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domingo, 6 de octubre de 2013

La ascesis (VI) como dominio y defensa de la técnica

Quisiera terminar como empezamos esta serie de entradas hablando de la necesidad de la ascesis en el ámbito de la técnica. Queda lejos y desterrado el mito del eterno progreso que pareció impulsar el avance de la ciencia en siglos pasados. Hoy sabemos "(...) que la técnica en su conjunto supone tanta amenaza como seguridad proporciona, que causa tanto prejuicio como provecho; y surge la preocupación de que todo ello pueda provocar una catástrofe para la existencia humana" (Ética. Lecciones en la universidad de Munich, BAC, Madrid, 2000, 309). En otros libros (Cartas del lago de Como, Dinor, San Sebastián, 1957) Guardini hace una reflexión general sobre la oportunidad que la ciencia nos proporciona en la medida que la humanicemos. Pero nosotros concretaremos aquí el tema y lo aterrizaremos al ámbito individual y personal, es decir, en "(...) el peligro de que la actividad tecnológica que nos rodea por doquier nos agreda a nosotros mismos y llegue a destruir lo más importante que tenemos: la libertad, la interioridad y la fuerza de la persona" (Ética. Lecciones en la universidad de Munich, 309).

Uno de los elementos propios de la tecnología es la inmediatez que ha provocado que la vida humana se desarrolle a gran velocidad. Realizar multitud de tareas en tiempos extremadamente cortos aumenta nuestra capacidad de trabajo y provoca cierto atractivo y hasta seducción. Sin darnos cuenta, podemos eliminar de nuestra vida espacios de reposo sin el cual la velocidad a la cual viajamos nos puede hacer perder fácilmente el rumbo o sentido. De nuevo tenemos delante un "contraste": movimiento y reposo. "Ahora bien, el reposo no es sólamente ausencia de movimiento, sino algo en sí mismo, el otro polo del elemento temporal. El conjunto solo está completo con el movimiento y el reposo. Sin reposo no hay nada esencial: ni conocimiento, ni asimilación de la obra de arte, ni relación con otra persona...." (Ética. Lecciones en la universidad de Munich, 309). Lograr ese equilibro entre movimiento y reposo en un mundo donde todos tienen prisa y los eventos se suceden a velocidades vertiginososas es un verdadero ejercicio ascético.

Guardini alude al ruido sobre el que no nos vamos a detener, pero también habla de otro elemento propio de la cultura tecnológica contemporánea: "Otro de los grandes peligros de la técnica es la agresión constante de estímulos". Además añade: "Nos llegan nuevas impresiones sin cesar. Estas impresiones vienen preparadas de forma cada vez más hábil, más refinada, más estimulante." (Ética. Lecciones en la universidad de Munich, 309). Y podríamos preguntarnos dónde se encuentra el peligro en todo ello. Quizás no nos damos cuenta pero la excesiva publicidad y sobreestimulación a la que estamos sometidos ha deteriorado enormemente nuestra capacidad de contemplación. Urge recuperar la mirada capaz de entender una obra de arte o extarsiarse ante un amanecer, porque nuestros sentidos están perdiendo sensibilidad ante los contenidos de la televisión y la pantalla del móvil.
 "(...) la capacidad de ver se ha deteriorado. (...) Y la consecuencia es que los sentidos -es decir, los órganos con los que el hombre capta el mundo- se gastan. Con todo este ver, el hombre no acumla más conocimiento del mundo, sino que lo pierde. Se le viene encima un alud de impresiones fragmentarias, y disminuye lo que de verdad importa, la interiorización del mundo con toda su carga de sentidos auténticos, con su grandeza y su fuerza, su profundidad. Todo se difumina." (Ética. Lecciones en la universidad de Munich, 312). 
Educar de nuevo la mirada y los sentidos en un entorno saturado de impresionanes es un ejercicio de verdadera ascésis. Como lo es también luchar contra la uniformidad en el decir y en el pensar, es decir, luchar contra lo políticamente correcto. La sociedad tecnológica ha generado a través de los medios de  comunicación y sin ella quererlo un tipo de hombre: "Al final tenemos ante nosotros al hombre de la masa, y además en la peor de sus versiones: la de la masa entregada." (Ética. Lecciones en la universidad de Munich, 313). ¿No es cierto lo que acabamos de leer? Es un hombre entregado al pensamiento único y a  la dictadura del relativismo. Contra ello Guardini nos invitaría al ejercicio de la ascesis: 
"Yo tengo que  aprender a hacer, no algo diferente, sino lo que debo hacer; a pensar no algo diferente, sino la verdad. En este caso, por tanto, la ascesis significa ejercitarse en el coraje de ser uno conseucnete con uno mismo; de pensar por uno mismo, de formarse uno us propia opinión; de mirar con los propios ojos; de hacerse su propio entorno con el propio esfuerzo. No es nada fácil, ni resulta cómodo. Significa buscar el centro de uno mismo y desde él salir al encuentro del mundo, matenerse fiel a uno mismo, aguantar las contradicciones. Todo esto cuesta trabajo y exige ánimo". (Ética. Lecciones en la universidad de Munich, 313).
Hemos hablado de los peligros que puede entrañar la cultura tecnológica contemporanea y no de la maldad de la tecnología porque de suyo no la entraña. Pero un uso inadecuado, como viene confirmándo la histora, entraña una serie de peligros que exigen del hombre  un ejercicio ascético para dominarse a sí mismo y desde ahí a la tecnología. Termino con Guardini: "Habría aún que decir al respecto, pero pienso que todos estaremos de acuerdo en que se trata de algo importante, tan importante, que si el hombre no aprende a hacerlo, sencillamente estará perdido." (Ética. Lecciones en la universidad de Munich, 313).






lunes, 23 de septiembre de 2013

La ascesis (V): lo más alto no se da sin lo más bajo

Frecuentemente en mis clases cuando abordo el tema de la libertad suelo decir a mis alumnos lo siguiente: el animal no puede no querer aquello que apetece. Es decir, en el mundo de los animales la voluntad se reduce a las apetencias. Querer y apetecer se identifican. En el ámbito humano no sudece así: puede apetecerme comer ahora pero decido y quiero no hacerlo porque no es ni el momento, estoy asistiendo a una clase, ni tampoco el lugar, me encuentro en un aula de la universidad. Cuando un animal tiene hambre y se le ofrece comida no puede no comer hasta saciarse; cuando un ser humano maduro y responsable tiene hambre y se le ofrece comida puede perfectamente rechazarla por diversos motivos: se encuentra a dieta o no es el momento ni el lugar como antes señalábamos. Querer y apetecer en el ser humano no se identifican. La renuncia a las satisfacción de los apetitos, no para reprimirlos, pero sí para darles un orden, sentido y mesura es otro de los nombres que recibe la ascesis: "La forma más simple de la ascésis es la renuncia" (Ética. Lecciones en la universidad de Munich, BAC, Madrid, 2000, 307).

Los apetitos, es decir, las tendencias a la realización de algo pueden tener diversa naturaleza. Pueden estar ligadas plenamente al ámbito  sensible, como en el ejemplo anterior, pero pueden tener su raíz en otra clase de pasiones: así puede apetecer apropiarnos de lo ajeno o desear un mal al prójimo. También en estas situaciones la voluntad humana puede rechazar y renunciar a sastifacer aquello a lo que en un primer lugar se tiende.

Todo lo anterior es de todos conocido y en este sentido el pensamiento de Guardini no aporta ninguna novedad. Donde quizás sí nos sorprenda es en el siguiente elemento, del que quizás tenemos noticia, pero sobre el cual en pocas ocasiones se piensa. Guardini afirma que la energía vital en el hombre se da en tres niveles: biológico (instintos), psicológico (pasiones) y espiritual (ansia de conocer, crear, amar, etc). Nuestro autor subraya que la energía empleada en un nivel va en menoscabo de los otros. Así, quien viva volcado en los instintos o pasiones no tendrá fuerza para dar respuesta a las tendencias espirituales, y viceversa, entregarse enérgicamente al mundo del espíritu supone dejar de alimentar la esfera biológica o psíquica tal como la hemos descrito antes. Con palabras de Guardini: 
"La persona que quiere crecer, alcanzar redimientos superiores y una forma de existencia más noble, renuncia a la satisfacción inmediata con el fin de ahorrar energías en lo inferior y poder orientarlas hacia lo más elevado. (....) Es un fenómeno conocido por la sabiduría de todos los tiempos: no puedes tenerlo todo; tienes que elegir; puedes alcanzar lo más elevado si renuncias -en una medida que la experiencia y la prudencia enseñan- a lo de más abajo. La vida del hombre que vive dignamente está plagada de estos fenómenos de transposición a niveles más altos. Lógicamente, en este aspecto pueden darse también casos enfermizos; podemos encontrarnos con conciencias para las que la vida no consista más que en deberes, rendimientos y espíritu. Se necesita por tanto, mesura, prudencia. En esto consiste, precisamente, buena parte de lo que llamamos sabiduría." (Ética. Lecciones en la universidad de Munich, 315).
Subraya Guardini la prudencia y medida con la que se ha de realizar este travase de  niveles. Esto me ha hecho recordar un texto que frecuentemente uso en mis clases. De alguna manera alcanzar lo más alto no se puede dar sin renunciar a lo más bajo, pero también hay que tener en cuenta, como decía C.S. Lewis en su libro Los cuatro amores (Rialp, Madrid, 2005) que lo más alto no se puede dar sin lo más bajo aunque sirva tan sólo de mero apoyo o sostén. Y así, antes de abordar el afecto, la amistad, el amor erótico y la Caridad inicia su libro con un capítulo dedicado al placer (gustos y amores por lo sub-humano).

lunes, 16 de septiembre de 2013

Ascetismo (IV) como superación

De nuevo nos enfrentamos a las páginas de la Ética. Lecciones en la Universidad de Munich (BAC, Madrid, 2000) para ilustrar un tema del pensamiento de Guardini: la ascética. ¿Qué nos dicen las páginas de este libro? Evidentemente nuestro autor aborda la cuestión ascética de una manera más amplia y profunda que en la obra Una ética para nuestro tiempo (Cristiandad, Madrid, 2002). Por ejemplo, inicia sus reflexiones distinguiendo lo que no es la ascesis, confrontándola con el budismo, con doctrinas dualistas que desprecían la materia, con el rigorismo calvinista, etc., afirmando que cuanto él entiende por ascetismo no tiene nada que ver con estas corrientes filosófico religiosas. 
Guardini habla de ascetismo a partir de la experiencia ética y la primera acepción del término con la que se identifica es con la de superación. El hombre no realiza el bien de manera natural o espontánea. Puede ser que perciba y entienda aquello que moralmente debe ser realizado. Pero la realización misma de lo bueno es otra cosa. Así pues, la ascesis se encuentra situada en el marco de la realización moral que habitualmente tiene que afrontar una serie de dificultades externas, pero que sobre todo tiene que luchar con ciertas reticencias internas. Nuestro autor lo explica así:
"La realización del bien no se encuentra sólo con dificultades externas a la hora de ser llevada a cabo, como le sucede a toda tarea en cuestiones materiales y de circunstancias, sino también reticencias internas. La naturaleza del hombre es de índole que no sólo no siempre se presta de buen grado a la realización ética, sino que también se resiste; aún cuando sabe que sólo lográndola se cumple el sentido existencial. Entonces el ejercicio se intensifica para convertirse en superación." (Ética. Lecciones en la Universidad, 304).
Ahora bien, esta idea de luchar contra uno mismo es algo que la cultura occidental ha rechazado desde la Modernidad. Como ya hemos explicado alguna vez en este blog, el hombre moderno cree ser fruto de la evolución natural, aún en su dimensión espiritual, y la naturaleza está en orden y lo que procede de ella también. Por ello, la autorealización personal se entiende como una lucha contra las adversidades pero no como una conquista del propio ser personal. Para el hombre moderno "(...) su ser no va a oponerle resistencia alguna. Si éstas se dan, vienen de fuera, de circunstancias adversas propias de la situación histórica o individual, de instituciones sociales o económicas erróneas, de una educación fallida, etc." (Ética. Lecciones en la Universidad, 305). Tal es el optimismo radical que caracteriza ciertos autores de la Edad Moderna. Al hombre, en el que no hay maldad, "Sólo hace falta iluminarle debidamente, guiarle, influirle con ejemplos y buenas instituciones. Entonces todo marcha bien" (Ética. Lecciones en la Universidad, 305).

También reconoce nuestro autor que en la Edad Moderna surge como contrapeso a la corriente anterior una visión pesimista del hombre que se encarna en el escepticismo de los siglos XVII y XVIII y que niega un orden o sentido al mundo natural y a la existencia humana dentro de él. Este modo de pensar derivará más tarde, en los siglos XIX y XX, en filosofías como la de Schopenhauer o Nietzsche y en el existencialismo francés. Pero tanto el ingenuo optimismo como el trágico pesimismo que caracterizan la Modernidad son la cara de una misma moneda: la reducción del mundo a una fórmula, a un aspecto, o es bueno o es malo,  con la consiguiente incapacidad para distinguir entre ambos. 

Lo que sucede en el hombre es una lucha interior, porque si bien "En él existe, además del cuerpo, el espíritu; y el espíritu, como persona está llamado por Dios", también es verdad  que está enfrentado a la divinidad "(...) que una vez eligió el mal decididamente, y lo sigue eligiendo constantemente.  Por eso ha llegado a un grado -o profundiza cada vez más en él- que no acepta sin más la exigencia del bien conocido, sino que también se comporta ante él con pasividad, e incluso le opone resistencia" (Ética. Lecciones en la Universidad, 306).

Esta verdad, que el hombre está llamado desde la trascendencia al bien pero se opuso y se opone constantemente a él, no puede ser obviada en el ámbito de una tarea ética. Es la raíz y explicación de por qué hay una distancia entre el conocimiento del bien  y realización efectiva. "Si no quiere moverse en el vacío, la ética tiene que contar con estos hechos. La realización que el bien exige, el paso del conocimiento a la acción, a  la actitud, al ser, ha de imponerse no sólo contra la pasividad de una materia, sino frente a la resistencia de una falta de voluntad o incluso de una voluntad en contrario. Aquí interviene lo que nosotros llamamos ascesis" (Ética. Lecciones en la Universidad, 306). Hasta aquí la noción de ascesis como superación. La semana que viene abordaremos la ascesis como renuncia.



lunes, 9 de septiembre de 2013

Ascetismo III: predisponerse a Dios

Existe un ámbito del que todavía no hemos hablado y que está íntimamente relacionado con la ascética. Me refiero a la cuestión religiosa. Una primera aplicación de la ascética a lo religioso nos podría hacer pensar que la cercanía o lejanía de Dios en relación al hombre depende de las fuerzas o del empeño que éste ponga. En este sentido, el ejercicio ascético sería un cierto voluntarismo que llevaría al hombre con sus propias fuerzas hasta el umbral de Dios.

Sin embargo,  creo (es una opinión personal) que esta no es la adecuada interpretación que debemos hacer del papel de la ascética en el ámbito de Dios. Más bien, la ascética ayuda a acercarse a Dios en la medida que ordena al hombre y lo predispone a la acción divina. En la medida que quita obstáculos, disipa brumas, abre el corazón y la inteligencia a la fuerza de la gracia y a la luz de la fe. Es Dios quien actúa si le dejamos. En este "si le dejamos" creo que reside el papel de la ascética cristiana. 

Cuanto hemos dicho se podría deducir del siguiente texto de Guardini y que se encuentra al final del capítulo dedicado a este tema del libro Una ética para nuestro tiempo (Cristiandad, Madrid, 2000) que venimos comentando: 
 "El hombre no es llevado a Dios con la violencia. Si no se educa a sí mismo para ello; si no se toma tiempo para la oración, por la mañana y por la noche; si no convierte la fiesta del Señor en una ocasión importante; si no tiene a mano ningún libro que le muestre algo de la anchura, la longitud y la altura y al profundidad de las cosas de Dios (Ef 3, 18), entonces la vida se le escapa constantemente a uno fluyendo por encima de las quedas amonestaciones que llegan desde dentro. Quien es así, cuando ha de estar ante Dios, se aburre y todo le parece vacío (...) Para sentirse en casa ante Dios, de modo que uno trate con él a gusto y con sensación de presencia plena, hace falta también ejercicio -como en todo asunto serio-. Debe hacerse de modo voluntario y con autosuperación, una y otra vez, y entonces, como gracia, se recibe el regalo de la sagrada cercanía." (Una ética para nuestro tiempo, 224).
Con estos comentarios termina Guardini prácticamente sus reflexiones en este libro sobre la ascesis. Empezó criticando la visión equivocada y oscurantista que la Modernidad nos presenta del termino para conducirnos a un noción del término como elemento indiscutible de una vida que quiera alcanzar su plenitud:
 "Así, hemos de aprender a considerar el ascetismo como elemento de toda vida bien vivida. Haremos bien en ejercitarnos en ello, tal como, en obsequio a la mesura, se ponen límites a un impulso; tal como se deja lo menos importante, aunque sea atractivo, para hacer lo más importante; tal como uno se domina a sí mismo para adquirir libertad espiritual..." (Una ética para nuestro tiempo, 224-225).
 Sin embargo el tema de la ascesis es abordado por Guairdini en otros libros. Recordemos que se introdujo en nuestro blog con motivo de nuestras reflexiones sobre la técnica y la necesidad que tiene el hombre de hoy de tener un dominio sobre sí mismo para ejercer un dominio responsable sobre el mundo de la técnica. En este sentido la semana que viene continuaremos hablando de este tema a partir de lo que se expone en la  Ética . Lecciones en la Universidad de Munich, BAC, Madrid, 2000, 300-315.

lunes, 2 de septiembre de 2013

Ascetismo II: año y medio de blog y siete de matrimonio

Mi querido amigo Álvaro Abellán celebra estos días el primer aniversario de su blog Dialogical Creativity. Blog más que recomendable para todos aquellos interesados en la filosofía dialógica y en el pensamiento creativo de Don Alfonso López Quintas en cuya estela podemos situar a mi querido amigo, colega y ex-alumno Álvaro. Este aniversario ha hecho que saque de la carpeta de  borradores esta entrada, que pensé editar el pasado mes de abril pero que no sé porque razón no llegué a redactar y publicar. A la vuelta de vacaciones, después de un mes de inactividad bloggera, quisiera recordar a todos los que siguen este blog que llevamos más de sesenta entradas en alrededor de año y medio y que esperamos mantener esta ventana abierta mucho tiempo.

Y quisiera retomar nuestro discurso donde lo dejamos: en el ascetismo. Decíamos hace un mes que era necesario para ordenar todas las tendencias sensibles de modo que éstas sirvieran a la construcción y perfeccionamiento de la persona humana. Pero éste no es el único ámbito donde debe aplicarse el ascetismo. Hay que ordenar también otras áreas de la vida personal, por ejemplo, los valores. También habla Guardini que el ascetismo juega un papel relevante en el orden que debe reinar en las tendencias espirituales ya que éstas son decisivas en la construcción de la propia personalidad: 
"Así, existe el impulso de adquirir influencia, prestigio y poder en todas su formas. Hay tendencia a la sociedad y la comunidad, a la libertad y la educación. Hay tendencia al saber y a la actividad artística, y así sucesivamente. Como se ha dicho, todas las tendencias tienen su importancia como impulsos que sustentan la afirmación propia del hombre y su despliegue propio; pero también tienen la tendencia a la desmesura, a poner la vida propia fuera de relación con la de los demás hombres, actuando así de modo intranquilizador o destructivo. 
Así se hace también necesaria una constante autodisciplina, cuyos puntos de vista están determinados por la doctrina moral y la sabiduría vital, y esa disciplina se llama ascetismo" (Una ética para nuestro tiempo, Ediciones Cristiandad,  Madrid, 2002, 219).
También las relaciones humanas necesitan de algún modo someterse a un orden. Sobre todo porque algunas de ellas implican una responsabilidad grave con el otro. Ya no sólo hablamos de la misma paternidad o maternidad, donde uno renuncia constantemente en favor del otro u otros alcanzando de este mismo modo su propia plenitud personal. El mismo matrimonio, que trae Guardini a modo de ejemplo, también es manifiestación de ello. Guardini lo explica así: 
"En realidad, el auténtico matrimonio es estar unidos en la existencia; es ayuda y fidelidad. Matrimonio significa que uno lleva las cargas del otro, como dice San Pablo (Gál 6,2). Así que sobre él debe velar la responsabilidad nacida del espíritu. Una vez y otra debe uno aceptar al otro como el que es; debe renunciar a lo que no puede ser. Debe prescindir de las embusteras imágenes de cine que destruyen la realidad del matrimonio y saber que tras el encuentro mutuo del primer amor empieza la tarea de veras. Que el auténtico matrimonio, pues, sólo puede existir por autodisciplina y superación. Entonces se hace auténtico, capaz de producir vida y entregar vida al mundo." (Una ética para nuestro tiempo, 221).
Quienes vivimos la realidad matrimonial sabemos de la profunda de verdad de estas palabras. Hoy, hace siete años, inicié con mi mujer ese camino. Damos gracias a Dios por los cuatro hijos que nos ha dado y el quinto que está en camino. A ellos, que no me han dejado tiempo este verano para escribir en el blog, y sobre todo a mi mujer, Patricia, va dedicada esta entrada.

lunes, 29 de julio de 2013

Guardini: ascetismo y plenitud de vida humana

Una ética del poder, es decir, un recto uso y dominio de las posibilidades técnicas que nos ofrece el avance científico, presupone antes el dominio del hombre sobre sí mismo. Dominar las cosas rectamente exige antes dominarse humanamente. Para ello, decía Guardini en un texto que citamos la semana pasada, el hombre debe volver a la ascésis. Y este el tema que quisiera abordar hoy. Vuelvo, por ello,  a retomar un libro al que le hemos dedicado varias entradas en este blog: Una ética para nuestro tiempo, Ediciones Cristiandad,  Madrid, 2002. Allí aparece un capítulo dedicado al ascetismo que será el hilo conductor de nuestras reflexiones. 

Lo primero que debemos afrontar es la mala fama que arrastra el término desde hace siglos. Ascetismo parece evocar una perspectiva vital oscurantista, enemiga de la vida y del mundo. Dice Guardini:  "Hubo un tiempo en que se hablaba no sólo con aversión, sino con irritación, sobre todo lo que se llama ascetismo, como si se tratara no sólo de algo torcido, sino innatural y perjudicial" (Una ética para nuestro tiempo,213).  Pero este modo de considerarla procedía de una visión vitalista, en el sentido más nietzcheano del término, y con ello  de "(...) un falso concepto de la vida; dicho con más exactitud, del modo como crece y se hace fecunda." (Una ética para nuestro tiempo, 214).  Efectivamente, no sólo desde un punto de vista popular, sino también como contenido de la filosofía de algunos de los autores más relevantes del siglo XIX y XX, el desarrollo de la vida humana debería asemejarse al modo como alcanzan su plenitud vital los animales. ¿Cuál es ese modo? El animal sigue y da cumplimiento a sus tendencias. La vida humana alcanzaría su punto álgido en la medida que quedaran satisfechas, como en el mundo animal, sus tendencias sensibles muchas de ellas de carácter instintivo. Sin embargo, en el hombre este tipo de tendencias tienen otro dinamismo y juegan un papel parecido pero distinto. La presencia del espíritu las transforma, no en el sentido que las elimina, todo lo contrario, al caer los instintos bajo el dominio del espíritu pueden quedar potenciados perdiendo el orden, sentido y mesura que encontramos en el mundo animal. De este modo: 
"Ningún animal sigue la tendencia a la alimentación de la misma manera que el hombre, que convierte el placer en objetivo por sí mismo y se daña a sí propio. En ningún animal alcanza la tendencia sexual una desmesura y arbitrariedad como en el hombre, que se deja arrastrar por ella a la destrucción de la vida y el honor. Ningún animal tiene tal gusto por matar como el hombre, cuyo belicismo no tiene ninguna auténtica correspondencia en el reino animal." (Una ética para nuestro tiempo, 215).
Las tendencias sensibles en el hombre quedan potenciadas pero sin el orden que le impone la naturaleza de la propia vida animal donde están arraigadas. Precisamente porque quedan desprotegidas el hombre puede también ordenarlas bajo el imperio político del espíritu. Estas tendencias no están llamadas a agotar la vida del hombre, sino a conducirle a su plenitud vital como hombre, como vida humana y personal y no meramente animal. Quedan perfeccionadas por el espíritu que las eleva y conduce a cotas que jamás alcanzarían por sí solas en la naturaleza meramente salvaje de las que proceden. Así el instinto sexual se transforma en amor esponsal, la alimentación en un modo de compartir los propios bienes y en un encuentro personal, etc. Desde esta perspectiva es donde debemos indagar el significado y sentido del ascetismo . Guardini dice: "Ascetismo, en cambio, significa que el hombre se decida a existir como hombre. De ahí surge para él una necesidad que no existe en el mundo animal,a saber: mantener sus tendencias en ordenación libremente querida y superar la propensión a la desmesura o a la mala realización (Una ética para nuestro tiempo, 217).  Ahora podemos entender también lo siguiente: 
"La motivación del auténtico ascetismo no reside en tal combate contra la vida de las tendencias, sino en la necesidad de ponerlas en el orden adecuado. Éste está determinado por lo más diversos puntos de vista: las exigencias de la salud, la atención a los demás hombres, las obligaciones respecto a la profesión y al trabajo. Cada día se presentan nuevas exigencias de mantenerse en orden a sí mismo, y eso es ascetismo. Esa palabra -del griego askesis- significa ejercicio, entrenamiento, ejercicio en la correcta orientación de la vida" (Una ética para nuestro tiempo, 218).
Cuanto hemos desarrollado sólo abarca el primer nivel de ascetismo. No solamente hay que ordenar tendencias sensibles. Existen también las tendencias espirituales y valores que exigen un orden que se alcanza ascéticamente. De ello hablaremos la próxima semana.