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viernes, 2 de diciembre de 2016

La dialécticas del malestar (I): soberbia y angustia

Hace unas semanas, en el XII Congreso Internacional de la Sociedad Hispánica de Antropología filosófica, expuse una comunicación titulada Las dialécticas del malestar en Romano Guardini. El título del congreso era: Patologías de la existencia: enfoques antropológicos-filosóficos. Me pareció pues, que las dialécticas del malestar que describe Guardini en su obra Ética. Lecciones en la Universidad de Munich, encajaban como anillo al dedo en el tema del congreso. ¿En qué consisten estas dialécticas? 

Guardini entiende que la exaltación de la autonomía del hombre y su alejamiento de Dios, características propias de la Edad Moderna, dan lugar a una serie de contradicciones antropológicas que nos hacen ver que el hombre no se encuentra en armonía y equilibro consigo mismo. Estas contradicciones se manifiestan en dialécticas de las que nuestro autor desarrolla tres, aunque se podrían detectar muchas más. Esta tríade son: soberbia y angustia, volumen del saber antropológico y desconocimiento de la esencia humana, revolución y dictadura (Ética. Lecciones en la Universidad de Munich, BAC, Madrid, 2000, 772-799). Procuraremos ocuparnos hoy de la primera de ellas para en próximas entradas abordar las otras dos. 

¿En qué consiste, pues, la dialéctica de la soberbia y angustia? La soberbia nace del hecho, tantas veces aquí recordado, del aumento de poder que le proporciona al hombre la ciencia y su aplicación técnica sin la medida ética que lo norme y lo guíe. La soberbia surge porque el hombre se siente seguro de su progreso y de su poder, del  dominio que ejerce sobre la naturaleza y sobre el hombre mismo. No se pregunta si está preparado para el ejercicio responsable de este poder; no cae en la cuenta de que quizás necesite una orientación ética en el uso del mismo. Vive ahogado en los medios y no se preocupa de los fines. Se habla de bienestar como fin último de todo, pero ¿es este un valor supremo? Por encima de él ¿no deberían considerarse otros?

Junto a esta soberbia propia de las últimas décadas ha surgido paradógicamente una filosofía de la angustia: "hoy tenemos toda una filosofía de la angustia, una literatura y, todavía más y más terriblemente, una periodismo de la angustia. Pero ¿qué mensaje es el que se nos está mandando, en última instancia, con la angustia? (Ética. Lecciones en la Universidad de Munich, 778). La angustia no es miedo ni temor. Es distinto, surge de la conciencia de la condición finita del ser humano. El hombre consciente de su contingencia y finitud se siente amenazado por algo tan terrible como la nada.  Con ella se enfrenta al intentar buscar un sentido y fundamento último a su existencia. Sin embargo, "de suyo , la finitud no tendría por qué ser sentida como angustia. También podría ser recibida con ánimo, seguridad y confianza, si supiera que es una angustia creada y mantenida por aquel que la ha creado" (Ética. Lecciones en la Universidad de Munich, 778). En otras obras, como La aceptación de sí mismo (Buenos Aires, Lumen, 1986), Guardini desarrolla detenidamente esta idea. Es ciertamente, el alejamiento de Dios, la autorrealización al margen de la luz de la Revelación lo que hunde al hombre no sólo en la angustia sino que lo llena de soberbia:
"La primera finitud, el hombre en su comienzo se sabía creado y entregado a su ser propio por Dios, que es el verdadero y el bondadoso. Sabía que su libertad estaba fundada en la libre voluntad de Dios; por ahí recibía razón y poder para seguir adelante por su propia vida. Esa finitud era recibida como dicha, como posibilidad capaz de todo cumplimiento. En ella no había angustia, sino ánimo y confianza y alegría. Su expresión era el Paraíso. Hubo angustia sólo cuando el hombre se rebeló contra ser finito; cuando pretendió ser, no imagen semejante, sino prototipo, esto, algo absolutamente infinito. Con eso, ciertamente, siguió siendo finito, pero perdió la conexión con su origen. Entonces la confianza degeneró en soberbia, y el ánimo se convirtió en temor. (...) Hasta que por fin la negación de Dios en la época actual llego a crear en torno de la propia finitud el vacío amenazador, la nada, proclamada hasta el hastío, el fantasma del Dios negado. Quien está en esa situación tiene toda clase de motivos para la angustia, pero no porque ésta norme parte de la esencia de la finitud, sino porque él, llevando a su extremo la herencia del pecado original, se ha decidido por la existencia sin sentido de la mera finitud" (La aceptación de sí mismo, 29).
En estos dos polos se desenvuelve la vida del hombre en la últimas décadas: seguridad en su poder y dominio, angustia nacida de su condición finita. Y según Guardini, manifiestan que hay algo en la concepción del hombre sobre sí mismo que no marcha, que es falso.


Bibliografía acerca de las dialécticas del malestar

La dialécticas del malestar han sido estudiadas por el prof. Carlos Alberto Sampedro, colaborador habitual de este blog.


jueves, 2 de junio de 2016

El inicio de la sabiduría es el temor de Dios

Mi querido amigo y compañero Alfonso Martínez-Carbonell tiene en su despacho un fragmento del libro de los Proverbios que reza así: el inicio de la sabiduría es el temor de Dios. Cada vez que lo leo le prometo una entrada en este blog comentando esas palabras. Porque éstas, también aparecen en el salmo 110 que es uno de los salmos que Romano Guardini comenta en su obra La sabiduría de los Salmos (en Meditaciones teológicas, Cristiandad, Madrid, 1965, 230-240). Allí se detiene precisamente en ese versículo y lo comenta a partir de dos preguntas: en primer lugar ¿qué puede significar "temor de Dios"? y en segundo lugar ¿qué significa en este contexto "sabiduría"? 

1. ¿Qué es el temor de Dios?  

Vayamos por partes y abordemos la primera pregunta: ¿qué entendemos por temor de Dios? Hay que subrayar que temor de Dios no es temor a Dios. "Ante todo, hemos de recordar lo que no es: ningún temor 'respecto a' Dios, ninguna angustia 'ante' El. Existe así en forma enfermiza, cuando Dios se convierte en un oscuro 'otro", y el sentir de El se vuelve opresión sobre el ánimo sin libertad o hechizamiento de la conciencia angustiosa" (La sabiduría de los Salmos, 235). También se da el temor a Dios, señala Guardini, cuando la existencia humana no se configura según la luz de la Revelación. Sucede cuando a Dios por voluntad propia se le excluye de la vida de los individuos, de  la vida de la social y de la cultura. Es entonces, y nosotros tenemos experiencia de ello, cuando "(...) Dios se convierte en un extraño, que ejerce violencia, que se impone al hombre por la fuerza, y del cual el hombrea cree deber defenderse para adquirir la libertad para sí mismo"  (La sabiduría de los Salmos, 235). ¿No nos resulta actual cuanto acabamos de escribir? Pues este tipo de miedo o de temor "a" o "respecto a" Dios es necio, dice nuestro autor, ya que Dios no es un riesgo para mi vida, todo lo contrario, es la condición de posibilidad de la misma, dado que "Yo existo sólo porque El me ha llamado al ser y me conserva en el ser. Yo soy y digo 'yo' porque El me dice 'tú' y me mantiene en el tú" (La sabiduría de los Salmos, 236). Solamente Dios puede convertirse en alguien amenazante cuando yo no acepto mi condición de criatura y quiero ser  también como Él creador, y por lo tanto, otro Dios, es decir, un ser que soberanamente decide sobre el bien y el mal, principio y fin de todo cuando acontece en mi vida, infinito en su  autonomía, criterio último de verdad. Entonces es cuando Dios se convierte, o mejor dicho, lo convierto en una amenaza, no a mi humanidad sino a mi pretensión de divinidad. 


Todo lo anterior nos hará comprender mejor cuanto queremos significar con la expresión temor de Dios. Según Guardini, el temor de Dios es "Ante todo, la clara conciencia de que Dios es real. No una mera idea, un mero sentimiento, sino realidad. Más que eso: si preguntamos qué es real, entonces la respuesta auténtica es: El. Sólo después, por medio de El y ante El: Yo. (...) El hombre ha de saber y reconocer: 'Yo soy criatura suya'. Aceptarlo en su corazón y estremecerse por la grandeza de ese Dios, eso es el temor de Dios" (La sabiduría de los Salmos, 236). A lo anterior hay que añadir que no sólo Dios es el creador sino que además es santo, es decir, que no hay en el injusticia, maldad, hipocresía, o formulado en positivo, que es la Bondad, la Belleza, la Verdad y el Amor. 

2. La sabiduría

La aceptación y reconocimiento de nuestra creaturalidad y de la santidad de Dios es el origen de la sabiduría humana. Lo insensato, lo necio es lo contrario. Es decir, lo necio en el hombre "(...) procede de que el hombre se deje resbalar a una actitud que podría ser suya solamente si fuera Dios. Para poder decidir con domino propio sobre el bien y el mal, para establecer sus objetivos conforme a su propia voluntad y sin atención a los mandatos de Dios, para ser capaz de eso, tendría que ser Dios él mismo. Pero no lo es, de modo que su manera de obrar es 'tonta', insensata, apariencial, y desemboca en el vacío" (La sabiduría de los Salmos, 236). La sabiduría sin embargo surge de la medida y criterio que nos da el reconocernos creaturas, es decir, el saber situarnos en la verdad de nuestro ser. Esto nos da una medida, criterio y ponderación adecuados para tener un juicio prudente. "Quien tiene en el corazón el temor del Señor, distingue entre lo valioso y lo inválido, lo permanente y lo transitorio, lo que tiene vigencia y lo no es nada. En cuanto se da cuenta de la distinción entre el Dios eterno y la criatura perecedera, desaparece la niebla. (La sabiduría de los Salmos, 238)".
Quisiera terminar con una última cita de Guardini, donde se afina todavía más lo que es la sabiduría distinguiéndola de la ciencia. Concluiremos con ello, pero también nos servirá de enlace para nuestra siguiente entrada que abordara el tema que ahora apenas apuntamos: "Sabiduría es otra cosa que saber. Uno puede tener el saber de todas las bibliotecas y al mismo tiempo ser un insensato. Sabiduría significa ser capaz de distinguir entre lo que produce vida y lo que trae muerte, aunque sea a través de muchos pasos" (La sabiduría de los Salmos, 238). 

Por lo tanto, lo contrario de la ciencia es la ignorancia y de la sabiduría la necedad. De ahí que se pueda decir que nuestro mundo sabe mucho, es decir, estamos rodeados de hombres de ciencia que al mismo tiempo quizás, de ello hablaremos en nuestra próxima entrada, sean unos necios o insensatos.

viernes, 13 de mayo de 2016

La experiencia religiosa y la fe

De nuevo damos noticia en el blog de una traducción en castellano de una obra de Guardini. Se trata esta vez del volumen Experiencia religiosa y fe, publicado en la BAC, en enero de este mismo año. El libro recoge una recopilación de ensayos y conferencias que tienen como tema central la experiencia religiosa y el acto de fe. Viene prologado como es habitual en las traducciones en castellano, por Don Alfonso López Quintás. El volumen se une a otras obras publicadas por la editorial BAC como es Etica. Lecciones en la universidad de Munich y La experiencia del cristiano que recogen el magisterio de Guardini en su cátedra de Munich.

La portada del nuevo volumen
Algunos de los ensayos y conferencias que encontramos en el volumen podríamos considerarlos clásicos en la obra de Guardini, tal es el caso de El salvador en el mito, la Revelación y la política, del que hace poco también referimos una traducción en el libro Escritos Políticos publicado en 2011 por Editorial Palabra. Por lo tanto, ya tenemos de este ensayo dos traducciones recientes. Junto a él se encuentran Experiencia religiosa y fe que da título a todo el libro y cuya temática se encuentra en el ámbito de la fenomenología de las religiones; recoge también este libribrito (no llega  las 150 páginas) las conferencias Lo infinito-absoluto y lo religioso-cristiano, El lenguaje religioso y un par de ensayos especialmente queridos para mí. El primero de ellos lleva por título Solo quien conoce a Dios conoce al hombre. Publicado junto a El ocaso de la Edad Moderna por la editorial PPC hacia 1997 se hallaba agotado y era muy difícil de encontrar en las librerías de segunda mano. Es para mí, una gran alegría, que se reedite. Pero además, tal ensayo es especialmente importante en la obra de Guardini, como indica Don Alfonso López Quintás en la presentación al señalar que el escrito encierra "(...) -según me confesó en cierta ocasión- el núcleo de todo su pensamiento antropológico" (Experiencia religiosa y fe, BAC, Madrid, 2016, p. vii-ix). El segundo ensayo con el que se cierra el libro se titula Sobre el sentido cristiano del conocimiento. Aconsejo vivamente su lectura.

Señalar por último que este libro es traducción del alemán de la obra Religiöse Efahgrung und Glade, publicado en 1974 por Matthias-Grünnewald. Felicitamos a la BAC y agradecemos esta publicación. Ojalá podamos dar cuenta en breve de nuevas reediciones de nuestro autor.

miércoles, 4 de junio de 2014

La Providencia (I): La condición de posibilidad

Hay un tema que desde hace mucho tiempo quisiera tratar en este blog: la providencia. Guardini tiene reflexiones muy interesantes al respecto y es una cuestión sobre la que se detiene con amplitud en varias obras. Hoy iniciamos una serie de entradas sobre ella. Cuando se habla de la providencia es fácil caer en malentendidos. Por ello, vayamos primeramente al Evangelio y lo que allí se dice, para examinar a su luz, y ayudados de la mano experta de Guardini cuál es la doctrina cristiana sobre la providencia. En el Evangelio de Mateo leemos:
25. «Por eso os digo: No andéis preocupados por vuestra vida, qué comeréis, ni por vuestro cuerpo, con qué os vestiréis. ¿No vale más la vida que el alimento, y el cuerpo más que el vestido? 26. Mirad las aves del cielo: no siembran, ni cosechan, ni recogen en graneros; y vuestro Padre celestial las alimenta. ¿No valéis vosotros más que ellas?27. Por lo demás, ¿quién de vosotros puede, por más que se preocupe, añadir un solo codo a la medida de su vida?28. Y del vestido, ¿por qué preocuparos? Observad los lirios del campo, cómo crecen; no se fatigan, ni hilan. 29. Pero yo os digo que ni Salomón, en toda su gloria, se vistió como uno de ellos. 30. Pues si a la hierba del campo, que hoy es y mañana se echa al horno, Dios así la viste, ¿no lo hará mucho más con vosotros, hombres de poca fe? 31. No andéis, pues, preocupados diciendo: ¿Qué vamos a comer?, ¿qué vamos a beber?, ¿con qué vamos a vestirnos? 32. Que por todas esas cosas se afanan los gentiles; pues ya sabe vuestro Padre celestial que tenéis necesidad de todo eso. 33. Buscad primero su Reino y su justicia, y todas esas cosas se os darán por añadidura. (Mateo 6, 25-33).
 Guardini en varios de sus libros, entre los que destaco Introducción a la vida de oración Palabra, Madrid, 2001, 155-175) y Mundo y persona (Encuentro, Madrid, 2000, 145-166) aborda el tema de la providencia y comenta precisamente este texto. Lo primero que deja claro es que lo contenido en este pasaje no es una fábula, no es un mito, no es algo que debe interpretarse fuera de su literalidad. Escribe Guardini: "Más bien nos tramite algo inaudito: que el Dios vivo se preocupa personalmente de cada uno de los hombres y está dispuesto a cuidar de ellos" (Introducción a la vida de oración, 156).  Ahora bien, hay que subrayar que este cuidado y atención del Señor para con cada uno de nosotros procurándonos las cosas necesarias para vivir aquí y alcanzar la vida eterna, acontece en la medida que se cumple una sola condición: "Buscad primero su Reino y su justicia, y todas esas cosas se os darán por añadidura".  Ese buscar primero su Reino y su justicia es de lo que carecemos. Es algo que se da por descontando y sin embargo exige del hombre una profunda conversión. Anteponer el Reino sobre cualquier otra cosa no es algo que solamos hacer.  Escribe Guardini: 
"Esta frase nos indica cómo entiende el Señor la unión del creyente con Dios: que el hombre busque primeramente  -es decir, ante todo y sobre todo- el Reino de Dios y su justicia, de modo que la solicitud por tal Reino se convierta en el centro y la fuente de energía de su vida. Esto es algo grande y muy difícil, y exige del hombre que realice la conversión del corazón que pidió el Señor al comienzo de su vida apostólica (Mt 4, 17)." (Introducción a la vida de oración,156) 
 Esta condición de la que hablamos es la que muchos cristianos damos por descontado. Sin embargo, no es real en nuestra vida. Dios no es, ante todo y sobre todo lo primero. Basta preguntarse si lo primero que hago por la mañana es agradecer a Dios mi existencia, si rezo aunque sea después del aseo y desayuno, o si le dedico algún minuto al trato con Dios a lo largo o al final de la jornada.

Guardini dice, que el hombre que asume y vive de modo sincero esta sentencia en su vida, genera un entorno vital, es decir, un ámbito de vida a su alrededor donde Dios puede actuar y por lo tanto ordenar las cosas al bien de la persona y su salvación. La disposición de nuestro corazón, aunque no lo percibamos, determina el curso de nuestra historia. En Mundo y persona podemos leer: "Lo que se dice es, más bien: Convierte en centro de tu vida el deseo de Dios, el cuidado por su reino, y el mundo cambiará en torno tuyo; los órdenes de la existencia se pondrán a tu servicio, los acontecimiento tendrán lugar y las cosas irán a tu encuentro en la forma mejor para ti." (Mundo y persona, 157). 

Todo esto cobra todavía más claridad y luz, cuando examinamos los versículos que preceden al pasaje evangélico que hemos citado: "Nadie puede servir a dos señores; porque aborrecerá a uno y amará al otro; o bien se entregará a uno y despreciará a otro. No podéis servir a Dios y al dinero". (Mateo 6, 26-24). A todo esto Guardini añade "De lo que aquí se habla es, pues, de cualquier cosa menos de fábula o entrega piadosa.  Es más bien una dura decisión,a saber, una decisión por el señor verdadero contra el falso, y una decisión eficaz, de tal especie, que de ella surge todo un nuevo cuidado por la vida y un orden de valores de estructura distinta al natural." (Mundo y persona, 157).

Tan sólo aquí,  hemos tratado de la condición de posibilidad de la providencia, es decir, de la decisión por Dios ante todo y sobre todo, a partir de la cual nosotros y nuestra existencia se pone al servicio de la llegada del Reino y la recreación de todo lo existente. Pero la Providencia entraña más aspectos, según Guardini,  que me gustaría seguir comentando en próximas semanas. Cierro, pues, esta entrada con este compromiso.

lunes, 7 de abril de 2014

Creer en el cristiano que hay en mí

Quien haya leído con cierta amplitud y profundidad los escritos de Guardini tiene necesariamente que haberse topado con el enunciado que encabeza esta entrada. La antropología filosófica de Guardini culmina de modo natural y sin artificio en una visión cristiana del hombre. Por ello, cuando indaga en lo que puede ser la persona termina escribiendo sobre la persona cristiana y si reflexiona sobre la existencia humana no debe extrañarnos que también se cuestione sobre la existencia cristiana. En breve aparecerá una pequeña indagación personal sobre la existencia cristiana en Romano Guardini. Daremos noticia de ella llegado el momento. Por ahora, y siguiendo las divagaciones teológicas que venimos realizando en las últimas semanas en el blog, voy a ofrecer algunas notas sobre el ser cristiano desde el pensamiento de Romano Guardini.

Como es sabido de todos la existencia cristiana consiste en una nueva vida. Esta vida nueva, no es un modo nuevo de vivir, sino, eso, una vida nueva en la que participa el creyente desde su bautismo. Guardini, nos dice, que esa vida se nos ha concedido a  modo de semilla. Eso parece enseñarnos la parábola del sembrador: 
“El mensajero de Dios es un sembrador, y lo que trae, un grano de semilla. Algo vivo, pues, que ha de echar raíces, desarrollarse y dar fruto. Lo que viene de Dios, no es algo acabado, sino un comienzo. (…) En este sentido se podría decir mucho. Siempre se haría patente el principio básico de que las cosas de Dios no vienen como resultados conclusos, sino como comienzos vivos; que no son sistemas consolidados, sino crecimiento de forma en forma”(Verdad y orden. Homilías universitarias, Vol III, Ediciones Guadarrama, Madrid, 1960, 18-19).
En otro escrito dirá: " La fe nos dice que Dios ha depositado en nuestra vida natural –en el hombre viejo- un nueva vida. Ésta es como un germen que debe desarrollarse” (Introducción a la vida de Oración, Palabra, Madrid, 2002, 34). Esto tiene consecuencias muy interesantes en nuestra vida cristiana. Una de ellas que comenta nuestro autor y que siempre me ha hecho pensar mucho, es que el cristiano no es una obra acabada, que en el fondo no se es cristiano sino que siempre estamos en camino de serlo. Que el cristianismo consiste en dejar que esa vida que en forma de semilla ha sido plantada en nuestra alma en el bautismo se desarrolle y crezca hasta transformarnos. Ser cristiano no es un punto de llegada sino una tarea encomendada. Por ello, Guardini escribe: "De ahí que el creyente no debería decir que es cristiano, sino que intenta llegar a serlo" (El Señor, Cristiandad, Madrid, 2000, 560). Y nos avisa de un peligro:
“Ay de mí, si digo: «Creo» y me siento seguro en esa fe! Entonces estoy en peligro de caer (1 Cor 10, 12). (…) Yo no soy cristiano, sino que, si Dios me lo concede, estoy en camino de serlo. No en la forma de una propiedad o de una posición desde la que juzgar a los otros, sino en un movimiento. (…) Nada se me ha dado a modo de seguridad; sino  que todo se me ha dado sólo a modo de punto de partida, de camino, de desarrollo, de confianza, de esperanza y de súplica”( El Señor,  363).
Puede ser que esa vida nueva y con ella ese hombre nuevo que Dios está haciendo en nosotros se esconda y cada vez nos resulte más difícil constatar nuestra transformación. En alguna ocasión nuestra autor usa la expresión "esbozo de futuro" para referirse a la realidad del cristiano. Llega a escribir que en el Credo debería incluirse un nuevo artículo de fe:  "El cristiano ha de creer en su propio ser cristiano. En su peculiaridad contra el enorme poder de lo inauténtico. Podría incluso decirse que en la confesión de fe falta un artículo: Creo en el hombre, que se formará según imagen de Cristo; creo que Él está en mí, y que, a pesar de todo, madura en mí" (Quien sabe de Dios conoce al hombre, PPC, Madrid, 1995, 168).

No hemos respondido todavía a la pregunta qué significa ser cristiano para Guardini pero baste para esta semana destacar los dos aspectos que hemos comentado.


lunes, 31 de marzo de 2014

El Señor. Nuevas perspectivas

En las meditaciones sobre la vida y la persona de Jesús que están recogidas en el libro El Señor (Cristiandad, Madrid, 2002), hay una idea que siempre me ha llamado la atención.  No la he visto recogida en otros autores cristianos aunque supongo que alguien más hablará de ello. Se trata del hecho de dar por sentado que en la vida de Jesús de Nazareth, sobre todo, el rechazo a su mensaje y el desenlace trágico de su muerte, tuvieron necesariamente que ocurrir así. Concretamente Guardini dice: 
"Estamos acostumbrados considerar la vida de Jesús como perfectamente determinada. Pensamos que por el hecho de haber sido de ese modo, tuvo que ser necesariamente así. Lo vemos todo desde el desenlace, y lo configuramos desde esa perspectiva. El hecho de la redención nos parece único y tan absoluto, que olvidamos lo tremendo que fue el modo en que se llevó a cabo, y que ni ante Dios ni ante los hombres tenía que haber sido así. Hemos perdido por completo la sensibilidad que tenía la Edad Media con su horror al deicidio. Tenemos que sacudirnos el polvo de la costumbre y dejarnos imbuir de lo terrible que debió ser aquello. ¡Qué corazones tan endurecidos! ¡Qué aceptación tan miserable!" (El Señor, 141-142).
Nos parece normal que el Señor viniera a los suyos y los suyos no le recibieran. Pero Israel pudo haber acogido el mensaje del Señor. De esa posibilidad también hablan los profetas. Guardini en el libro que hoy estamos comentando refiere a Isaías, concretamente al pasaje de Is 11, 6-9 (Habitará el lobo con el cordero, etc.) y los versículos que le preceden. No sabemos lo que podría haber ocurrido si el mensaje del Señor hubiese sido acogido y el Reino se hubiera establecido. La Redención se hubiese dado pero quizás no en la forma como se dio. Guardini subraya que en los inicios de la predicación de Jesús nada estaba determinado. Al comienzo todo es promesa y esperanza en el mensaje y en la persona de Jesús. Los primeros capítulos de los Evangelios no determinan ni predicen el desenlace final de la cruz. La llegada del Reino puede darse si el hombre, el pueblo, las autoridades, etc., acogen su mensaje de salvación. En las palabras y hechos de Jesús esto se trasluce. Escribe Guardini "¡Quién hubiera podido ver al Señor en aquel tiempo de plenitud recién estrenada! ¡Qué debió de ocurrir cuando Jesús ofreció a los hombres ese acervo de santidad! ¡Cómo debió de tocar su corazón..., cómo tuvo que susurrarles al oído..., cómo debió atraerlos y arrastrarlos tras de sí!" (El Señor, 77)

Pero progresivamente Jesús de Nazareth va constatando la incomprensión, el rechazo y el endurecimiento del corazón de quienes le escuchan e incluso de lo más cercanos. Hasta que decide subir a Jerusalén, muy consciente de lo que allí debería suceder. Pero, recordemos, la historia podría haber sido otra.  La estructura del volumen El Señor sobre el que hoy nos estamos deteniendo viene determinada por esta idea.  Una primera parte sobre el misterio de la encarnación e infancia del Señor. La segunda parte sobre el inicio de la predicación, cuando todo era aún promesa. La tercera parte titulada LA DECISIÓN, donde el pueblo que debería acoger el mensaje del Reino lo rechaza. La cuarta lleva el nombre de CAMINO DE JERUSALÉN. Aquí la suerte está ya echada.  Véase el inicio de la cuarta parte donde se hace un repaso del camino seguido hasta el momento y donde nuestro autor deja muy clara está idea (Cfr. El Señor, 273). O mejor aún, el capítulo titulado VOLUNTAD Y DECISIÓN (Cfr. El Señor, 260 y siguientes).

El Cristo de Velázquez
De todo lo expuesto podemos deducir algunas ideas que nos pueden ayudar en la comprensión y vivencia del cristianismo. El rechazo del Reino ha hecho que su presencia en el mundo siga siendo una promesa, una esperanza que nunca llega a realizarse plenamente. El Reino, según palabras de Guardini "Quedó por así decir, como en suspenso, y siempre estará por llegar. Tiende continuamente hacia su llegada. Y a veces, llega; quizá en un persona individual, o bien en una pequeña comunidad, o incluso con mayor amplitud. Pero sólo por poco tiempo. Y una vez más, se esfuma" (El Señor,76).

Pero sobre todo debemos meditar en qué medida hemos acogido cada uno de nosotros el mensaje del Evangelio. En nuestra persona también están abiertas ambas posibilidades.  Como escribe Guardini, "A partir de ahora, la posibilidad  de que llegue y el grado de penetración que se le consiente dependerán de las decisiones de cada individuo, de cada pequeña comunidad y de cada época de la historia" (El Señor, 264).  Debemos, pues, estar atentos, pues conociendo nuestro pecado, nuestra debilidad, la naturaleza misma del hombre y su historia "Tenemos, pues, motivos sobrados para temer que pueda repetirse entre nosotros lo que sucedió entonces, el segundo pecado original, o sea, que nos cerremos ante Dios" (El Señor,143).

viernes, 21 de marzo de 2014

El comienzo de todas las cosas

El comienzo de todas las cosas. Meditaciones sobre Génesis, capítulos 1-3 es el título de una nueva publicación de Romano Guardini en ediciones Desclée De Brouewer. Con este volumen la citada editorial ha reeditado ya en castellano cuatro obras que desde los años sesenta no se habían vuelto a publicar en castellano, por lo menos, en territorio español. Se puede consultar los datos de esta edición en la web de la editorial. El año pasado Desclée De Brouewer nos sorprendió con La conversión de Aurelio Agustín. A esta obra precedieron dos breves opúsculos: El Rosario de Nuestra Señora y El Viacrucis de nuestro Señor y Salvador.

Conocía esta obra en una edición de Cristiandad de 1965. He decir que siempre  me ha gustado y he citado el texto en algunas publicaciones científicas. Además de poder experimentar como se adentra Guardini en el sentido profundo del texto sagrado, estas meditaciones son valiosas para ver, una vez más, la importancia del concepto de creación en la obra de Guardini. Aunque tienen un carácter exegético y teológico, no se deja de confrontar una y otra vez las ideas del  Génesis con la propuesta de la Modernidad y las consecuencias que ello conlleva.

La verdad es que no quería hacer ni un resumen ni un comentario de la obra. Tan sólo expresar mi alegría y dar noticia de la aparición de esta nueva edición de una obra de Guardini. Termino con un texto, extraído de mi edición de 1965 y que quizás abra el apetito a quienes todavía no conozcan la obra: 
 "Si queremos acercarnos a la verdad de que Dios ha creado, debemos hacerlo pensando: Dios me ha creado; ha creado el mundo, y a mí en el mundo. Debo ponerme ante la irradiación de la voluntad divina; debo adentrarme por ella, hasta aquello último e íntimo: que Dios tiene intención sobre mí. Y hacerlo con todo silencio; una vez y otra, hasta que Dios quizá conceda un día darme cuenta de la dichosa verdad de que yo existo por su voluntad. Quizá me conceda incluso sentir su mirada, que descansa sobre mí, y alegrarme con la certidumbre de que vivo de esa mirada."  (El principio de las cosas en Meditaciones teológicas, Cristiandad Madrid, 1965, 26).

lunes, 3 de febrero de 2014

Creación y Modernidad

Sigue resultándome curioso que siendo el fundamento de todo cuanto existe y el origen de mi persona,  la creación sea obviada y ejerceza una influencia nula incluso en quienes decimos creer en ella. Cuando contemplo un paisaje o la diversidad y complejidad del mundo vegetal y animal veo a la NATURALEZA y no surge en mí el pensamiento de que estoy frente a una obra creada por Dios: 
"Usualmente la imagen del mundo y el sentimento respecto del mundo son en el creyente de la misma naturaleza que en el no creyente. Por término medio el creyente piensa también al mundo como naturaleza fundada en sí. Acepta, desde luego, el pensamqiento de la creación, pero en la forma en que se acepta un escrito supraestructural, que no va a lo profundo, o en la forma de un sentimiento marginal que no es operante sustancialmente " (Ética. Lecciones en la universidad de Munich, BAC, 2000, 855).  
Adan y Eva en el Paraiso en la película Mary'sland
Me pregunto si habrá algún método para invertir esta tendencia y hacer de la creación un idea operante. Por lo pronto, puedo intentar comprender cómo he llegado hasta aquí. Y en esto tiene que mucho que ver la cultura y la Edad Moderna. Si contemplamos los últimos doscientos años en lo que a filosofía se refiere, constataremos que la autonomía del hombre ha sido exaltada hasta el punto de convertirlo en un Dios, en un yo absoluto. Autonomía significa que el hombre descansa en sí mismo, se explica desde sí mismo y no desde otro. "Para el pensamiento de la Edad Moderna, un acto de conocimiento, un juicio moral se convierten en realmente válidos por el hecho de descansar en la autonomía del sujeto" (Mundo y persona, Encuentro, Madrid, 2000, 17). Esto signifca que el sujeto no opta o reconoce la verdad ni se decide por el bien, sino que  funda él mismo, desde su parecer, lo bueno y lo verdadero. Pero también la Edad Moderna ha dicho lo contrario, es decir, que el hombre ha sido reducido a un elemento más de la naturaleza, un mamífero altamente evolucionado. Se dice "La verdad es que yo procedo de la Naturaleza, como la planta y el animal; igual que éstos, vuelvo a desaparecer dentro de la Naturaleza; y no hay más" (El principio de las cosas, en Meditaciones teológicas, Cristiandad, Madrid, 1965, 27). En estas ideas se mueve la cultura actual, heredera de la Modernidad en muchos aspectos, y en éstas y desde ellas posiblemente me muevo yo.
Si quiero hacer de la creación algo viviente en mí debo de algún modo superar estas categorías.

La creación de Adán en la película Mary'sland
En primer lugar entendiendo que la pretendía autonomía de la Modernidad es un espejismo y que lo que realmente define al hombre es la menesterosidad y la dependencia de Dios. La Modernidad afirmará que precisamente la presencia de Dios, del Otro, me limita a mí, me amenaza, me anula, en la medida que me dicta, me norma, me obliga a un comportamiento determinado. En Mundo y persona (páginas de la 31 a la 37) como también en otros escritos Guardini afronta este problema. Para nuestro autor Dios no es otro en el sentido que lo puede ser cualquiera otra persona. Frente a mi amigo, mi mujer o mis hijos me encuentro con otros de modo muy distinto que frente a Dios. Significa cosa distinta el término "otro". Porque frente a Dios me encuentro en una relación de dependencia en el ser, es decir, ese otro es el que me hace existir, me hace ser y no anula mi yo sino que lo posibilita. Dice Guardini: "Dios o el hombre: Él o yo. Si alguien piensa así, es que en él actua una idea falsa: que Dios es Otro; el gran Otro que oprime al hombre. Pero no es precisamente Otro, sino Aquel que ha hecho que yo exista, que sea yo mismo, real, auténticamente y sin envidias" (El principio de las cosas, 27). Por ello, yo alcanzaré mi mayor plenitud en la medida que esté cerca de Dios. 

En segundo lugar debo superar la idea de que soy meramente un animal. Ya lo comentamos la semana  pasada. Dios me crea de modo distinto que al resto de las cosas. Dios me hace persona y eso significa que me pone en su presencia como un tú con el que dialogar. Dios me llama a la existencia de modo único y personal. El relato del Genesis es muy claro al respecto al afirmar que sólo al hombre le hace a su imagen y semejanza y pone delante de él a toda la creación y le confía su cuidado. 


La compresión pues, de las categorías en las que se mueve la modernidad junto con aquellas que parecen contrarestarla me pueden ayudar. Pero en definitiva hay que incluir aquí un elemento esencial: la oración. La fe se hace vida en la acción y pero muy especialmente en la oración. Orar o no orar no es un accidente en la vida cristiana sino algo realmente esencial. La creaturalidad no es algo con lo que se debe asentir sino algo que se debe vivir. Y ese tránsito de lo intelectual a lo vivencial se da en la oración. Nuestro autor dice en relación a lo oración lo siguiente: 
"Por lo demás, debe saber el hombre que aquí está en juego algo muy serio. No debe ser indeciso para poner en práctica lo que de él requiere el deber y la necesidad; ni debe vacilar en exigírselo enérgicamente a sí mismo si esta práctica se le presenta dificultosa. Sin oración se marchita la fe y se atrofia la vida religiosa. Así como no se puede vivir sin respirar, no se puede ser cristiano, a la larga, sin rezar" (Introducción a la vida de oración, Palabra, Madrid, 2002, 31-32).