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martes, 20 de mayo de 2014

Romano Guardini y la bioética

Hace ya dos años, con motivo de la celebración de un congreso sobre Bioética en la Universidad Católica de Valencia San Vicente Mártir, escribimos sobre la posible relación entre el pensamiento de Romano Guardini y la bioética. Para aquel congreso preparé una comunicación sobre la que seguí trabajando durante algunos meses y envié a una revista para su posible publicación. Esta semana ha sido publicada por Cuardenos de bióetica, revista de referencia internacional en el ámbito de la bioética. El título del artículo es Bioética personalista en el pensamiento de Romano Guardini. El artículo es accesible en formato digital y aquí está el enlace. Aprovecho la ocasión para hacer un resumen del contenido. 

Desde dos puntos de vista el pensamiento de Romano Guardini puede servirnos como un fundamento para una posible bioética de carácter personalista. En primer lugar a partir de la crítica que hace a la Edad Moderna. Precisamente en ella se ponen los fundamentos que luego derivarán en los problemas y las cuestiones bioéticas que hoy debemos afrontar. En este sentido es muy válida la crítica que Guardini hace al poder y a la falta de una ética que no lo norme. Es conocido ya en este blog el siguiente texto: “El hombre de la Edad Moderna no está preparado para  el enorme incremento de su poder. Todavía no existe una ética del uso del poder bien elaborada y dotada de eficacia; menos aún una educación orientada a lo mismo, ni en las minorías ni en las masas” (El ocaso de la Edad Moderna  en Obras. Vol.1, Ediciones Cristiandad, Madrid, 1981, 100-101). La bioética es un intento de normar éticamente el incremento de poder la ciencia y la técnica han ofrecido al hombre en orden a generar una cultura plenamente humana y resolver los conflictos éticos que este incremento de poder puede generar.
 
En segundo lugar Guardini puede ofrecer argumentos para una fundamentación de una bioética personalista a partir de sus obras antropológicas, conferencias y ensayos. En el artículo que estoy comentando me detengo en una conferencia titulada "El derecho a la vida humana en gestación" que está publicada en el volumen Preocupación por el hombre, Cristiandad Madrid 1965, 161-194. Hay una nueva reedición de esta conferencia en el libro de Guardini Escritos Políticos, Palabra, Madrid, 2010. En ella queda muy clara la posición de Guardini en relación al aborto y vale la pena leerlo por lo que puede aportar al debate actual. De esa conferencia extraigo una cita con la que termino esta entrada:
"Hay algo en el ser humano que no puede tocarse, según su esencia: la supremacía de la persona viva. Puede haber importantes motivos que hablen a favor de que se haga así, incluso pueden resultar tan apremiantes que quien se oponga a ellos parece un doctrinario sin corazón. Y sin embargo: si se cede aquí, el final es la destrucción precisamente de aquello que debía salvarse." ("El derecho a la vida humana en gestación" en Preocupación por el hombre, 192).
 
 
 
 
 
 
 

lunes, 22 de julio de 2013

El hombre y la técnica III: una ética del poder


“El hombre de la Edad Moderna opina que todo incremento del poder constituye sin más un progreso, un aumento de seguridad, de utilidad de bienestar, de energía vital, de plenitud de valores. (...) Ahora bien, un análisis más riguroso pone de manifiesto que en el transcurso de la Edad Moderna el poder sobre lo existente, tanto cosas como hombres, crece ciertamente en proporciones cada vez más gigantescas, en tanto que el sentimiento de responsabilidad, la pureza de la conciencia, la fortaleza del carácter, no van en absoluto al compás de ese incremento; pone de manifiesto que el hombre moderno no está preparado para utilizar el poder con acierto; más aun que en gran medida incluso falta la conciencia del problema, o bien se limita a ciertos peligros externos, como los han hecho su aparición en la guerra y son discutidos por los medios de comunicación.” (El ocaso de la Edad Moderna, en Obras. Vol. 1, Ediciones Cristiandad, Madrid 1981,94)
El texto que acabamos de leer nos expone claramente el problema que hoy quisiéramos abordar. El hombre, lo vimos la semana pasada, está llamando al ejercicio del poder, pero no de una manera autónoma e independiente, sino en un marco de referencia ético que lo norme y que lo guíe, en definitiva, que lo humanice. Este marco ético falta en el ámbito de las ciencias émpíricas y de la técnica que de éstas surge. DE ahí que se identifique espontáneamente todo avance o posibilidad técnica y científica como progreso humano, lo cual es cuestionable. Pero lo más grave es que no hay conciencia del problema. Todo el mundo sueña y cree que sería capaz de usar el poder que le fuera otorgado de una manera correcta y ordenada. Sin embargo, el hombre moderno, no está preparado para ello. Es como un adolescente que ha heredado una inmensa fortuna. ¿Qué uso le dará?  Es un hecho que llama especialmente la atención, porque en otras épocas de la historia no fue así:
 “La Antigüedad era muy consciente de este peligro. Veía la grandeza del hombre; pero también sabía que éste es muy vulnerable en todo su poder, y que su existencia depende de que sepa conservar la mesura y el equilibro. Para Platón, el tirano, es decir, el poseedor del poder que no está ligado por la veneración de los dioses y el respeto a la ley, constituyen una figura de perdición. La Edad Moderna ha ido olvidado cada vez más este saber. Lo que ocurre en ella –el hecho de que se niegue toda norma que esté por encima del hombre, se considere el poder como autónomo, se determine su empleo únicamente por la ventaja política y la utilidad económica y técnica- es algo que carece de precedentes en la historia.” (El poder una interpretación teológica, en Obras. Vol.1 Ediciones Cristiandad, Madrid, 1981, 224).
 ¿Cómo  encauzar esta sitaución? Nuestro autor ofrece tres pautas. En primer lugar el hombre, ante todo, debe tener dominio de sí mismo para luego poder tener dominio sobre las cosas. Es decir, habría que retomar el camino de la ascética
 “(...) debemos volver a aprender que el dominio sobre el mundo presupone el domino sobre nosotros mismos; pues, ¿cómo podrán dominar los hombres la inmensa cantidad de poder de que disponen, y que aumenta constantemente, si no son capaces de formarse a sí mismos? ¿Cómo pueden tomar decisiones políticas o culturales, si fracasan continuamente con respecto a sí mismos? (...) La ascética significa que el hombre se domina a sí mismo. Para ello necesita conocer lo que en su propio interior es injusto, atacarlo de manera efectiva. Tiene que ordenar sus instintos físicos y espirituales, lo cual no es posible sin dominarse a sí mismo" (El poder una interpretación teológica, 255-256)
 En segundo lugar debemos volver a la metafísica, es decir, a una reflexión profunda sobre lo que son las cosas y el sentido que tienen en la existencia humana, para ejercer sobre ellas un uso adecuado y no un abuso desmesurado: “(...) debemos plantear de nuevo la pregunta elemental por la esencia de las cosas. Un examen superficial nos muestra ya que las tomamos de una manera esquemática, determinándolas por convenciones y manejándolas desde los superficiales puntos de vista de la ventaja, la comodidad o el ahorro de tiempo” (El poder una interpretación teológica, 255). Especialmente, esta reflexión metafísica hay que dirigirla sobre la persona misma: ¿qué es ser persona? ¿qué implicaciones tiene? ¿dónde se funda su dignidad? 

En tercer y último lugar debemos imitar la actitud de Dios en relación al poder. ¿Cómo se comporta el Todopoderoso en el ejercicio de su poder? ¿Qué actitud le carcteriza? La humilidad y el servicio. El poder para el cristiano es la posibilidad de servir más y mejor y no la ocasión de dominio y subyugación. El primero es siempre el último. Eso es lo que vemos en el hecho mismo de la Encarnación y en la vida de Jesús de Nazareth: “Si se examina la situación en la que Jesús vivió, la manera como se desarrolló su actividad y se configuro su destino, su forma de tratar con los hombres, el espíritu de sus actos, de sus palabras y de su actitud, se ve cómo el poder se presenta constantemente bajo la forma de la humildad" (El poder una interpretación teológica, 192).




 

miércoles, 8 de agosto de 2012

El enfermo protege al sano


Ya al final de Las edades de la vida (Ética. Lecciones en la Universidad de Munich, BAC, Madrid, 2000, Apartado Cuarto, Capítulo III, 441-490), Guardini comenta qué sentido y valor puede tener la vida de la persona enferma y qué puede aportar a la sociedad. Concretamente escribe:
“Henos aquí ante la cuestión radical de cuál es el significado del hombre enfermo, desvalido, incapacitado para trabajar, en el conjunto de la vida, etc. Si se lo considerase como algo negativo, como mero obstáculo o perjuicio, entonces la fórmula nacional socialista tendría razón. Pero no la lleva, pues la verdad es que el enfermo es, antes que nada y esencialmente, un hombre, un hombre en estado de enfermedad, y tiene derecho, sin limitación alguna, a todo lo que se debe a la persona. Y entonces –y esto nos interesa especialmente en este punto- se convierte en objeto de responsabilidad para los sanos, ya que nadie se basta por sí solo, sino que todos dependemos unos de otros. Es más, el enfermo es para el sano ocasión de una especial prueba.
Más aún, podemos decir que la persona que no puede valerse o no puede valerse del todo por sí misma, guarda al sano de un gran peligro: el egoísmo y la petulancia de la salud y de la fuerza” (Ética. Lecciones en la Universidad de Munich, 489).
La idea expresada en las últimas líneas siempre me ha llamado la atención. Y digo siempre porque la he encontrado en varios lugares.  En este momento me referiré a dos: en primer lugar a El derecho a la vida humana en gestación (en Preocupación por el hombre, Ediciones Guadarrama, Madrid, 1964, 161-194. Usaremos esta edición) y en segundo lugar al texto de la Ética. Con respecto a la conferencia El derecho a la vida humana en gestación (por cierto, acaba de publicarse una nueva traducción El derecho a la vida humana que está haciéndose en Escritos políticos, Palabra, Madrid, 2011, 143-172) al hablar de tarea y misión del médico dice:
“(…) Defiende el derecho del enfermo contra la brutalidad de los sanos. Y defiende el derecho del ser humano en gestación contra el egoísmo de los adultos; incluso el egoísmo debido a la necesidad. Ello implica una integridad apoyada en la clara visión de la esencia del hombre y la absoluta obligación respecto a su dignidad” (El derecho de la vida humana en gestación, cit., p.189).
En el mismo texto de la Ética. Lecciones en la universidad de Munich, encontramos al tratar de la persona el siguiente texto:
“Y no olvidemos tampoco los siguiente: que gracias a ella las instancias mismas del poder se encuentra protegidas de sí mismas, de las coacciones y de demonios de su propio ser. Sin el contrapeso de la personalidad de cada hombre y su inviolabilidad, las propias estructuras de poder se derrumbarían.  Bien mirado, los enfermos, los disminuidos, los desamparados son los protectores de los sanos, porque los preservan del orgullo exacerbado y de la barbarie, que se encuentran como posibilidad en el sano y fuerte” (Ética. Lecciones en la universidad de Munich, 165).
Guardini señala que el enfermo preserva al sano de la tentación de la soberbia, del poder despótico, del egoísmo en la que puede caer quien goza y disfruta de una salud enérgica que le proporciona fuerza y poder.  Romano Guardini  vivió lo que él denomina en sus escritos a “los doce años de barbarie”, es decir, los años en los que Alemania estuvo bajo el poder del nacional socialismo. Lo que pudo contemplar en aquellos años influyen decisivamente en las ideas que estamos comentando. De hecho, se refiere en ocasiones explícitamente a ello.
“Últimamente, en los Doce Años, se dio un paso atrás. El viejo se convirtió de nuevo en algo negativo. Una obtusa filosofía de la vida se alió con el utilitarismo colectivista para tratar de justificar aparentemente todos los instintos criminales de los que se hablaba. Y así de nuevo se mató a los ancianos (igual que a los incapacitados para trabajar y a los enfermos incurables)” (Ética. Lecciones en la universidad de Munich, 489).
Por ello, Guardini señala que el cuidado de los desvalidos y de los enfermos es la prueba de fuego para un individuo o una sociedad en relación a su madurez humana y al respeto de la persona. Y esto en todas las fases de la vida humana. Tanto al inicio
“(…) la auténtica madurez moral se decide en ver si, por el hecho de que el aspecto humano del embrión, disminuye cada vez más cuanto más atrás se mira, uno se siente llevado a no considerarle ya como ser humano, o si, por el contrario, uno protege su humanidad aún velada por la vigilancia de la conciencia” (El derecho de la vida humana en gestación, 189).
Como en cualquier otra etapa de la vida humana,
¿No es, por ejemplo, lo profundamente correcto y debido que una persona enferma se vea asistida sanitariamente, aunque no sea útil para nadie y represente una carga para los demás?, ¿qué un niño demente sea debidamente criado aunque solo signifique costes y no vaya a producir nada? Las lesiones o incluso las muertes mismas sufridas por observancia de la norma ética, por respeto a la persona  y a su dignidad ¿no son, precisamente, los momentos decisivos en que se pone de manifiesto si las personas concernidas han comprendido que significa ser hombre, las ocasiones de realizar el sentido de la propia existencia? Parece como si progresivamente se fuera haciendo sitio una concepción no trágica de la existencia” (Ética. Lecciones en la universidad de Munich, 174).
Estas palabras de Guardini siguen teniendo actualidad y creo que es bueno recordarlas porque algunas de las situaciones que hoy estamos viviendo se refieren directamente a ellas.


miércoles, 25 de abril de 2012

La bioética y el pensamiento de Romano Guardini

Del jueves 3 de mayo al sábado 5 se celebrará en Valencia, con sede en la Universidad Católica San Vicente Mártir  el congreso que anualmente organiza la Asociación Española de Personalismo. El tema elegido para esta edición es el siguiente: Personalismo Bioético. Fundamentación, Práctica, Perspectivas. 

La celebración de este evento me ha hecho pensar si en el pensamiento de Romano Guardini, especialmente en su antropología filosófica, podríamos encontrar algunos argumentos o principios que pudieran servir como fundamentos de una bioética personalista. He encontrado dos líneas argumentativas, aunque seguramente se podrían proponer muchas más.

En primer lugar me parece que el análisis que Romano Guardini hace de la Edad Moderna es muy válido para entender el marco cultural, científico y filosófico que ha generado las cuestiones que intenta resolver la bioética. Por ejemplo, el incremento de poder que empieza a adquirir el hombre moderno y la falta de ética que lo norme o lo regule
“(…) en el transcurso de la Edad Moderna el poder sobre lo existente, tanto cosas como hombres, crece ciertamente en proporciones cada vez más gigantescas, en tanto que el sentimiento de responsabilidad, la pureza de la conciencia, la fortaleza del carácter, no van en absoluto al compás de ese incremento; pone de manifiesto que el hombre moderno no está preparado para utilizar el poder con acierto”  (R. Guardini, El ocaso de la Edad Moderna, en Obras. Vol.1, Ediciones CristiandadMadrid, 1981, p. 94). 
 A esto habría que añadir algunos elementos más como son: la disolución de la creación