
Guardini entiende que la exaltación de la autonomía del hombre y su alejamiento de Dios, características propias de la Edad Moderna, dan lugar a una serie de contradicciones antropológicas que nos hacen ver que el hombre no se encuentra en armonía y equilibro consigo mismo. Estas contradicciones se manifiestan en dialécticas de las que nuestro autor desarrolla tres, aunque se podrían detectar muchas más. Esta tríade son: soberbia y angustia, volumen del saber antropológico y desconocimiento de la esencia humana, revolución y dictadura (Ética. Lecciones en la Universidad de Munich, BAC, Madrid, 2000, 772-799). Procuraremos ocuparnos hoy de la primera de ellas para en próximas entradas abordar las otras dos.
¿En qué consiste, pues, la dialéctica de la soberbia y angustia? La soberbia nace del hecho, tantas veces aquí recordado, del aumento de poder que le proporciona al hombre la ciencia y su aplicación técnica sin la medida ética que lo norme y lo guíe. La soberbia surge porque el hombre se siente seguro de su progreso y de su poder, del dominio que ejerce sobre la naturaleza y sobre el hombre mismo. No se pregunta si está preparado para el ejercicio responsable de este poder; no cae en la cuenta de que quizás necesite una orientación ética en el uso del mismo. Vive ahogado en los medios y no se preocupa de los fines. Se habla de bienestar como fin último de todo, pero ¿es este un valor supremo? Por encima de él ¿no deberían considerarse otros?

"La primera finitud, el hombre en su comienzo se sabía creado y entregado a su ser propio por Dios, que es el verdadero y el bondadoso. Sabía que su libertad estaba fundada en la libre voluntad de Dios; por ahí recibía razón y poder para seguir adelante por su propia vida. Esa finitud era recibida como dicha, como posibilidad capaz de todo cumplimiento. En ella no había angustia, sino ánimo y confianza y alegría. Su expresión era el Paraíso. Hubo angustia sólo cuando el hombre se rebeló contra ser finito; cuando pretendió ser, no imagen semejante, sino prototipo, esto, algo absolutamente infinito. Con eso, ciertamente, siguió siendo finito, pero perdió la conexión con su origen. Entonces la confianza degeneró en soberbia, y el ánimo se convirtió en temor. (...) Hasta que por fin la negación de Dios en la época actual llego a crear en torno de la propia finitud el vacío amenazador, la nada, proclamada hasta el hastío, el fantasma del Dios negado. Quien está en esa situación tiene toda clase de motivos para la angustia, pero no porque ésta norme parte de la esencia de la finitud, sino porque él, llevando a su extremo la herencia del pecado original, se ha decidido por la existencia sin sentido de la mera finitud" (La aceptación de sí mismo, 29).
En estos dos polos se desenvuelve la vida del hombre en la últimas décadas: seguridad en su poder y dominio, angustia nacida de su condición finita. Y según Guardini, manifiestan que hay algo en la concepción del hombre sobre sí mismo que no marcha, que es falso.
Bibliografía acerca de las dialécticas del malestar
La dialécticas del malestar han sido estudiadas por el prof. Carlos Alberto Sampedro, colaborador habitual de este blog.
La dialécticas del malestar han sido estudiadas por el prof. Carlos Alberto Sampedro, colaborador habitual de este blog.