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lunes, 14 de enero de 2013

La obediencia

La próxima semana iniciaremos un nuevo tema de reflexión en nuestro blog. Esta semana quisiera concluir con un apéndice a todo lo dicho antes de Navidad (periodo durante el cual hemos dejado inactivo el blog) sobre la autoridad. Nuestras reflexiones quedarían incompletas (siempre quedarán de algún modo incompletas) si no dedicáramos por lo menos unas breves  líneas a la cuestión de la obediencia. Aunque ya abordamos la cuestión en la primera entrada me permito insistir en la misma ¿Qué es obedecer? Es la respuesta a la autoridad. Frente a la obligación moral que surge de una instancia personal el hombre puede responder de diversas maneras. Realizando lo que la autoridad le sugiere o actuando al margen de ésta. En el primer caso obedece.

La obediencia tiene la misma estructura que la autoridad. Es decir, por un lado una norma que debe estar en consonancia con el bien y por otro una realidad personal a la que obedecer. Si falta esta última no se da la obediencia. Guardini insiste mucho en este aspecto. Para obedecer no es suficiente que quien lo haga entienda y conozca que lo que se le pide es conforme al bien. Es cierto, y esto también lo subraya Guardini, que el hombre capta que lo bueno debe realizarse. Escribe: "Hablando con propiedad, el cumplimiento del deber ético es algo lógico y natural, tanto que puede sentirse con tal fuerza que casi parezca descartarse la posiblidad de obrar en contra" ( Ética. Lecciones en la Universidad de Munich, BAC, Madrid, 2000,  369). Sin embargo, insiste que, como en la autoridad, debe existir una instancia personal, como los padres o el estado, a la que tengo que obedecer. No se obedece a una norma sino a alguien. Esto lo revela también el fenómeno ético. Cuando percibimos el bien simultáneamente entendemos que "debemos hacerlo". Ese debemos no surge de la norma misma o del mandato ético, sino de alguien con autoridad que nos manda realizarlo. Si la norma fuera el fundamento del debes nos encontraríamos con un normativismo ético, como el de Kant.Guardini sin embargo insiste: "sólo una realidad puede decir tú debes, y esa realidad, de alguna forma, es el Dios que habla y que captamos en el Corazón" (Ética. Lecciones en la Universidad de Munich, 375).  La respuesa a la llamada de Dios a partir del "tú debes" que captamos en el fénomeno moral es la obediencia. Y esto configura la ética como encuentro personal entre creatura y creador que desemboca en el amor. Obedecer, implica, por lo tanto, un encuentro personal. Más aún, el hombre en cuanto hombre se realiza en ese encuentro. Oigamos a Guardini: 

" En todo esto hay una verdad liberadora: el hombre debe obedecer, no porque sea inmaduro, sino porque es hombre; no porque sea todavía incapaz de recnocer la norma ética, sino porque, sencillamente no existe uan norma ética abstracta. Porque la interpelación ética no es la confirmación de una legitimidad abstracta, sino un encuentro vivo. Y obedecer signifca que el hombre realiza ese encuentro".

La tarea ética no se realiza ya en soledad. El mismo Dios se implica en la tarea de nuestra conquista personal. Y esto puede aplicarse también al ámbito de los padres.

El tema de la obediencia puede ser abordado en Guardini desde otra perspectiva, por ejemplo, la epistemológica, como obediencia a lo real. Dado que se sale del ámbito de la autoridad que ha sido el tema central de nuestras reflexiones, no comentaremos nada sobre ello aparcando el tema para otra ocasión. 

lunes, 17 de diciembre de 2012

La autoridad (V): la autoridad de la Iglesia

1. ¿Qué es la Iglesia? 

Antes de introducirnos en la autoridad de la Iglesia, creo conveniente aclarar qué es para Guardini la Iglesia. Para ello, partamos del siguiente hecho: "Cristo era consciente, y lo dijo expresamente, de que el efecto de lo que Él era, el desarrollo de lo que El había revelado, el influjo de su obra redentora serían de una importancia decisiva para 'todas las gentes....hasta la consumación del mundo' (Mt 28, 19-20)" (La existencia del cristiano, BAC, Madrid, 1996, 366). Ahora bien, ¿cómo se iba a realizar esto? No como ha sucedido con otros pensadores o grandes hombres, cuyo pensamiento se transmite a través de sus discípulos, libros, textos. El Señor no trajo únicamente ideas: "El Señor sabe que lo que El trajo es una realidad, una verdad y una instrucción divinas; tiene, pues, que ser conservado en su sentido originario y seguir ejerciendo su influjo" La existencia del cristiano, 366-367). Se trataba de conservar, transmitir y hacer real lo que Cristo trajo: la redención. La Iglesia, que nace en Pentencostés, asumirá esa misión. Ella no sólo custodia el mensaje de Cristo y lo transmite, sobre todo dispone de los medios necesarios para hacerlo real a través de lose de ls sacramentos. Para realizar esta tarea la Iglesia tiene autoridad.


2. La autoridad de la Iglesia
En la autoridad de la Iglesia se dan las dos carácterísticas que hemos subrayado como propias de toda autoridad. La obligación moral de obedecer que se da frente a la autoridad de la Iglesia surge en primer lugar porque en Ella, como en ningún otra instancia, está Dios. Cristo la dota de esa autoridad divina: " Los que en ella hablan no son sólo hombres, por bien dotados e inteligentes que sean y muy encumbrados que estén; el que habla a través de ellos es Cristo, según lo afirma El con toda claridad: El que a vosotros oye a mí me oye, y el que a vosotros desecha a mí me deshecha.' (Lc 10, 16) (La existencia del cristiano, 413)"

Pero también la Iglesia tiene autoridad por la obra que realiza y el mensaje que comunica. La relación de los creyentes con la Iglesia, no es la de unos hombres que examinan un mensaje, lo analizan y fruto de ello asienten con lo que ella dice o no. Puede ser que alguien me diga que debo comportarme de una manera u otra o que, según su parecer, en determinadas cuestiones se debe proceder de este modo o de este otro. En este caso
"Su hablar no es más que la transmisión de una teoría que verificada, estoy justificado a aceptar o rechazar. No ocurre eso con la palabra de la Revelación, que llega a mí por medio de la Iglesia. Aquí hablan de una verdad que debe salvarme, es decir, llevarme más allá de mí mismo. Rebasa mi capacidad de juicio; por eso, la actitud que manifiesto a la misma es la de la fe. Evidentemente, aquí se presupone que se sabe lo que es la Iglesia y que, a través de ella, habla la Revelación. La fe no es echarse una carga encima a ciegas. A base de una experiencia a veces larga y de una examen y un estudio a fondo, el que hasta entonces no había sido alcanzado por el mensaje llega a comprender que es lo justo: cree en la Iglesia y a la Iglesia porque su propia conciencia se lo exige " (La existencia del cristiano, 413).
3. Conflictos con la autoridad de la Iglesia.
Señala Guardini un par de dificultades que pueden surgir y de hecho han surgido en relación al ejercicio de la autoridad de la Iglesia. En primer lugar cuando ejerce su autoridad como lo hace la autoridad del Estado, es decir, "(...) que el comportamiento de la autoridad eclesiástica, la manera de concebirse ésta a sí misma y el modo de autoafirmarse se adapten al esquema de los procedimientos estatales"  (La existencia del cristiano, 413).  Al ser la Iglesia una realidad concreta y estar insertada en la historia y sometida sus visicitudes puede haber caído en este error. Pero estas equivocaciones tienen a veces raíces históricas que no siempre han sido suficientemente valoradas: "Recordemos, por ejemplo, el hecho de que sus obispos, los abades de sus monasterios, etc., fueron durante la invasión de los bárbaros -y depués, a lo largo de siglos- los más importantes  promotores del orden, la civilización y la vida intelectual y, hasta la Alta Edad Media, los más importantes soportes de los emperadores y su acción de gobierno. Todo esto trajo consigo muchas veces una asimilación del ejercicio de su autoridad al ejercicio de la autoridad profana" (La existencia del cristiano, 414).

En segundo lugar pueden aparecer dificultades entre doctrina y modo de vivir autoritarios de un lado  y el juicio individual sobre la verdad y forma personal de vida por otro. Este conflicto puede desembocar en un final trágico. Todo depende "de que el portador de la autoridad comprenda que debe tener en cuenta la libertad de las personas individuales, (...) Pero también depende de que los particulares vean en la Iglesia el órgano viviente transmisor de la Revelación" (La existencia del cristiano, 415) y no una policía de la fe.

En todo caso, el que cree de verdad en la Iglesia sabe que en Ella se da una verdad que supera los límites de la búsqueda personal  individual y que bajo su guía alcanza una libertad interior superior. También sabe que en Ella renació a una nueva vida por el Bautismo y que en cierto sentido la Iglesia es su madre. Esto genera una confianza capaz de superar los conflictos y dificultades que hemos señalado.

4. Epílogo
Quedo insatisfecho con la breve introducción a la Iglesia que se hace en este escrito. En las páginas 335 a 415 de La existencia del cristiano encontraremos un breve tratado de eclesiología a la luz del pensamiento de Romano Guardini.

lunes, 10 de diciembre de 2012

La autoridad (IV): El estado

1 ¿Qué es un Estado? 

La segunda forma básica de la autoridad es el Estado. De algún modo también se encuentra ligada al origen de la vida pero de modo distinto al de los padres. El niño no nace aislado en una familia, sino que ésta pertenece a una comunidad. "El estado tiene el deber, de acuerdo con los padres de ordenar la vida que se renueva constantemente partiendo de la vida del conjunto del pueblo" (Preocupación por el hombre, Ediciones Cristiandad, Madrid, 1965, 116). A partir de la legislación que emana del Estado se ordena la vida de la comunidad en busca del bien común. Cuando yo me encuentro con una ley percibo la obligación de obedecerla.

Para entender adecuadamente la autoridad del Estado debemos aclarar en primer lugar ¿qué es un Estado? Lo podríamos definir a partir de tres elementos. Por un lado un pueblo entendido como comunidad de invididuos que comparten un mismo territorio, una misma leguna y cultura, un historia común. Por otro lado, a todos estos elementos se le añade un elemento unificador que es el poder político y económico, el poder de quien dirige a esa comunidad o grupo. Por último, se encuentra el orden, entendido éste como la integración de voluntades e intereses comunes y las ventajas que esto reporta,  virtud que lleva consigo el descubrimiento de que los individuos son personas que poseen una dignidad y de que ésta debe guiar moralmente la ordenación de la comunidad. Es decir, "la conciencia, por tanto, de que la vida no es sólo un acuerdo de intereses en lucha, sino también obra de muchos, que son personas; y que el acuerdo reposa, en definitiva en una trama de obligaciones morales, en cuya virtud cada uno puede fiarse del otro (La existencia del cristiano, BAC, Madrid, 1996, 407)". Por último, hay tercer elemento que hace parte de la naturaleza del hombre y que los griegos supieron captar y realizar de modo excelso. Con palabras de Guardini: "La voluntad política que siente que la comunidad moralmente ordenada de muchos constituye uno de los valores más grandes y su realización es esencial y bella" (La existencia del cristiano, 407).

2. El fundamento de la autoridad del Estado: la soberanía

El Estado desarrolla su autoridad a partir de las leyes. Éstas buscan el orden y el bien común de la comunidad política. Pero  la obligación en el cumplimiento de estas leyes no reside en su eficacia, sino en que han sido promulgadas por el Estado en el que reside "la soberanía". Esta soberanía puede adoptar diversas formas, monárquica, democrática, república, etc. Lo importante es que es ella reside la autoridad del Estado.

Ahora bien, el Estado tienen sus límites en su ejercicio de promulgar leyes. La obligación de obedecerlas desparece, como pasa con los padres, cuando ordena algo en contra del bien moral: "En cuanto manda algo que ca contra la ordenación ética, esto se anula. En cuanto manda algo pernicioso, surge en todo caso la posibilidad de la crítica; sólo que es preciso un procedimiento objetivamente ordenado para darle vigencia." (Preocupación por el hombre, 117). Otro límite, o quizás el mismo pero desde otra perspectiva, es la libertad de la persona misma. La autoridad está ligada esencialmente a la libertad a la que intenta proteger y de algún modo fomentar. Esto lo vimos ya en el ámbito de la familia. Pero ocurre también con el Estado:
"El derecho del Estado a promulgar leyes encuentra su límite en que los miembros del Estado no son individuos de una colonia animal, sino personas, es decir, tienen libertad y responsabilidad propia, y su libertad sólo puede ser limitada por el Estado en la medida en que sea necesario para hacer posible la máxima libertad de todos. De la autoridad del Estado ha de decirse en todo caso que forma parte de su deber animar la autodeterminación ciudadana del individuo, y desplegarla conforme a sus posibilidades" (Preocupación por el hombre, 116-117) .

3. La crisis de la autoridad del  Estado Moderno

Pero quizás, lo más interesante en relación a la autoridad del Estado, son las reflexiones de Romano Guardini sobre el proceso histórico que ha desembocado en la crisis del Estado Moderno. En los tres escritos que estamos usando para elaborar estas reflexiones sobre la autoridad del Estado habla de ello. El punto de partida de nuestro autor es el origen mítico de la autoridad del Estado:
"(...) los comienzos del orden estatal se expresa de ordinario en un mito, según el cual un ser divino se une con un ser humano. De esa unión nace un hijo, un héroe, que, gracias a su visión superior de las cosas, su valentía y poder personales, pero también, y esto es lo decisivo, debido a la confirmación proveniente de su origen metafísico, domina el caos, peligro primordial de toda existencia histórica; funda ciudades, impone leyes instauradoras de orden, suscita actividades útiles, promueve la vida del espíritu, etc. Esa confirmación o sanción religiosa combina los dos aspectos del poder y la razón, el influjo fáctico de las instancias que ejercen dominio en la función de los mediosy la obligación que procede de la validez de la razón y la norma moral. Esta unidad se llama autoridad" (La existencia del cristiano, 408-409).
De algún modo este mito se encarnó en Occidente o tomó vida en el agustinismo político y en otras formas de gobierno medievales que encontraron "(....) su última expresión conceptual en esa idea para nosotros hoy tan extraña, de que el rey lo es por la gracia de Dios." (Etica. Lecciones en la Universidad de Munich, BAC, Madrid, 2000, 358.)

Con la modernidad desaparece Dios del horizonte cultural. Evidentemente que esto afectó a muchos elementosculturales que se transformaron o desparecieron. También el Estado se vió afectado. Al desaparecer el elemento religioso el Estado de algún modo perdió autoridad o la tuvo que buscar o encontrar en otra parte. Así surge el principio de "Toda la autoridad reside en el pueblo mismo, que nos que ordena su existencia partiendo del poder pleno que le es propio, o traspasa las tareas de gobierno a personas que él mismo determina: primero, a unos representantes suyos que legislan (...)" (Etica. Lecciones en la Universidad de Munich, 359). Aquí contemplamos una migración del poder del Rey al  pueblo. Si nos fijamos bien, el elemento religioso no termina de desaparecer. Los nacionalismo del XIX y también XX, entrañan en su concepción de pueblo o nación una última instancia metafísca: "Desde esta perspectiva el pueblo aparece, por una parte, como una relaidad histórico-empírica y por otra, como una realidad metafísica. Es lo primigenio, igual que su polo opuesto, la personalidad individual. (...) De aquí la aceptación del carácter inapelable de la voluntad popular, la veneración mágica del resultado electoral" (Etica. Lecciones en la Universidad de Munich,359).

Sin embargo, este elemento o transforndo metafísico ha ido progresivamente desapareciendo y con él también de algún modo la capacidad de obligar el Estado. La obediencia a la ley se va fundando poco a poco en su eficacia, en su poder fáctico en la resolución de cuestiones, etc. Pero esto también va desapareciendo dando lugar a la crisis del Estado Moderno: "El Estado ya no se justifica ni por el sentido de las cosas ni por su eficacia, sino que tiene su fundamento en la desconfianza y la fuerza. Yendo a lo concreto: la policía adquiere una importancia cada vez mayor. Y esto no es más que desconcierto e impotencia" (Etica. Lecciones en la Universidad de Munich, 360-361). Conclusión: un Estado que impone las leyes por la fuerza hace tiempo que ha perdido su autoridad. La encarnación de este tipo de estado son las dictaduras y los totalitarismos


lunes, 3 de diciembre de 2012

La autoridad (III): la autoridad y la familia

Como ya hemos comentado anteriormente Guardini entiende que para que se de la autoridad se deben dar dos condiciones: a) aquello que me propone la autoridad me interpela de modo ético o moral, de tal modo, que me siento obligado a obedecer, pues es conforme a lo bueno; b) la instancia que  propone esa exigencia ética es concreta, es decir, es una realidad humana, sea individual, los padres, o una institución social e histórica como el estado (Cfr. Preocupación por el hombre, Ediciones Cristiandad, Madrid, 1965, 115). Hoy vamos a hablar de una de esas instancias:  los padres.

1. La autoridad de los padres como autores de la vida

La cultura actual ha ido difuminando progresivamente la figura y el papel de los padres. Se ha reducido su función al ámbito meramente pedagógico. Sin embargo, los padres son los auctores vitae, es decir, la fuente de la vida. Tienen en sus manos la vida de sus hijos, con su devenir y su destino. Éstos proceden, dependen y viven confiados a ellos. Desde este punto de vista "Lo que ellos dicen no es solamente consejo para el niño, no es solamente ayuda, no es solamente ejemplo o aleccionamiento, sino que le vincula en conciencia" (Preocupación por el hombre, 115). Así pues, lo dispuesto por el padre y la madre obliga moralmente a sus hijos. Evidentemente esto tiene un límite, cuando lo mandado no es conforme con lo bueno entonces desaparece la obligación. Pero mientras se respete esto, los hijos están llamados a obedecer a sus padres confiadamente. Así pues, "Autoridad y obediencia son una misma forma de realización del bien, impuesta por el hecho de que el hombre llega a la vida sin responsabilidad, y la ordenación moral se aparece encarnada por medio de los autores de la vida" (Preocupación por el hombre, p. 116).

Ahora bien, esta autoridad no está llamada a ejercitarse indefinidamente. Incluso desde la niñez los padres deben ir haciendo su autoridad innecesaria, de tal modo que los hijos vayan madurando y asumiendo progresivamente su responsabilidad moral. Como dice Guardini "(...) la autoridad de los padres tiene la obligación de hacerse superflua a sí misma, esto es, de no estorbar la incipiente capacidad del niño para su autodeterminación moral, sino animarla, despertarla e incluso formala conscientemente." (Preocupación por el hombre, p. 116). En otro momento también dice, "(...) los padres deben saber que están ante una libertad creciente, y no tienen que limitarla, en obsequio al orden, sino incluso han de fomentarla, en tal obsequio, hasta el día en que cesa en abosoluto su autoridad y la persona joven toma posesión de sí misma."  (Preocupación por el hombre, p. 118)

2. Fundamento de la autoridad de los padres

 El fundamento de la autoridad en la medida que ésta es un fenómeno ético y ligado esencialmente a la ética se remite al fundamento del bien. No podemos encontrar un fundamento dentro de este mundo. La autoridad de los padres no obliga en razón de lo útil o eficiente. La autoridad no obliga en razón de estrategias pedagógico-didácticas que colaboran en el desarrollo de los niños, del adolescente o del joven. La autoridad de los padres obliga moralmente, es decir, éticamente, en razón del bien. Y su fundamento por lo tanto no es intramundano sino que trasciende lo meramente humano para asentarse en lo religioso, en lo divino. Guardini desarrolla esto detenidamente en la las páginas 372 a 374 de la Ética. Lecciones en la Universidad de Munich (BAC, Madrid, 2000). En La existencia del cristiano (BAC, Madrid, 1997) habla de ello en estos términos: "En su autoridad se manifiesta un aspecto que no dimana de la realidad humana de los padres, sino que es de naturaleza trascendente; ellos son represetantes de la soberanía ordenadora del que es auctor vitae, autoridad absoluta: Dios" (La existencia del cristiano, 404). En Preocupación por el hombre  también lo subraya: "Los padres, conforme a su sentido más profundo, no son sólo personas que cumplan sus determinadas funciones, y, para poderlo hacer de modo más eficaz, tengan un peso especial recibido del arjé, del principio de la vida, sino que represetan una isntancia que está sobre ellos; hacen presente a Dios como el creador de toda la vida, como el auctor vitae absoluto" (Preocupación por el hombre, p. 118).

Quizás a la luz de esto podamos entender lo que en el fondo se quiere signifcar con "Honrarás a tu padre y a tu madre". Con ello no se indica un deber de gratitud, de cuidado, de respeto a quienes ya son mayores. El verbo "Honrar" quiere decir mucho más. Guardini le da un sentido religioso. Dice lo siguiente, y con ello terminamos por hoy: "Indica que el hijo, si se rebela contra los padres, no sólo daña una ordenación inmanente, sino que falta contra algo que ostenta un carácter religioso" (Preocupación por el hombre, p. 117). Sobre esto último puede también consultarse la Ética. Lecciones en la Universidad de Munich en su página 366.


lunes, 26 de noviembre de 2012

La autoridad (II)

La semana pasada hablamos de la autoridad y lo vamos a seguir haciendo durante algunas semanas. El tema aparece en la Etica. Lecciones en la Universidad de Munich, como vimos la semana pasada, pero también en otros dos volúmenes por lo menos. El primero de ellos es La existencia del cristiano (BAC, Madrid, 1997, 402-415) al hablar de la autoridad de la Iglesia. El segundo es Preocupación por el hombre (Ediciones Cristiandad, Madrid, 1965, 111-123) que recoge diversos ensayos y conferencias, uno de ellos titulado "El ateismo y la posibilidad de la autoridad". De algún modo, los tres textos tienen sintonía en el sentido que hablan todos de lo que no es la autoridad, de la esencia de la autoridad y su especificidad, de los ámbitos propios de la autoridad: los padres y el estado. Por último también en todos encontramos una referencia al fundamento último de la autoridad en Dios. Así pues, he decidido crear una serie de entradas sobre el tema de la autoridad y seguir el siguiente esquema: la esencia de la autoridad, la autoridad de los padres, la autoridad del estado, la autoridad de la Iglesia. 

1. Dificultad para entender la autoridad

Volvemos en esta entrada a la esencia de la autoridad de la que ya hablamos la semana pasada. Recordemos que la autoridad es la obligación moral que surge no tan sólo de la norma o mandato recibido sino también de la misma instancia de la que emana ese mandato. Y la primera idea que quisiera subrayar es la dificultad que presenta este fenómeno para examinarlo y comprenderlo. Y esto por varios motivos: 

a) El primero es que la autoridad es un experiencia lejana y ausente en la cultura actual. Desde la Edad Moderna hasta nuestros días la autoridad ha sufrido un constante desprestigio hasta hacerla incomprensible para el hombre de hoy:
"tenemos que hablar ahora de un fenómeno que le resulta muy lejano al hombre de hoy: el de la autoridad. Hemos de habérnoslas con una sensacion de extrañeza e incluso de resistencia interior, (...). La idea de autoridad -y sobre todo la viviencia y la actitud que le dan soporte- se encuentra destruida; se ha diluido y sus elementos no sólo son irreales sino que se consideran peligrosos" (Etica. Lecciones en la Universidad de Munich, 357).
Esta lejanía que provoca incomprensión, hace que se la iguale en ocasiones al totalitarismo o la dictadura. "Hoy día hay un temor generalizado a la autoridad. Se la equipara con la violencia, la represión, la dictadura y se la rechaza en nombre de la libertad." Sin embargo, continua Guardini "En realidad, la autoridad está esencialmente relacionada con la libertad, de modo que no sólo presupone a ésta sino que la protege" (La existencia del cristiano, 411).

b)  Por otro lado "(...) el fenómeno mismo -como sucede en todo lo realmente vivo- se resiste a la razón."  (Etica. Lecciones en la Universidad de Munich, 363). Es decir, se resiste a la tendencia, también moderna, de abstraer, racionalizar, conceptualizar en exceso a la hora de intentar comprender los fenómenos vitales de la realidad y del hombre. En el fondo, Guardini está haciendo referencia al "contraste" como clave de interpretación y compresión. Pero esto nos llevaría muy lejos. En todo caso, lo que quiere decir Guardini queda bien explicado en la introducción a su obra El contraste. Ensayo de una filosofia de lo viviente-concreto. (BAC, Madrid, 1996).

c) También dificulta la comprensión de la autoridad la disolución de una de las  instancias donde de manera natural se da, como es la familia: "La actual desintegración de la familia pone de hecho en tela de juicio la autoridad de los Padres. (...) El hombre de hoy no tiene ya, por lo general, ninguna sensibilidad para la idea de autoridad, sino que considera a los padres en plan práctico, en su función de dar cobijo, alimento y ayuda en el curso de la vida." (La existencia del cristiano, 404). Así, el individuo contemporáneo pierde uno de los ámbitos donde se experimenta de manera natural y originaria la autoridad. Pero de ello tendremos ocasión de hablar cuando hablamos de la autoridad y familia. 

d) Por último la desaparición del elemento religioso en la sociedad termina por obstaculizar la experiencia y la compresión de la autoridad. Esto se entiende fácilmente si volvemos al ejemplo de la familia. La autoridad de los padres remite a una instacia superior: la divina. Su capacidad de obligar moralmente al hijo no reside en ellos sino que apunta hacia el bien absoluto que es Dios. "La existencia de Dios y la fe en Él, la conciencia de su autoridad absoluta, en el que manda y el que obedece, son esenciales para que sea posible la autoridad . (...) En la medida en que desaparece la fe en Dios, la relación con Él percibida de modo viviente, se deshace la autoridad." (Preocupación por el hombre, 122).

2. Lo que no es autoridad y las formas intermedias de autoridad

Como modo de evidenciar lo que es la autoridad, Guardini la distingue de otras formas aparentes de autoridad y de lo que denomina modos intermedios de autoridad. 

a) La primera forma falsa es la obligación que nace de la fuerza.  La obligación moral que apela a nuestra conciencia no puede ser impuesta por la violencia. Por esto mismo la fuerza, la coacción física, la violencia política están muy lejos de ser autoridad, aunque el estado o el poder político usen ese término. La autoridad apela a la libertad del individuo desde un punto de vista moral y no mediante amenazas física o psíquica. La fuerza obliga de modo externo al individuo mientras que la autoridad apela a su conciencia, su interioridad. Como es habitual, hay una referencia explícita al nazismo cuando ejemplifica esto. (Cfr. Etica. Lecciones en la Universidad de Munich, 363-364).

"Tampoco podemos hablar de ella cuando un hombre aparece ante otro con la fuerza espiritual, psicológica e incluso corporal a que nos referimos al decir que alguien tiene una fuerte personalidad." (Etica. Lecciones en la Universidad de Munich, 364).  Aquí todavía no tenemos la presencia de la autoridad. A veces afirmamos que cierta persona es una autoridad en tal campo de la ciencia. Sin embargo este modo de hablar es una analogía. Del mismo modo, incluso, cuando afirmamos la autoridad del "hombre que vive ejemplarmente. Ejerce influjo especial, un efecto de formación moral. Y -a diferencia del mero maestro- no sólo por su palabras y el peso de sus argumentos, sino por su ejemplo y por todo su ser: por el hecho de que también procura hacer él mismo lo que proclama: por la fuerza estimulante y contagiosa de su personalidad" (Preocupación por el hombre, 114). Aquí podemos constatar que ciertos individuos influyen en otros pero no existe la obligación que constatamos en la autoridad.

Por ultimo conviene destacar lo que denomina Guardini formas intermedias de autoridad. Veámos como lo explica:

"Pero existen tambien una serie de formas intermedias. Tienen un carácter de autoridad delgada para hacer frente a determinadas tareas. La autoridad originaria, tanto la de los padres como la del Estado, se orienta a la vida dentro del campo respectivo; tienen algo de creativo y, gracias al carácter primigenio de su poder, procuran el orden obligando. En cambio, las formas intermedias de las que hablamos estás limitadas: el profesor, a la escuela; el maestro de taller, a la fábrica, etc." (Etica. Lecciones en la Universidad de Munich, 369).

lunes, 19 de noviembre de 2012

La autoridad

Debería hablar esta semana de algunos libros sobre la biografía o la obra de Romano Guardini. Pero voy a aparcar esa tarea porque hoy he tratado con mis alumnos del tema de la autoridad y hemos descubierto cosas que no puedo dejar de comentar. Guardini habla de la autoridad en innumerables ocasiones. Yo me voy a centrar en lo que aparece en  un libro tantísimas veces citado en este blog: Ética. Lecciones en la Universidad de Munich (BAC, Madrid, 2000, 357-381). Demasiado extenso sería resumir su contenido en la entrada de un blog. Así pues selecciono algunas ideas que me han parecido especialmente interesantes.

1. La autoridad

La autoridad es la obligación moral o ética que percibimos al recibir una orden o mandato de alguien. Y nos obliga moralmente por la misma naturaleza de la orden que es conforme al bien como por la persona de la que emana esa orden, por ejemplo, nuestros padres.  La cuestión aquí es ¿en qué se funda esa obligación? en otras palabras ¿por qué experimento esa obligación? Guardini rechaza diversas opciones bastante razonables pero a su juicio inexactas. Por ejemplo, porque lo mandado es razonable o conforme a mi opinión; porque quien me lo pide tiene cierta ascendencia psicológica, personal, carismática sobre mí (padre, maestro, etc). Estos elementos de carácter psíquico influyen en la obediencia a aquel mandato, pero en ellos no se asienta la obligación de realizarlo. ¿De dónde pues nace esa autoridad? Nuestro autor habla de que en el caso de la autoridad se da una unión entre la persona y el sentido ético que de manera natural ella comporta y el carácter ético de la norma o mandato que recibo.Con palabras de Guardini:
"Precisamente esto es lo que quiere decir el concepto de autoridad: el hecho de que en determinadas relaciones de la vida en común la realidad concreta de una persona y el sentido ético de lo que ella representan forman un verdadera y propia unidad." (Ética. Lecciones en la Universidad de Munich,  366-367).
 Cuando hablamos de autoridad es muy importante el carácter ético del mandato que recibimos. Si este mandato va en contra de la norma moral la obligatoriedad desaparece, se debilita, pierde vigencia. "Mejor dicho: mientras siga teniendo legimitimidad, permanece también su autoridad (en nuestro caso, el padre sigue siendo padre), pero esta autoridad ya no convence, sino que sólo exige. Y entonces su reconocimiento por parte de los destinatarios representa una gran esfuerzo. (Ética. Lecciones en la Universidad de Munich,  367)."

Pero cuando hablamos de autoridad es esencial y clave la persona de quien emana la norma o mandato pues ella hace parte del sentido ético de ese mandato o norma, hace parte esencial de la obligatoriedad que nace de la misma: "(...) Cuando se habla la verdadera autoridad, la persona de quien la ostenta es un elemento del entramado de sentido mismo. (...) Esto es autoridad: la unión radical del sentido ético y de la realidad concreta que anuncia dicho sentido" (Ética. Lecciones en la Universidad de Munich,  367). De ahí que no es lo mismo que un profesor nos diga que aquí hay una norma ética y debiéramos cumplirla que esto mismo lo recibamos de nuestro padre. La autoridad en sentido propio se da en la partenidad.

Prescindiendo de lo religioso Guardini afirma que en sentido propio las formas originarias de autoridad son los padres y el Estado. 
"Pero existen también una serie de formas intermedias. Tienen un carácer de autoridad delegada para hacer frente a determinadas tareas. La autoridad originaria, tanto la de los padres como la del Estado, se orienta a la vida dentro del campo respectivo; tienen algo de creativo y, gracias al carácter primigenio de su poder, procuran el orden obligando. En cambio, las formas intermedias de las que hablamos están limitadas: el profesor, a la escuela; el maestro de taller, a la fábrica, etc. (Ética. Lecciones en la Universidad de Munich,  368-369)."
2. Fundamento de la autoridad

La autoridad no puede fundarse en la persona que la ostenta. De algún modo ella está también obligada a la norma ética, de modo que el bien la trasciende. En sus formas más originarias la autoridad encuentra sus raíces en el ámbito religioso. Es decir "(...) la verdadera autoridad es Dios mismo. Él es el ser absoluto. Él es independiente de todo lo que no es Él. No tiene necesidad de ninguna cosa ni del conjunto de las cosas, del mundo. Tiene consistencia en sí mismo y se basta a sí mismo". (Ética. Lecciones en la Universidad de Munich,  372).

Quienes critican la dimensión religiosa lo hacen muchas veces alegando un estado de inmadurez, sea en el desarrollo del propio individuo o de la historia misma de la humanidad. Lo religioso pertenecería al mundo de la infancia o a pueblos primitivos. Del mismo modo, 
"(...) el rechazo a la autoridad como instancia ética, sea instintivo o racional, presupone la convicción de que la autoridad y la obediencia son formas de conducta ética primitivas, con un sentido puramente pedagógico y un lugar mientras el hombre no es independiente. El niño debe obedecer porque su espíritu es todavía incapaz de juzgar y su facultad de decidir aún no está a la altura de la realidad, pero en cuanto llega la madurez esto se acaba. Lo mismo vale para el hombre en general:  conforme crece a lo largo de la historia, la autoridad retrocede."(Ética. Lecciones en la Universidad de Munich,  375).
Para Guardini esto es falso. La autoridad es una experiencia ética originaria y por lo tanto propia de la existencia humana. La experiencia ética del hombre no es la de encontrarse con la norma ética de modo abstracto y frío que nos impera su cumplimiento obligatorio. Normalmente la recibimos de una autoridad que nos invita y ayuda y se compromete con nosotros en la tarea de realizarla. La ética no es cumplimiento de normas, es la obediencia a las mismas y la obediencia supone respuesta y la respuesta implica llamada y la llamada alguien que llama.
 "¿Qué significa esto desde la perspectiva de la vida? Que yo nunca me encuentro solo con la norma. Siempre está por medio el Dios vivo. Más exactamente: si Él me obliga, Él se hace por así decirlo, responsable de esa obligatoriedad, Él está implicado en la realización ética. Consiguientemente, él nos garantiza que dicha relación tiene el sentido que pretende y también que es posible realizarlo."(Ética. Lecciones en la Universidad de Munich,  376).
Obedecer por lo tanto es un encuentro no con una norma abstracta sino con la realidad personal de Dios. Y en cuanto encuentro personal puede darse el amor. Éste surge en una experiencia ética originaria. Esto se entiende mejor si trasladamos este esquema al mundo de la familia:
 "También aquí comineza -no; está ya- el amor. Al ejercer su autoridad desde el respeto a la libertad del hijo, y al mismo tiempo desde su responsabilidad sobre él, los padres entran en comunión ético personal con él, en la responsabilidad del yo paterno para el tú filial. Pero al hacerlo, los padres, a su vez, obedecen a Dios, que le exige que asumen el derecho y el deber, la soberanía y la carga de la autoridad. Al hacerlo ellos así, Dios mismo se implica en la relación, y en todo este entramando de mando y obediencia opera la relación con la autoridad absoluta. Esto significa la frase de que los 'padres representan a Dios'. (Ética. Lecciones en la Universidad de Munich,  377).







lunes, 12 de noviembre de 2012

Iniciación a la lectura de Romano Guardini

Algunos compañeros y amigos que han descubierto la figura de Romano Guardini a través de este blog me ha formulado la siguiente pregunta: ¿Qué libros y en qué orden debo leer para introducirme en el pensamiento de Romano Guardini? No es fácil responder a este interrogante. Además, creo que todavía no conozco suficiente la obra de nuestro autor para acertar con el elenco. De todos modos voy a intentar ofrecer un pequeño listado de sus obras en castellano que espero sirva al fin del que venimos hablando. Atentos, lo que a continuación haremos no tiene nada que ver con listado bibliográfico de toda la obra de Guardini. Se trata de algunas obras para iniciarse en el pensamiento de nuestro autor.
La primera de ellas es Apuntes para una autobiografía (Ediciones Encuentro, Madrid, 1992). Se trata de un libro de apenas 180 páginas donde Guardini da cuenta biográficamente de dos cosas: a) el inicio y desarrollo de su carrera académica; b) la vocación sacerdotal y su ministerio. En  el fondo estas son las dos facetas, académica y sacerdotal, en las que podríamos resumir su vida. Facetas que vivió de manera unitaria.

En relación a su pensamiento dividiría en este momento en dos áreas sus obras: filosóficas y teológicas (conscientemente me dejo las de comentario e interpretación literaria. Creo que no son las adecuadas para inciarse). Con respecto a lo primero, la filosofía, aconsejaría la lectura del primer volumen de la triología Obras (Cristiandad, Madrid, 1981), donde podemos encontrar los siguientes ensayos: Europa, realidad y tarea; El Ocaso de la Edad Moderna (este ensayo es muy importante); El poder. Una interpretación teológica. Todos ellos se encuentran como digo en este primer volumen que recoge una selección de obras de Romano Guardini. También filosóficamente, entiendo que es muy importante el volumen Mundo y Persona (Encuentro, Madrid, 2000) y el libro Preocupación por el hombre (Editorial Guadarrama, Madrid 1965). Este último volumen hay que buscarlo en librerías de segunda mano y contiene conferencias  ensayos muy interesante. Algunos de ellos se han reditado hace poco en el volumen Escritos Políticos (Palabra, Madrid, 2011).

Sus obras teológicas son igualmente atractivas. Elijo tres: en primer lugar El Señor. Meditaciones sobre la persona y la vida de Jesucristo. (Ediciones Cristiandad, Madrid, 2002); mi segunda obra hay que adquirirla en librerías de segunda mano y es Meditaciones teológicas (Ediciones Cristiandad, Madrid, 1965) donde encontraremos  "Meditaciones sobre los tres primeros capítulos del Génesis", "Meditaciones sobre el Padre Nuestro","Sabiduría de los Salmos" ..etc; en tercer lugar, aunque debía aconsejarlo como el primero Introducción a la vida de oración (Palabra, Madrid, 1999) que es uno de los libros espirituales que más bien me han hecho y no me canso de regalar.
Dejo para el final un par de obras sencillas dirigidas al gran público, a aquellos que no suelen moverse por el mundo académico. Éstas son: Las etapas de la vida (Palabra, Madrid, 1997) y Quien conoce a Dios sabe del hombre. (PPC, Madrid, 1997). Especialmente este último ensayo, al que se puede acceder en internet con un click en el título del mismo, creo que es de los mejores textos introductorios para acercarse al pensamiento de nuestro autor.
Espero que esto haya servido. La próxima semana comentaré algunos libros sobre la vida de Romano Guardini que también son camino de aproximación a nuestro autor.