso: en el mismo instante, el que respeta se pone al lado de aquél, pues ha comprendido y reconocido su grandeza" (Una ética para nuestro tiempo, 185).

En tercer lugar merece respeto el débil, el desvalido,  los niños. Frente a ellos nos sentimos movidos a la ayuda.  Pero Guardini se pregunta algo más, ¿por qué sentimos respeto? "Quizá es que el hombre decente, cuando se encuentra ante el desvalimiento, se siente tocado y penetrado por la proximidad del destino"(Una ética para nuestro tiempo, 186). Aquí conviene recordar lo dicho en El enfermo protege al sano.

Este último ámbito nos conduce a lo religioso donde esta virtud tiene su raíz: "Es la sensación de lo sagrado inabordable, que rodeaba en la antigua experiencia de la vida a todo lo elevado, poderoso, soberano. Ahí se reunían diversas cosas: presentimiento de la grandeza sagrada y anhelo de participar de ella" (Una ética para nuestro tiempo, 180). La modernidad ha perdido el sentido religioso y con él también ha perdido el respeto a lo sagrado. Sólo hay que ver cómo circulan los turistas por los templos góticos y medievales de las grandes capitales europeas. El acto fundamental de respeto a Dios es la adoración. En ese acto el hombre se reconoce como criatura delante del creador, como finito frente al infinito. Pero en ese acto el hombre no queda anulado ni rebajado. No se sitúa ante un Dios todopoderoso que lo aniquila. (Aquí recomiendo la lectura de Introducción a la vida de oración, Palabra, Madrid, 2002, 82-84). Es un Dios que es fuerza, poder y grandeza, pero su energía creadora no se desata violentamente como ocurre en las divinidades paganas, sino que está revestida de amor y tiene un rostro: el Padre. Si Dios no fuera así, el acto de adoración consistiría en un acto de debilidad: me postro ante tí porque eres más fuerte que yo. Pero el respeto que manifestamos en la adoración nace de la admiración ante la grandeza de su amor. 

Por último y para terminar: la libertad del hombre es la prueba del respeto de Dios. La libertad de Dios no es una libertad que se sitúa al lado de la humana o simplemente frente a ella, como lo han pregonado algunos filósofos existencialistas. La libertad de Dios es la condición de posibilidad de la libertad humana. Que todavía la mantenga, la posibilite y no la aniquile a pesar de nuestra historia, eso es respeto: 
 "Sin embargo, él quiere que haya finitud, libre finitud: ¿no se manifiesta aquí un misterio de divino respeto? Que el poder absoluto del acto divino de ser no destroce al ente finito; que la ardiente majestad del  yo divino- mejor dicho, el nosotros, véase Jn 14,23- no queme lo finito; al contrario, lo quiere, en constante llamado lo crea y lo mantiene en su realidad.... Realmente, en él vivimos y nos movemos, como dijo San Pablo en el Areópago (Hch 17,28). Su respeto creador es el espacio en que existimos" (Una ética para nuestro tiempo, 191).











lunes, 4 de marzo de 2013

El legado de Platón

Platón
En la introducción al volumen Una ética para nuestro tiempo (Cristiandad, Madrid, 2002), Romano Guardini habla de Platón. Aunque disiente del pensador ateniense en alguna de las tareas que debe desempeñar el Estado según La República (custodiar el orden moral), no deja de señalar algo que sigue siendo actual para el hombre de hoy y de siempre. Guardini escribe: "Su filosofía ha puesto en claro para siempre una cosa: tras la confusión de la sofística ha mostrado que existen valores incondicionados, que pueden ser conocidos y, por tanto, que hay una verdad; que esos valores se reúnen en la elevación de lo que se llama 'el bien', y que ese bien puede realizarse en la vida del hombre, según las posibilidades dadas en cada caso" (Una ética para nuestro tiempo, 109). Para quien se mueva en la tradición de una filosofía realista, alejada del relativismo y escepticismo propio de nuestros tiempos, el texto que acabamos de citar no sólo le habrá resultado verdadero, sino también bello. Quizás haya sentido incluso cierta alegría, pues la verdad y el bien son portadoras de ella.


Para Guardini, siempre siguiendo a Platón, el bien tiene sus raíces en lo divino: "Su filosofía ha mostrado que el bien se identifica con lo divino, pero que, por otra parte, su realización lleva al hombre a su propia humanidad, al dar lugar a la virtud, la cual representa vida perfecta, libertad y belleza", y más adelante añade "nuestro tiempo, a pesar de su escepticismo, anhela una interpretación de su vida diaria hecha a partir de lo eterno" (Una ética para nuestro tiempo, 109-110).

La ética, de alguna manera, consiste en la realización del bien eterno en el hombre finito a partir de la virtud a la que define Guardini como la unificación de todas las energías, dinamismos y potencialidades que se dan en el hombre en torno a un valor moral que realiza en su vida. En la virtud, con la palabras de Guardini, "(...) un valor moral se convierte en dominante que unifica la abundancia vital de la personalidad" (Una ética para nuestro tiempo, 115). Esta polarización de la virtud que se verifica en la vida del hombre puede evidenciarse, por ejemplo,  en la virtud del orden, al alude nuestro autor en el escrito que estamos comentando. En la persona que vive la virtud del orden todo queda unificado y configurado en relación a ella. Esto se de tal modo que la virtud se convierte en un modo de relacionarse con el mundo.

Ahora bien. ¿Cómo se adquiere la virtud? El orden puede ser fruto de un gran esfuerzo ascético o puede surgir en la personalidad del individuo de manera natural, según las disposiciones del propio temperamento.  "Ambas formas de virtud son buenas, ambas necesarias." (Una ética para nuestro tiempo, 117). Depende también del individuo el hecho de que la virtud en él pueda enfermar. Esto sucede cuando el hombre pierde el dominio sobre ella. Pensemos, por ejemplo, cuando el orden se convierte en perfeccionismo. 

La mentalidad actual entiende que las virtudes son algo ajeno al hombre, pero hay que recordar que "éstas, no son ningún esquema general que se imponga al hombre, sino la propia humanidad viviente, en cuanto es llamada por el bien y se realiza en él" (Una ética para nuestro tiempo, 123). Por eso, señala nuestro autor como hemos visto antes, que hay cierta "afinidad electiva" entre los diversos caracteres y las virtudes.  Hay gente que tiende al orden, a la veracidad o la generosidad. Pues bien, esto es importante según Guardini por dos motivos: "Es importante ver esto para la comprensión de  la vida moral de las diversas individualidades. Pero también es importante para la cotidianidad práctica. Pues la labor moral hará bien en partir de aquello en que uno se siente en su casa, para avanzar a partir de ahí y dominar también lo extraño " (Una ética para nuestro tiempo, 124).

En las próximas semanas o quizás meses me voy a detener en la vertiente educadora de Romano Guardini comentado algunas obras de carácter ético como también su labor como educador de la juventud. Así pues de la virtud o del bien entendida "(...)  como aquello cuya realización es lo que de veras hace al hombre ser hombre" (Una ética para nuestro tiempo, 110), vamos a estar hablando en este blog durante un tiempo.



domingo, 9 de septiembre de 2012

La persona en Romano Guardini (VI) . La persona y el Estado Moderno



Quien con asiduidad sigue las reflexiones que expongo en este blog habrá caído en la cuenta de lo mucho que llevo citando en los últimos meses el libro de la Ética. Lecciones en la Universidad de Munich. Sin ánimo de cansar a mis lectores, voy a volver a él para tratar el tema que hoy nos ocupa. La persona y el estado moderno o mejor dicho el estado totalitario. La cuestión puede abordarse desde muchos escritos. Estoy pensando en el ensayo La cuestión judía (Editorial Sur, Buenos Aires, 1963), o El Salvador en el mito, la revelación y la política (en Escritos políticos, Palabra, Madrid, 2011, 27-88), como así mismo en El ocaso de la Edad Moderna y en El Poder. Una interpretación teológica (en Obras, Vol.1, Cristiandad, Madrid, 1981, 33-290). Vuelvo a la Etica por dos razones: la primera porque nuestras reflexiones sobre el estado totalitario se harán en relación a la persona; la segunda porque un blog exige brevedad y no se trata de un estudio exhaustivo sino de comentar brevemente un aspecto que nos ha llamado la atención en nuestras lecturas. 

Bien, pues leyendo lo referente a la persona en las lecciones en la Universidad de Munich, cuando Guardini se ocupa de la autonomía personal, afirma que esta se traduce o se trasluce en actos como el conocimiento, la libertad y la creatividad. Esto le da pie para hablar con respecto al concimiento de la verdad:
"Sólo en la realización de la verdad alcanza la persona su sentido, porque ella está referida por naturaleza a la verdad. Existe para la verdad, como posibilidad permanente de realizarla. Solo puede existir persona si existe la verdad; porque sólo cabe un ser autónomo si es consciente de sí mismo. Por eso la persona, además, es responsable de la verdad (igual que tiene en ella su sostén y su escudo). Persona y verdad están unidas esencialmente (Ética. Lecciones en la Universidad de Munich, BAC, Madrid, 2000, 160)".
La cita por sí misma vale la pena. Pero lo que viene a continuación termina de hacernos comprender su alcance para el hombre de hoy
"Existe una contraprueba de lo decimos: la actitud que niega la persona, niega también, si actúa en serio, la verdad. Todo sistema totalitario, por ejemplo, empeñado en destruir la persona y hacer del hombre una simple célula del Estado, una mera pieza de la gran maquinaria estatal, tiene que procurar también acabar con la verdad, porque en su realización la persona se reafirma una y otra vez. Por eso, en lugar de la verdad, aparece la consigna, la doctrina oficial. Ahí no hay verdad, sino sólo el dictado del pensamiento como forma interior de la conducta política... ¡Es algo horroso: el propósito de acabar con la verdad para acabar con la persona y dejar el hombre abandonado al poder! " (Ética. Lecciones en la Universidad de Munich, 160-161)".
De modo similar habla Guardini en relación a la libertad y el bien. "Otra forma de manifestarse la persona es la libertad. Libertad significa elegir entre diferentes posibilidades, decir sí o no a algo que se nos presenta, poder decidir ante una exigencia. En definitiva, la faucltad de decir sí o no al bien o, más exactamente , de poder decir sí al bien aunque habría sido posible decir no (Ética. Lecciones en la Universidad de Munich, 161) ".  Y más adelante escribe "(...) sin el bien, la persona sencillamente, no puede existir. Su relación con él -a la vez que con la verdad- es la forma esencial de su constitución y su conducta. Personalidad significa estar referido esencialmente al bien (Ética. Lecciones en la Universidad de Munich, 162)". Al igual que con la verdad, todo sistema que quiera destruir a la persona intenta acabar con el bien. "Para este caso también existe una contra prueba similar a la anterior: los sistemas que pretender acabar con la persona niegan también el bien. Para ellos solo existe lo útil, lo que favorece el desarrollo, lo que aumenta el poder (Ética. Lecciones en la Universidad de Munich, 162)".

Por último también se refiere Guardini a la creatividad y como ésta tampoco está permitida por el estado totalitario porque supone la manifestación de la persona a la que quiere destruir: "todo sistema totalitario tiene que destuir cualquier iniciativa tendente a actuar o crear, porque ésta supone a la persona (Ética. Lecciones en la Universidad de Munich, 162) ."

Todo lo anterior puede llevar al estato totalitario a realizar actos aberrantes en contra de la persona. De ello es testigo la historia y lo fue, como hemos señalado alguna vez en este blog, Romano Guardini. Así, los estados totalitarios han asesinado personas en razón de su estado físico, psíquico o simplemente por pertenecer a una raza o un pueblo. Y todo ello porque para el estado totalitario el hombre no es persona.
"También esto lo niega el Estado totalitario. Éste mata a los disminuidos psíquicos y a los enfermos incurables. En realidad, es asesinato; o todavía peor, asesinato que pretende vanamente justificar por una teoría falsa: la de que habría vidas que no merecen vivirse. (...) la tesis medular de la teoría totalitaria es tan clara como aberrante: para esa teoría totalitaria el hombre no es persona, no tiene una dignidad absoluta proveniente de su naturaleza de hombre; es un simple individuo biopsíquico; los criterios para tratarlos  son entonces los que tienen que ver con los intereses estatales, sociales, económicos o culturales." (Ética. Lecciones en la Universidad de Munich, 164-165).


miércoles, 8 de agosto de 2012

El enfermo protege al sano


Ya al final de Las edades de la vida (Ética. Lecciones en la Universidad de Munich, BAC, Madrid, 2000, Apartado Cuarto, Capítulo III, 441-490), Guardini comenta qué sentido y valor puede tener la vida de la persona enferma y qué puede aportar a la sociedad. Concretamente escribe:
“Henos aquí ante la cuestión radical de cuál es el significado del hombre enfermo, desvalido, incapacitado para trabajar, en el conjunto de la vida, etc. Si se lo considerase como algo negativo, como mero obstáculo o perjuicio, entonces la fórmula nacional socialista tendría razón. Pero no la lleva, pues la verdad es que el enfermo es, antes que nada y esencialmente, un hombre, un hombre en estado de enfermedad, y tiene derecho, sin limitación alguna, a todo lo que se debe a la persona. Y entonces –y esto nos interesa especialmente en este punto- se convierte en objeto de responsabilidad para los sanos, ya que nadie se basta por sí solo, sino que todos dependemos unos de otros. Es más, el enfermo es para el sano ocasión de una especial prueba.
Más aún, podemos decir que la persona que no puede valerse o no puede valerse del todo por sí misma, guarda al sano de un gran peligro: el egoísmo y la petulancia de la salud y de la fuerza” (Ética. Lecciones en la Universidad de Munich, 489).
La idea expresada en las últimas líneas siempre me ha llamado la atención. Y digo siempre porque la he encontrado en varios lugares.  En este momento me referiré a dos: en primer lugar a El derecho a la vida humana en gestación (en Preocupación por el hombre, Ediciones Guadarrama, Madrid, 1964, 161-194. Usaremos esta edición) y en segundo lugar al texto de la Ética. Con respecto a la conferencia El derecho a la vida humana en gestación (por cierto, acaba de publicarse una nueva traducción El derecho a la vida humana que está haciéndose en Escritos políticos, Palabra, Madrid, 2011, 143-172) al hablar de tarea y misión del médico dice:
“(…) Defiende el derecho del enfermo contra la brutalidad de los sanos. Y defiende el derecho del ser humano en gestación contra el egoísmo de los adultos; incluso el egoísmo debido a la necesidad. Ello implica una integridad apoyada en la clara visión de la esencia del hombre y la absoluta obligación respecto a su dignidad” (El derecho de la vida humana en gestación, cit., p.189).
En el mismo texto de la Ética. Lecciones en la universidad de Munich, encontramos al tratar de la persona el siguiente texto:
“Y no olvidemos tampoco los siguiente: que gracias a ella las instancias mismas del poder se encuentra protegidas de sí mismas, de las coacciones y de demonios de su propio ser. Sin el contrapeso de la personalidad de cada hombre y su inviolabilidad, las propias estructuras de poder se derrumbarían.  Bien mirado, los enfermos, los disminuidos, los desamparados son los protectores de los sanos, porque los preservan del orgullo exacerbado y de la barbarie, que se encuentran como posibilidad en el sano y fuerte” (Ética. Lecciones en la universidad de Munich, 165).
Guardini señala que el enfermo preserva al sano de la tentación de la soberbia, del poder despótico, del egoísmo en la que puede caer quien goza y disfruta de una salud enérgica que le proporciona fuerza y poder.  Romano Guardini  vivió lo que él denomina en sus escritos a “los doce años de barbarie”, es decir, los años en los que Alemania estuvo bajo el poder del nacional socialismo. Lo que pudo contemplar en aquellos años influyen decisivamente en las ideas que estamos comentando. De hecho, se refiere en ocasiones explícitamente a ello.
“Últimamente, en los Doce Años, se dio un paso atrás. El viejo se convirtió de nuevo en algo negativo. Una obtusa filosofía de la vida se alió con el utilitarismo colectivista para tratar de justificar aparentemente todos los instintos criminales de los que se hablaba. Y así de nuevo se mató a los ancianos (igual que a los incapacitados para trabajar y a los enfermos incurables)” (Ética. Lecciones en la universidad de Munich, 489).
Por ello, Guardini señala que el cuidado de los desvalidos y de los enfermos es la prueba de fuego para un individuo o una sociedad en relación a su madurez humana y al respeto de la persona. Y esto en todas las fases de la vida humana. Tanto al inicio
“(…) la auténtica madurez moral se decide en ver si, por el hecho de que el aspecto humano del embrión, disminuye cada vez más cuanto más atrás se mira, uno se siente llevado a no considerarle ya como ser humano, o si, por el contrario, uno protege su humanidad aún velada por la vigilancia de la conciencia” (El derecho de la vida humana en gestación, 189).
Como en cualquier otra etapa de la vida humana,
¿No es, por ejemplo, lo profundamente correcto y debido que una persona enferma se vea asistida sanitariamente, aunque no sea útil para nadie y represente una carga para los demás?, ¿qué un niño demente sea debidamente criado aunque solo signifique costes y no vaya a producir nada? Las lesiones o incluso las muertes mismas sufridas por observancia de la norma ética, por respeto a la persona  y a su dignidad ¿no son, precisamente, los momentos decisivos en que se pone de manifiesto si las personas concernidas han comprendido que significa ser hombre, las ocasiones de realizar el sentido de la propia existencia? Parece como si progresivamente se fuera haciendo sitio una concepción no trágica de la existencia” (Ética. Lecciones en la universidad de Munich, 174).
Estas palabras de Guardini siguen teniendo actualidad y creo que es bueno recordarlas porque algunas de las situaciones que hoy estamos viviendo se refieren directamente a ellas.


lunes, 16 de julio de 2012

Lectura para el verano: Etica. Lecciones en la universidad de Munich

Para quienes conozcan el libro de ETICA. Lecciones en la Universidad Munich  (BAC, Madrid, 2000), debe sorprenderles que lo pronponga como lectura de verano (900 páginas). No es esa mi intención, pues el título de esta entrada no es una invitación a su lectura este verano, sino comentar por qué lo he eligido yo como lectura estival. Desde hace tiempo vengo intentando introducir en mi docencia, imparto antropología filosófica, el pensamiento de Guardini a la hora de abordar algunos temas. Quiero aprovechar el verano para rastrear algunos textos en la obra nuestro autor que puedan servirme para ilustrar algunas de las cuestiones antropológicas que habitualmente toco en mis cursos.  En este sentido, la ETICA, me parece un libro ideal. No me detengo ahora en comentar la importancia de este libro en el conjunto de la obra de Guardini, que la tiene. Quiero destacar el carácter didáctico que puede tener a la hora de impartir clases de antropología filosófica.
En el libro vienen tratados específicamente y con más o menos amplitud los siguientes temas: 
1.  En primer lugar el tema de la persona como pude comprobar hace algunas semanas cuando preparaba algunas entradas para este blog.
2. En segundo lugar los aspectos relativos a la naturaleza social del hombre en los niveles más básicos, la famlia, hasta los más amplios, como la comunidad política, sin dejar de tocar lo relativo a la obediencia y la autoridad.
3. Todo lo referente a la libertad, la acción y la virtud viene ampliamente desarrollado en el libro y puede servir como fuente de bibliográfica para el desarrollo de ese tema en el curso de antropología.
4. Otros temas como el lenguaje, el conocimiento y la verdad, el encuentro, la relación cuerpo y alma,  los sentimientos, la sexualidad y su orden, vienen tratados también en el libro.
5. Por último, las etapas de la vida, que hace parte de la ETICA, aunque fue publicado aparte (En España  tenemos una excelente edición en Las etapas de la vida, Palabra, Madrid, 1997), es una material valiosísimo para un curso de antropología. 
Espero ir comentando pasajes seleccionados de esta obra durante el verano al mismo tiempo que hago acopio de material para el próximo curso académico.

lunes, 25 de junio de 2012

Romano Guardini. Escritos Políticos

Prologado por D. Alfonso López Quintás y traducido por José Mardomingo, los seguidores de Guardini nos vimos sorprendidos el curso pasado por la aparición del volumen Escritos políticos (Palabra, Madrid, 2011). Ocupa el nº 39 de la Colección Pensamiento (Editorial Palabra) que dirige Juan Manuel Burgos y que desde hace tiempo acoge libros de temas y autores personalistas. Dentro de esta colección podemos encontrar escritos de Wojtyla (Mi visión del hombre, El hombre y su destino, El don del amor, Amor y responsabilidad), von Hildebrand (Alma de León, El corazón), Edtith Stein (La mujer), Jacques Maritain (Humanismo Integral y otras obras) o Max Scheler (Amor y conocimiento). Entre los escritos de habla hispana destaca el mismo director de la colección, Juan Manuel Burgos, con un par de libros de introducción al personalismo (Introducción al personalismo, El personalismo) y alguna otra obra como Reconstruir la persona. Autores como Carlos Díaz, Urbano Ferrer o Tomás Melendo tienen obras publicadas en esta colección. 

En relación a Guardini podemos encontrar magnificas ediciones de Las etapas de la vida,  Cartas sobre la formación de sí mismo, el citado Escritos Políticos y una biografía de López Quintás titulada Romano Guardini. Maestro de Vida, que personalmente prefiero a la publicada por EUNSA y del mismo autor (La verdadera imagen de Romano Guardini). Esta última, más que un escrito biográfico, es una excelente introducción al pensamiento de nuestro autor. Espero dedicarle una entrada en el blog durante este curso.

Escritos Políticos recoge diecinueve trabajos cuyo denominador común es la vida política. Algunos de ellos ya habían sido traducidos al castellano hacía tiempo, tal es el caso de "Europa. Realidad y Tarea", "El Salvador en el mito, la Revelación y la política" o "El derecho a la vida humana que está haciéndose". Sin embargo, y quizás puedo estar equivocado, la mayor parte de estas conferencias, artículos o discursos se traducen por primera vez al castellano. 

El libro está dividido en cinco secciones aunque la heterogeneidad de algunos trabajos ha hecho difícil que esta clasificación sea espontánea y natural. De todos modos ha quedado muy bien lograda la sección dedicada a "La formación en el dialogo y la paz en democracia" y la denominada "Libertad, obediencia y plenitud de vida". 

Como dice Alfonso López Quintás, en el prólogo, los trabajos de Guardini nunca son abstractos, sino que vienen marcados por las circunstancias vitales, y por lo tanto muy cercanos a hechos históricos y a la vida del individuo. Esto los convierte en lecturas amenas y de gran significado existencial. En próximas entradas espero comentar alguno de ellos, por ejemplo, el dedicado a la Rosa Blanca con el que se inicia el volumen.

lunes, 18 de junio de 2012

La persona en Romano Guardini (IV). Los peligros de la persona


Desde hace tres semanas venimos examinando el concepto de persona en Romano Guardini. Las dos últimas entradas, Los estratos de la persona y Lo específico de la persona han resuelto la cuestión desde un punto de vista “ontológico”. No obstante, hoy abordaremos Los peligros de la persona, que también debemos situar en este marco metafísico. Con ello cerraremos el primer bloque de nuestras reflexiones. Tenemos programados tres bloques más: A) El concepto de persona en Romano Guardini desde una perspectiva fenomenológica que dará lugar a algunas reflexiones sobre El encuentro, La dimensión relacional de la persona ; B) La persona y el Estado Moderno; C) La persona y Dios, donde nos moveremos en el ámbito de la antropología teológica y cuyos temas todavía no he determinado. La aparición de estos dos últimos bloques vendrá intercalada por otro tipo de entradas de tal modo que no monopolicemos el blog durante meses en un solo tema.

Dicho esto, entramos de lleno en el asunto que hoy nos ocupa: Los peligros de la persona. Se pregunta Guardini en La existencia del cristiano: “¿Pero es posible que enferme el espíritu en cuanto tal, que enferme la persona, que sólo puede existir en cuanto tal merced al espíritu? Yo creo que sí.” (La existencia del cristiano, BAC, Madrid, 1997, 459). ¿En qué manera y de qué modo? Evidentemente debemos distinguir la enfermedad de la persona en cuanto persona de aquello que pueda padecer en cuanto individuo de la especie humana. Guardini tiene en cuenta esto y deslinda la noción médica de enfermedad mental de aquello que quiere abordar: “(…) Lo que en tal caso enferma son, en realidad, ciertos aspectos fisiológico y psicológicos, es decir, las bases orgánicas de la vida anímica.” (La existencia del cristiano, op. cit, 459). Guardini se pregunta si puede enfermar la persona humana en cuanto ésta es también espíritu:

“¿Dónde esta, pues, el último fundamento real de la personalidad? ¿qué tiene que ser el hombre para que pueda existir personalmente? La respuesta nos ha salido al paso ya muchas veces en estas reflexiones: tiene que ser espíritu. (…) Este espíritu finito e individual es lo que fundamenta la posibilidad de tener consistencia en uno mismo y actuar por uno mismo, y no puede ser educido a partir de lo material. Es justamente, la persona.” (Etica, BAC, Madrid, 2000, 167)
 Las propiedades de finito e individual no están de más, porque una de las tentaciones de la Modernidad ha sido convertir al hombre en un espíritu absoluto, cuando no lo es. También es importante porque en cuanto espíritu finito e individual está referido a la verdad, al bien, a la justicia y al amor, que lo preceden y algún modo lo norman. Precisamente en ellos encontramos la condición de posibilidad de que la persona enferme:
 “El espíritu se halla referido a los valores absolutos de la verdad, el bien y de lo justo; por lo tanto, a los valores que trascienden el ámbito de la utilidad. Y esto no sólo externamente en cuanto que se ocupa de ellos, sino de modo esencial. Hay toda una tradición filosófica –la platónica- que tomó especialmente conciencia de estos aspectos. Según ella, la vida del espíritu radica en su relación con la verdad. Si perdiera esta relación, enfermaría” (La existencia del cristiano,op. cit., 459).

Así pues, la persona humana enferma cuando se desliga de la verdad:
 “Esto no ocurre todavía cuando el espíritu se equivoca, pues en tal caso todos estaríamos enfermos, ya que todos nos equivocamos; ni tampoco cuando miente, incluso cuando miente con frecuencia, sino cuando pierde radicalmente la referencia a la verdad. Cuando pierde la voluntad de lograr la verdad y la responsabilidad que tiene respecto a ella, y renuncia a la distinción entre lo verdadero y lo falso, entonces enferma” (La existencia del cristiano, op. cit., 459).

También la persona humana enferma cuando se desliga del amor

“Igualmente decisivo para la salud de la persona es el amor. (...) La persona enferma, tan pronto como abandona el amor. No cuando el hombre falta a él, lo vulnera, cuando cae en el egoísmo y el odio, pero sí cuando hace de él algo frívolo y basa su vida en el cálculo, la fuerza y la astucia. Entonces la existencia se convierte en una prisión. Todo se cierra. Las cosas nos oprimen, todo se hace extraño y enemigo en su más íntima esencia, el último y evidente sentido desaparece. El ser no florece.” (Mundo y persona, Encuentro, Madrid, 2000,  108).

 Y por supuesto, la persona humana enferma cuando renuncia a la justicia.
“La persona enferma, si hace apostasía de la justicia. No cuando comete una injusticia, sino cuando abandona la justicia. Ésta significa el reconocimiento de que las cosas poseen su esencialidad, así como disposición a guardar el derecho de las cosas y los órdenes que de él surgen.” (Mundo y persona, op. cit, 107);
 En el fondo, la persona humana enferma, cuando olvida su condición de finitud y quiere vivir en el ámbito únicamente de lo absoluto, que también le corresponde. En ella se da en la tensión (contraste) entre estos dos polos. De hecho la Modernidad ha caído en reducirla a uno de ellos, por un lado, hace del hombre un elemento del mundo natural, o lo separa radicalmente de él, convirtiéndolo en un espíritu absoluto. El carácter absoluto de la persona debe realizarse en un ser finito (Cfr. Ética, op. cit, 170). He aquí las raíces del destino trágico de la persona.