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domingo, 16 de septiembre de 2012

La persona en Romano Guardini (VII). La persona y Dios

Escribir en un blog de antropología filosófica implica una y otra vez enfrentarse con cuestiones que superan los límites de exposición que debe caracterizar un blog. El tema que nos ocupa hoy, confirma una vez más esta idea. Así pues,  cuanto digamos a continuación debe ser considerado un esbozo o esquema de trabajo para una ulterior profundización por parte de los lectores. 

Para Romano Guardini, la persona no puede entenderse sin su relación con Dios. Es cierto que el hombre está llamado a relacionarse con las cosas y con otras personas, siendo esto ultimo muy importante. Sin embargo, "La relación con Dios es para el hombre de un importancia totalmente distinta; es absolutamente esencial" (La Existencia del Cristiano, BAC, Madrid, 1997, 27). Esto se desprende en primer lugar del carácter finito de la persona humana. Ésta no puede dar razón de sí misma, no encuentra en ella el fundamento de su existir. Cierto que 
"El hombre puede engañarse respecto al carácter esencial de su relación con el Absoluto. Es capaz de desfigurar este hecho, y para ello dispone de un arsenal de conceptos. Puede cegar el sentimiento de lo trascendente, hacerse indiferente y superficial; pero, cuando penetra más, debe acpetar que no es capaz de pensarse a sí mismo, sino en relación con el Ser absoluto, o, dicho claramente, con Dios; porque sólo de este Dios puede recibir el fundamento de su ser y su sentido" (La Existencia del Cristiano, 28).
 Así pues, todo lo finito depende metafísicamente de lo absoluto, y la persona humana se encuentra en estos parámetros. Sin embargo, el modo como se encuentra la persona humana frente al absoluto es distinto de cómo se encuentran los demás seres finitos. El modo y manera como Dios ha creado las cosas es muy distinto de cómo ha creado al hombre. 
“Con la proposición de que Dios ha creado la persona se dice algo distinto a lo que se expresa con la proposición de que Dios ha creado un ser impersonal. Lo más, impersonal, inanimado como animado, es creado por Dios sin más, como objeto inmediato de su voluntad. A la persona no la quiere crear de tal manera, porque ello carecería de sentido. La crea, más bien, por un acto que siente de antemano y fundamento por ello su dignidad: por la llamada. Las cosas surgen por el mandato de Dios; la persona por su llamada. Ésta, empero, significa que Dios llama a la persona a ser su Tú, o más exactamente, que Dios mismo se determina a ser el Tú del hombre” (Mundo y persona, Encuentro, Madrid, 2000, 123).
Así pues, la persona humana se debe concebir como relación con Dios y sin ella pierde su sentido 
 “Sin Dios no puede existir la persona finita. No sólo porque Dios me ha creado y en él solo encuentro el sentido de mi vida, sino porque existo orientado hacia Dios. Mi persona no está conclusa en lo humano, de tal suerte que pueda situar su Tú en Dios, o renunciar a ello o rechazarlo, y, sin embargo, seguir siendo persona. Mi ser-yo consiste, más bien, de modo esencial, en que Dios es mi Tú” (Mundo y persona, Encuentro, Madrid, 2000, 122)


Romano Guardini pone como fundamento de la dignidad de la persona humana su relación con Dios. 
“La persona posee una dignidad absoluta. Ésta empero, no puede provenir de su ser, que es finito, sino de algo absoluto en sí mismo. Y no de un algo absoluto en abstracto, de una idea, de un valor, de una ley o como quiera denominarse. Esto podría fundamentar el contenido de su vida concreta, pero no de su persona. El valor de la persona deriva del hecho de que Dios le ha conferido la condición de persona” (Mundo y persona, 112).


La Modernidad ha destruido esta relación y continuamente nuestro autor habla de ello. La modernidad ha rebajado al hombre a una parte de la naturaleza o lo ha exaltado como un ser absoluto. Sin embargo, el hombre no se encuentra e ninguno de estos dos ámbitos. Ninguna de las ciencias humanas ha logrado acertar con el núcleo de la persona humana:
“Ahí está, en primera línea el hecho, cada vez más destacado, de que la cultura de la Edad Moderna –ciencia, filosofía, pedagogía, sociología, literatura- ha tenido una visión falsa del hombre; no sólo en ciertos detalles, sino en su apreciación fundamental y, por consiguiente, en su totalidad. ” ( El ocaso de la edad moderna,en Obras Vol. 1, Cristiandad, Madrid, 1981, 91).
A la luz de todo lo dicho podemos entender una de las tesis fundamentales de la antropología de Romano Guardini: la verdad sobre la persona humana emerge a la luz de la Revelación. En la medida que el hombre se aleja de Dios se aleja de sí mismo, en la medida que se acerca a Dios se conoce más a sí mismo: 
 “Un puente es un arco que el arquitecto construye de una a otra orilla de un río. Y yo no puedo decir: el puente puede pasar o no a la otra orilla sin dejar de ser puente. Esto sería un sinsentido, puesto que el ‘puente’ sólo es puente si parte de una orilla y llega hasta la otra. Algo así sucede con el tema que nos ocupa. El hombre es hombre sólo en su relación a Dios. El ‘de-Dios’ y el ‘a-Dios’ son el fundamento de su ser” (Quien sabe de Dios conoce al hombre, PPC, Madrid, 1996),
Todo lo dicho de modo esquemático en esta entrada es el inicio o punto de partida para explicar en qué consiste la persona cristiana, tema que ya abordamos en  la interioridad cristiana.

Bibliografía sobre la persona y Dios en Guardini

Romano Guardini: Mundo y persona, Encuentro, Madrid, 2000, 122-136; La Existencia del Cristiano, BAC, Madrid, 1997, 27-30; 467-470; Quien sabe de Dios sabe del hombre, PPC, Madrid, 1996.

Fidalgo, José Manuel, Conocer al hombre desde Dios. La centralidad de Cristo en la antropología de Romano Guardini,  EUNSA, Pamplona, 2010. 
Fayos Febrer, Rafael: La verdad del hombre frente al relativismo moderno en el pensamiento de Romano Guardini, en  "Actas VIII Congreso de Católicos y vida Pública. El desafío de ser hombre, Tomo I", CEU ediciones, Madrid, 2007,195-204; El concepto de persona en Romano Guardini en  “Espíritu” , volumen LIX - 2010, número 139, 301-320.






domingo, 9 de septiembre de 2012

La persona en Romano Guardini (VI) . La persona y el Estado Moderno



Quien con asiduidad sigue las reflexiones que expongo en este blog habrá caído en la cuenta de lo mucho que llevo citando en los últimos meses el libro de la Ética. Lecciones en la Universidad de Munich. Sin ánimo de cansar a mis lectores, voy a volver a él para tratar el tema que hoy nos ocupa. La persona y el estado moderno o mejor dicho el estado totalitario. La cuestión puede abordarse desde muchos escritos. Estoy pensando en el ensayo La cuestión judía (Editorial Sur, Buenos Aires, 1963), o El Salvador en el mito, la revelación y la política (en Escritos políticos, Palabra, Madrid, 2011, 27-88), como así mismo en El ocaso de la Edad Moderna y en El Poder. Una interpretación teológica (en Obras, Vol.1, Cristiandad, Madrid, 1981, 33-290). Vuelvo a la Etica por dos razones: la primera porque nuestras reflexiones sobre el estado totalitario se harán en relación a la persona; la segunda porque un blog exige brevedad y no se trata de un estudio exhaustivo sino de comentar brevemente un aspecto que nos ha llamado la atención en nuestras lecturas. 

Bien, pues leyendo lo referente a la persona en las lecciones en la Universidad de Munich, cuando Guardini se ocupa de la autonomía personal, afirma que esta se traduce o se trasluce en actos como el conocimiento, la libertad y la creatividad. Esto le da pie para hablar con respecto al concimiento de la verdad:
"Sólo en la realización de la verdad alcanza la persona su sentido, porque ella está referida por naturaleza a la verdad. Existe para la verdad, como posibilidad permanente de realizarla. Solo puede existir persona si existe la verdad; porque sólo cabe un ser autónomo si es consciente de sí mismo. Por eso la persona, además, es responsable de la verdad (igual que tiene en ella su sostén y su escudo). Persona y verdad están unidas esencialmente (Ética. Lecciones en la Universidad de Munich, BAC, Madrid, 2000, 160)".
La cita por sí misma vale la pena. Pero lo que viene a continuación termina de hacernos comprender su alcance para el hombre de hoy
"Existe una contraprueba de lo decimos: la actitud que niega la persona, niega también, si actúa en serio, la verdad. Todo sistema totalitario, por ejemplo, empeñado en destruir la persona y hacer del hombre una simple célula del Estado, una mera pieza de la gran maquinaria estatal, tiene que procurar también acabar con la verdad, porque en su realización la persona se reafirma una y otra vez. Por eso, en lugar de la verdad, aparece la consigna, la doctrina oficial. Ahí no hay verdad, sino sólo el dictado del pensamiento como forma interior de la conducta política... ¡Es algo horroso: el propósito de acabar con la verdad para acabar con la persona y dejar el hombre abandonado al poder! " (Ética. Lecciones en la Universidad de Munich, 160-161)".
De modo similar habla Guardini en relación a la libertad y el bien. "Otra forma de manifestarse la persona es la libertad. Libertad significa elegir entre diferentes posibilidades, decir sí o no a algo que se nos presenta, poder decidir ante una exigencia. En definitiva, la faucltad de decir sí o no al bien o, más exactamente , de poder decir sí al bien aunque habría sido posible decir no (Ética. Lecciones en la Universidad de Munich, 161) ".  Y más adelante escribe "(...) sin el bien, la persona sencillamente, no puede existir. Su relación con él -a la vez que con la verdad- es la forma esencial de su constitución y su conducta. Personalidad significa estar referido esencialmente al bien (Ética. Lecciones en la Universidad de Munich, 162)". Al igual que con la verdad, todo sistema que quiera destruir a la persona intenta acabar con el bien. "Para este caso también existe una contra prueba similar a la anterior: los sistemas que pretender acabar con la persona niegan también el bien. Para ellos solo existe lo útil, lo que favorece el desarrollo, lo que aumenta el poder (Ética. Lecciones en la Universidad de Munich, 162)".

Por último también se refiere Guardini a la creatividad y como ésta tampoco está permitida por el estado totalitario porque supone la manifestación de la persona a la que quiere destruir: "todo sistema totalitario tiene que destuir cualquier iniciativa tendente a actuar o crear, porque ésta supone a la persona (Ética. Lecciones en la Universidad de Munich, 162) ."

Todo lo anterior puede llevar al estato totalitario a realizar actos aberrantes en contra de la persona. De ello es testigo la historia y lo fue, como hemos señalado alguna vez en este blog, Romano Guardini. Así, los estados totalitarios han asesinado personas en razón de su estado físico, psíquico o simplemente por pertenecer a una raza o un pueblo. Y todo ello porque para el estado totalitario el hombre no es persona.
"También esto lo niega el Estado totalitario. Éste mata a los disminuidos psíquicos y a los enfermos incurables. En realidad, es asesinato; o todavía peor, asesinato que pretende vanamente justificar por una teoría falsa: la de que habría vidas que no merecen vivirse. (...) la tesis medular de la teoría totalitaria es tan clara como aberrante: para esa teoría totalitaria el hombre no es persona, no tiene una dignidad absoluta proveniente de su naturaleza de hombre; es un simple individuo biopsíquico; los criterios para tratarlos  son entonces los que tienen que ver con los intereses estatales, sociales, económicos o culturales." (Ética. Lecciones en la Universidad de Munich, 164-165).


martes, 4 de septiembre de 2012

La persona en Romano Guardini (V). El encuentro

Despúes de un descanso estival de tres semanas retomamos nuestra actividad en el blog. Durante julio y agosto nos ocupamos, entre otras cosas, del ensayo Las etapas de la vida en la edición que aparece en la Ética. Lecciones en la Universidad de Munich (BAC, Madrid, 2000). En las próximas semanas retomaremos un tema ya tratado: el concepto de persona en Romano Guardini. Antes del verano le dedicamos cuatro entradas pero ya anunciamos que el asunto no estaba agotado y que todavía analizaríamos tres aspectos más: el encuentro, la persona y el estado moderno, la persona y Dios.

Acercamientos al término "encuentro".
En Libertad, gracia y destino Guardini escribe: “El hombre, pues, está hecho no sólo para la acción recíproca con los otros seres, sino para el encuentro, y en su consumación se realiza. Existe referido a lo otro y al otro, y mientras esté «referido a» se realiza, se edifica y se hace más él mismo.” (Libertad, gracia y destino,Lumen, Buenos Aires, 40).

Ahora bien, ¿Qué es para Guardini el encuentro? Para responder a esta pregunta debemos en primer lugar aclarar cómo puede un objeto o una persona entrar en relación con otro objeto o persona y en segundo lugar subrayar la condición básica de posibilidad de todo encuentro: la libertad.
Empezamos con el primer aspecto. Un objeto puede encontrarse con otro en sentido amplio de una manera mecánica, como cuando una roca golpea a otra, o un animal tropieza con un árbol, o una persona caminando por la calle choca con otra. Aquí no tenemos propiamente un encuentro. Tampoco lo tenemos cuando en el plano biológico dos seres vivos se relacionan, por ejemplo, cuando una planta se relaciona con otra de modo simbiótico o cuando un organismo entra en contacto con un elemento clave de su ámbito vital (la planta con la tierra o un animal acuático con el agua marina o fluvial). Por último no tenemos un encuentro cuando se da una interacción a nivel meramente psicológico, es decir, veo algo o alguien sin más. En palabras de Guardini:
"Por lo dicho resulta ya manifiesto que debe darse para hablar de encuentro: en primer lugar, que me tope con una realidad; pero no solo me la tropiece, en una interacción simplemente mecánica, biológica o psicológica. Que tome distancia respecto de dicha realidad, que me fije en lo que tengo enfrente, que me llame la atención su singularidad y que tome postura y adopte una conducta práctica respecto a eso" (Ética. Lecciones en la Universidad de Munich, 187-188).
La libertad como condición de posibilidad del encuentro
La condición de posibilidad, dice Guardini, de que pueda acontecer lo anterior es la libertad. Una libertad que nuestro autor divide en dos planos: material y formal. Es decir, sólo puede darse el encuentro en la medida que existe la posibilidad de una relación universal con la totalidad. De este modo quedan excluidos los animales, presos por el determinismo instintivo, que limita su relación con la realidad a aquello que les es significativo desde ese punto de vista. Guardini lo explica así:
"Para tener un verdadero encuentro no puedo estar limitado a determinados ámbitos. Tal es el caso del animal que sólo entra en relación con aquellos animales a los que se debe, con los que ptertence a su entorno. Tanto es así, que ni siquiera llega a advertir a animales que no sean sus presas" (Ética. Lecciones en la Universidad de Munich, 188).
De lo anterior deducimos que solo la persona humana es capaz del encuentro en sentido estricto, ya que posee una libertad material que le posibilita potencialmente la relación con la totalidad, cosa que no se da en el mundo animal.  "Esta libertad material, entendida como posiblidad de una relación universal, va acompañada de otra libertad formal. El hombre no tiene que, sino que puede, entrar en relación con. Puede elegir entre varios objetos, y puede también, sin más renunciar a entrar en relación (Ética. Lecciones en la Universidad de Munich, 189)".

El encuentro en sentido estricto
Las matizaciones hechas hasta ahora nos permiten entender lo que es el encuentro que debemos de concebir como el momento en el que yo al toparme con una realidad material u otras personas, excluyendo una relación meramente funcional o utilitaria, "me introduzco en el ámbito de su significado, lo descubro, y se me invita a que, en la forma debida, tome una postura al respecto" (Ética. Lecciones en la Universidad de Munich, 189). En Libertad, gracia y destino Romano Guardini lo describe así:
 “Encuentro es más que la mera yuxtaposición de las cosas y de los seres vivos,  en los que las interacciones proceden condicionadas por las correspondientes formas de relación. Tal manera de estar juntos se da constantemente en la vida de los hombres, desde el choque y la caída hasta los complicadísimos procesos de mecanismo social.
Pero encuentro es algo muy distinto.  Encuentro significa que el hombre se presenta ante una cosa o un ser vivo y, sobre todo, ante otro hombre; considera su forma, percibe su valor esencial, es herido por su poder...Así puedo yo encontrar el mar o un árbol; un hombre que hasta me era desconocido, o con el cual había estado ya muchas veces. «Soy herido por el rayo de su ser»; soy tocado por su acción. La relación se consuma cuando el otro hombre también «encuentra», y a mí precisamente (Libertad, gracia y destino, 40-41).”
La persona está llamada al encuentro con la realidad, es decir, a descubrir el sentido de ésta y a partir de ello a tomar la actitud adecuada y justa frente a ella, es decir, de tratarla a la luz de la verdad. Los encuentros con las cosas y con las personas constituyen el ámbito existencial en el que la persona vive. Ella es una trama de relaciones a partir de encuentros que constituyen su mundo vital. Guardini llega a decir: "Mientras más vital es un hombre, mientras más originaria su relación con el mundo, con más frecuencia vive encuentros, y más tiempo le dura la facultad de tenerlos, hasta la vejez. Lo contrario de esa facultad es la costumbre, la indiferencia, el esnobismo (Ética. Lecciones en la Universidad de Munich, 190)".
 
Como suele suceder en este blog no hemos agotado el tema del encuentro. Así pues, tarde o temprano volveremos a él. Queda pendiente tocar, por ejemplo, en qué medida el encuentro nos puede conducir a la dimensión religiosa de la realidad y puede ser el incio de salir de uno mismo y de la entrega a los demás.