
2. La autoridad de la Iglesia

Pero también la Iglesia tiene autoridad por la obra que realiza y el mensaje que comunica. La relación de los creyentes con la Iglesia, no es la de unos hombres que examinan un mensaje, lo analizan y fruto de ello asienten con lo que ella dice o no. Puede ser que alguien me diga que debo comportarme de una manera u otra o que, según su parecer, en determinadas cuestiones se debe proceder de este modo o de este otro. En este caso
"Su hablar no es más que la transmisión de una teoría que verificada, estoy justificado a aceptar o rechazar. No ocurre eso con la palabra de la Revelación, que llega a mí por medio de la Iglesia. Aquí hablan de una verdad que debe salvarme, es decir, llevarme más allá de mí mismo. Rebasa mi capacidad de juicio; por eso, la actitud que manifiesto a la misma es la de la fe. Evidentemente, aquí se presupone que se sabe lo que es la Iglesia y que, a través de ella, habla la Revelación. La fe no es echarse una carga encima a ciegas. A base de una experiencia a veces larga y de una examen y un estudio a fondo, el que hasta entonces no había sido alcanzado por el mensaje llega a comprender que es lo justo: cree en la Iglesia y a la Iglesia porque su propia conciencia se lo exige " (La existencia del cristiano, 413).
3. Conflictos con la autoridad de la Iglesia.
Señala Guardini un par de dificultades que pueden surgir y de hecho han surgido en relación al ejercicio de la autoridad de la Iglesia. En primer lugar cuando ejerce su autoridad como lo hace la autoridad del Estado, es decir, "(...) que el comportamiento de la autoridad eclesiástica, la manera de concebirse ésta a sí misma y el modo de autoafirmarse se adapten al esquema de los procedimientos estatales" (La existencia del cristiano, 413). Al ser la Iglesia una realidad concreta y estar insertada en la historia y sometida sus visicitudes puede haber caído en este error. Pero estas equivocaciones tienen a veces raíces históricas que no siempre han sido suficientemente valoradas: "Recordemos, por ejemplo, el hecho de que sus obispos, los abades de sus monasterios, etc., fueron durante la invasión de los bárbaros -y depués, a lo largo de siglos- los más importantes promotores del orden, la civilización y la vida intelectual y, hasta la Alta Edad Media, los más importantes soportes de los emperadores y su acción de gobierno. Todo esto trajo consigo muchas veces una asimilación del ejercicio de su autoridad al ejercicio de la autoridad profana" (La existencia del cristiano, 414).
Señala Guardini un par de dificultades que pueden surgir y de hecho han surgido en relación al ejercicio de la autoridad de la Iglesia. En primer lugar cuando ejerce su autoridad como lo hace la autoridad del Estado, es decir, "(...) que el comportamiento de la autoridad eclesiástica, la manera de concebirse ésta a sí misma y el modo de autoafirmarse se adapten al esquema de los procedimientos estatales" (La existencia del cristiano, 413). Al ser la Iglesia una realidad concreta y estar insertada en la historia y sometida sus visicitudes puede haber caído en este error. Pero estas equivocaciones tienen a veces raíces históricas que no siempre han sido suficientemente valoradas: "Recordemos, por ejemplo, el hecho de que sus obispos, los abades de sus monasterios, etc., fueron durante la invasión de los bárbaros -y depués, a lo largo de siglos- los más importantes promotores del orden, la civilización y la vida intelectual y, hasta la Alta Edad Media, los más importantes soportes de los emperadores y su acción de gobierno. Todo esto trajo consigo muchas veces una asimilación del ejercicio de su autoridad al ejercicio de la autoridad profana" (La existencia del cristiano, 414).
En segundo lugar pueden aparecer dificultades entre doctrina y modo de vivir autoritarios de un lado y el juicio individual sobre la verdad y forma personal de vida por otro. Este conflicto puede desembocar en un final trágico. Todo depende "de que el portador de la autoridad comprenda que debe tener en cuenta la libertad de las personas individuales, (...) Pero también depende de que los particulares vean en la Iglesia el órgano viviente transmisor de la Revelación" (La existencia del cristiano, 415) y no una policía de la fe.
En todo caso, el que cree de verdad en la Iglesia sabe que en Ella se da una verdad que supera los límites de la búsqueda personal individual y que bajo su guía alcanza una libertad interior superior. También sabe que en Ella renació a una nueva vida por el Bautismo y que en cierto sentido la Iglesia es su madre. Esto genera una confianza capaz de superar los conflictos y dificultades que hemos señalado.
4. Epílogo
Quedo insatisfecho con la breve introducción a la Iglesia que se hace en este escrito. En las páginas 335 a 415 de La existencia del cristiano encontraremos un breve tratado de eclesiología a la luz del pensamiento de Romano Guardini.