Páginas

lunes, 21 de septiembre de 2015

El sentido religioso del trabajo

Estoy preparando estos días una breve ponencia para el Congreso Internacional que sobre Guardini se celebrará el 4 y 5 de noviembre en Roma. El concepto de existencia en Libertad, Gracia y Destino es el tema que me han encomendado. En esta tesitura me he encontrado, al final de la segunda parte de este libro, un apéndice sobre el trabajo. Allí se explica muy bien el sentido religioso del trabajo y cómo éste protege al hombre. Así mismo, se hace ver como el secularismo de los últimos siglos ha convertido el trabajo, como en la antigüedad, en una nueva forma de esclavitud.

Efectivamente, en el mundo antiguo el trabajo era propio de esclavos. El hombre antiguo, escribe Guardini, "aborrece el trabajo y lo reserva a esclavos; él lleva  la política y la guerra, vive para su formación y goce." (Libertad, Gracia y Destino, Lumen, Buenos Aires, 1987, 140). El cristianismo de algún modo dignifica el trabajo de dos modos: suprimiendo la diferencia entre esclavos y hombres libres por un lado, y por otro lado considerando el trabajo como tarea encomendada al hombre por Dios, que debe realizar bajo su ley y con responsabilidad. El hombre medieval realizará su labor bajo estos parámetros. Pero a partir del Renacimiento y de la Modernidad la cultura no sólo se desarrolla al margen del Dios cristiano sino que se hace agnóstica cuando no atea. De este modo se pierde el sentido religioso de las cosas, y entre ellas, se seculariza el trabajo.  La revolución científica y técnica, ambas tan prometedoras para el bien de la humanidad, nacen y se desarrollan en este ámbito secularista sin norma ni límites, y por ello en algún momento el hombre ha temido sucumbir ante ellas.

Recuperar pues, el sentido religioso del trabajo, es importante para proteger al hombre mismo. Y para ello, lo primero es redescubrirlo. Escribe Guardini, "(...) La semejanza del hombre con Dios consiste en su capacidad de dominar sobre el mundo, pues Dios es el Señor Absoluto; y el trabajo es el conjunto de actividades en el cultivo, manejo y la organización del mundo con que el hombre ejerce su señorío. Por eso sólo conserva su sentido cuando el que trabaja lo hace bajo la obediencia del Señor Supremo" (Libertad, Gracia y Destino, 139).  Recuperar el sentido religioso del trabajo debe hacerse en primer lugar por un sentido de justicia, de dar a cada uno lo que le corresponde, es decir, de ofrecer a Dios lo que de suyo le pertenece por ser quién es, el creador. Esto beneficia al hombre, pues al recuperar Dios sus derechos sobre el trabajo el hombre también recuperar los suyos (por ejemplo, el descanso dominical). En segundo lugar, porque la configuración del trabajo a partir de la Modernidad ha disuelto al hombre en el trabajo, copando su vida y quedando absorbido en él. Ya no se trabaja para vivir sino se vive para trabajar.

El mismo descanso sería también un medio óptimo para recuperar el sentido religioso del trabajo. Pero al igual que el trabajo, el descanso ha perdido su sentido religioso. El descanso, ya no es contacto con lo eterno, lo espiritual, aquello en lo que de verdad puede reposar el alma humana.  Con la secularización del trabajo "(...) al mismo tiempo olvida el hombre todos estos actos y actitudes, que llamaríamos con un nombre genérico contemplativas: la capacidad, no sólo de reposar después del trabajo, sino de vivir el reposo; la posibilidad de vivir sin proyectos; la comunicación con el mundo de la interioridad, de lo sublime y eterno" (Libertad, Gracia y Destino, 143).

Sin el sentido religioso en el trabajo y en el descanso lo que queda en la vida del hombre es el vacío: trabajar mecánicamente y divertirse impulsivamente. Esto quizás es lo que refleja el siguiente texto de Guardini con el que terminamos: "Ahora está entregado por completo al trabajo, pues ¿qué podra hacer si no trabaja? Solo le queda gozar, y esto también sin protección superior, entregado y a la fuerza. Trabajar y buscar el placer; si no hace esto se abre al vacío interior" (Libertad, Gracia y Destino, 143).


lunes, 14 de septiembre de 2015

Guardini y la Universidad

En esta ocasión no es un libro, sino el capítulo de un libro sobre la Universidad, de lo que queremos dar noticia. Se trata del libro Razón de la Universidad (CEU Ediciones, Madrid, 2015) coordinado por un servidor cuyo capítulo quinto, también redactado por mí,  está dedicado a Romano Guardini y la cosmovisión cristiana en la universidad. 

El libro pretende recuperar el valor de la humanidades en la formación universitaria. Para ello, distintos profesores abordan la idea de Universidad en autores como Unamuno, Laín Entralgo, Ortega, etc. Concretamente yo escribo sobre la Universidad y Guardini. Trato el tema desde dos vertientes, la biográfica a partir de Apuntes para una autobiografía (Encuentro, Madrid, 1992), y la académica, es decir, qué es para Guardini la universidad fundamentalmente a partir de Tres escritos sobre la universidad (EUNSA, Pamplona, 2012)
Quizás, la idea central sobre la tarea y misión que debe desarrollar la Universidad según Guardini sea ésta: "¿En qué consiste el sentido último de la universidad? Puede enunciarse en una frase: Conocer la verdad, y precisamente por sí misma (…) Redescubrir continuamente, fundamentar y enseñar una y otra vez que la fecundidad y nobleza de la existencia humana descansan en la grandeza de la verdad; pero esa grandeza, por su parte, solo está garantizada por la santidad de Dios, y ningún impulso cognoscitivo se mantiene íntegro si en su núcleo no es piadoso. En la medida en que la Universidad olvida esta misión, pierde su sentido" (Tres escritos sobre la universidad, 14, 22).

lunes, 7 de septiembre de 2015

Los principios interpretativos en Romano Guardini


Hoy traemos de nuevo a nuestro blog otra reciente publicación sobre Romano Guardini. Se trata de la tesis doctoral de César Javier Orduña, defendida en la Universidad Gregoriana de Roma y que lleva por título Los principios interpretativos en Romano Guardini. El camino de la intuición, (Tesi Gregoriana Teologia 205, 2014, pp. 540; ISBN 978-88-7839-278-6).  A continuación copiamos el texto mediante el cual la misma editorial resume el contenido del libro.


La presente investigación subraya la importancia de la intuición en el estilo cognoscitivo e interpretativo guardiniano. Se intenta por este camino ponernos en contacto con la experiencia guardiniana y con la propia experiencia que nace de la gracia del encuentro. En el centro del encuentro se ubica la intuición, siendo ella la que nos permite tocar el objeto concreto que se desea conocer e interpretar. A su vez, a través de la misma intuición, la persona se deja tocar por el valor del objeto en sí mismo.El camino que Guardini nos propone, enriquece la intuición desde un grupo de contrastes que ofrecen una mirada nueva, y desde los cuales la misma intuición puede ser confrontada y purificada. De todo ello surge una nueva intuición (Anschauung) que debe recorrer, posteriormente, el camino de la conceptualización para hacerse visible desde la perspectiva del conocimiento abstracto conceptual. El camino de la intuición se abre así a un orden amplio de conocimiento que no se limita solo a la experiencia individual ni a lo que le es familiar o seguro. Por este camino, desde una intuición en diálogo y en una tensión vital con diferentes miradas, Guardini lleva a cabo su tarea interpretativa de importantes autores, de su propio tiempo y de la propia cultura. La finalidad principal de la tarea interpretativa guardiniana apunta a la figura de Jesús. Conocer a Jesús e interpretar correctamente la Sagrada Escritura plantea a su vez un nuevo desafío, al no contar con una medida humana que sea capaz de captar plenamente toda la dimensión de esa figura. Para el encuentro con Jesús, y para una adecuada interpretación de la Escritura, surge la importancia fundamental del principio de la fe en cuanto respuesta humana a la Revelación.


miércoles, 2 de septiembre de 2015

La vida ética y la realización de la persona

Retomamos el blog para dar a conocer una nueva publicación sobre Romano Guardini. Se trata del volumen La vida ética y la realización de la persona en el pensamiento de Romano Guardini (Agape libros, Buenos Aires, 2015) del Prof. Edgar O. Farías.  Adjuntamos una pequeña recesión que nos hecho llegar el mismo autor donde se da cuenta del contenido del libro.

RECENSIÓN 
"La doctrina moral se ha vuelto excesivamente doctrina de lo prohibido. (...) Con demasiadafrecuencia se ve la norma ética como algo que se impone desde fuera a un hombre rebelde; aquí el bien ha de entenderse como aquello cuaya realización es lo que de veras hace al hombre ser hombre". (Una ética para nuestro tiempo, Cristiandad, Madrid, 2002, 110).

Esta idea de Romano Guardini expresad en el Prólogo de  Una ética para nuestro tiempo, manifiesta una intuición fundamental de est gran filósofo, cuya importancia es bien percibida y desarrollada por Edgar Farías a lo largo de este escrito.


El libro, en sus primeros capítulos, describe con profundidad como ciertas corrientes racionalistas modernas han reducido la moral a un mero catálogo de deberes a cumplir, deberes que se nos imponen extrínsecamente y que suelen suscitar en el hombre actual la actitud de insubordinación, en defensa de su amenazada libertad.  Frente a esta concepción, el autor describe la preocupación de Guardini por recuperar la visión clásico-cristiana de la moral entendida como un camino de realización personal, en el que las virtudes constituyen la clave central de su despliegue. Ahora bien, esta visión de la ética supone una serie de ideas metafísicas y antropológicas que Guardini desarrolla magistralmente en sus obras y que el autor describe y analiza con profundidad. 

Lic. Edgar O. Farías
Para empezar Farías desarrolla la tesis de la fundamentación ontológica del bien moral, indicado que el Bien es un concepto trascendental, es decir, un aspecto del ser mismo de las cosas. Más en concreto, es la perfección o plenitud del ser que ellas tienen y que las hace apetecibles y perfectivas, o sea, capaces de perfeccionar a quien las recibe. Farías señala que esta idea se opone frontalmente a la separación total de Ser y Bien propia de la filosofía kantiana, que invierte la relación entre metafísica y ética propia del realismo filosófico como es el de Romano Guardini. 

El autor señala que es frente a esta concepción, vastamente extendida en los siglos XIX y XX, que Guardini subraya la fundación del deber moral en el ser del hombre y de las cosas. Una ética así entendida tiene como motor fundamental de la acción humana la atracción del Bien, y no la coacción de un deber que se impone extrínsecamente.

De allí, explicita Farías, que se sigue una consecuencia importante, que es la disociación tajante entre la búsqueda del bien moral y la de la felicidad humana, que en el kantismo constituyen dos tareas independientes y en algún punto hasta divergentes. Farías señala que en la en la perspectiva guardiniana, no pasa lo mismo ya que para Guardini la consecución del bien es lo que hace al hombre plenamente hombre, llevándolo a su felicidad auténtica. 

Luego Farías destaca que esta visión de la ética supone a su vez la importancia de un adecuado conocimiento de la realidad como condición para poder decidir acertadamente nuestra conducta a seguir, y que el mismo debe desarrollarse en dos direcciones: hacia el sujeto y hacia las circunstancias. Efectivamente, para actuar bien es indispensable el autoconocimiento del mismo sujeto actuante: discernir lúcidamente las condiciones generales de la naturaleza humana, así como también las características individuales de cada uno es fundamental para tomar las decisiones éticas apropiadas. Por otra parte, el autor señala que esta idea de la moral se asienta sobre la conciencia de la condición creatural del hombre presupuesto claro en la ética guardiniana.  Toda creatura, por el hecho mismo de serlo, ha sido pensada previamente por la mente del Creador, y es esto lo que la hace inteligible, y portadora de una estructura de sentido. En la naturaleza de cada creatura está perfilado el sentido y el fin de su existencia. 

Por último el libro cuanta con una segunda parte en la cual el autor el desarrolla algunas virtudes específicas seleccionadas por él como ejemplo peculiar de una manera realista y actual de entender y vivir la moral.

Para terminar con la recensión, debo decir que el libro me parece una clara e insistente invitación a pensar e interpretar el sentido y la justificación de la vida humana a la luz de la virtud y la obligación moral. Descubriendo que esta última no es algo impuesto sino una invitación a adherirse al Bien con toda la inteligencia y el afecto quedando allí realizada la propia existencia.


miércoles, 22 de julio de 2015

Romano Guardini e il pensiero esistenziale (Congreso Internacional)

El 4 y 5 de noviembre de 2015 se celebrará en Roma,en el Pontificio Ateneo Regina Apostolorum  un Congreso Internacional sobre Romano Guardini. El título de este evento es Romano Guardini e il pensiero esistenziale. Entre los ponentes más relevantes se encuentran Alfonso López Quintás, Massimo Borghesi y Silvano Zucal. Cabe también destacar la participación de Guido Traversa del Pontificio Ateneo Regina Apostolorum. Participaré en este evento con una breve intervención sobre el concepto de existencia en la obra de Guardini Libertad, Gracia y Destino. El programa es el siguiente, pero se puede ampliar   información en este enlace de la página web del Ateneo Regina Apostolorum.

viernes, 29 de mayo de 2015

La Iglesia: Cristo hoy, aquí y ahora

Quizás algunos desconozcan que el inicio de la vida universitaria de Guardini estuvo caracterizado por la indecisión. Empezó estudios de química, ciencias políticas y economía antes de optar por la teología y seguir el camino sacerdotal. Pero también hubo un hecho muy importante en esos años que recordará luego en algunos de sus escritos: la pérdida de la fe y su vuelta a la Iglesia. 
“Una noche discutí sobre religión con un estudiante que llevaba un vida dispendiosa y que afirmaba ser kantiano. Le expuse los argumentos habituales a favor de la existencia de Dios y él me rebatió siguiendo los procedimientos del pensamiento de la Crítica Kantiana. Toda mi fe se desvaneció entonces; o, más exactamente, noté que ya no tenía fe. Era el verano de 1905” (Apuntes para una autobiografía, Encuentro, Madrid, 2000, 94).
No tardará en volver a la fe. Pero el hecho de cómo se produjo esa vuelta será recordado años más tarde en alguna homilía  como la recogida en Verdad y orden (Vol. III, Ediciones Guadarrama, Madrid 1960, 13-26), en los ya mentados Apuntes para una autobiografía, y en el capítulo de La Iglesia del Señor del que hoy nos ocupamos. En todos estos textos se habla de un pasaje del evangelio, concretamente Mateo 10, 39: el que encuentre su vida la perderá y el que la pierda por el evangelio la encontrará:

“Hay que llegar a la frase: Quien quiera conservar su alma la perderá, quien la de la salvará. (…) poco a poco me había ido quedando claro que existe una ley según la cual el hombre, cuando conserva su alma, es decir, cuando permanece en sí mismo y acepta como válido únicamente lo que le parece evidente a primera vista, pierde lo esencial. Si por el contrario quiere alcanzar la verdad y en ella su auténtico yo, debe darse. (...) Dar mi alma, pero ¿a quién? ¿Quién pude pedírmela? ¿Pedírmela de tal modo que ya no sea yo quien pueda disponer de ella? No ‘Dios’ simplemente, ya que cuando el hombre pretende arreglárselas solo con Dios, dice ‘Dios’ y está pensando en él mismo. Por eso tiene que existir una instancia objetiva que pueda sacar mi respuesta de los recovecos de mi autoafirmación. Pero sólo existe una instancia así: la Iglesia Católica con su autoridad y precisión”  (Apuntes para una autobiografía, 98-99).
El capítulo que hoy comentamos del ensayo La iglesia del Señor tiene que ver mucho con este hecho. Quien quiera entregarse objetivamente a Dios, de verdad, y  debe buscar una serie de garantías que le aseguren que en este acto no se busca a sí mismo sino verdaderamente a Dios. La única persona que reune esas condiciones es Cristo y quien me garantiza el encuentro real con Cristo es la Iglesia:
"En otras palabras: no existe el Dios de libre acceso. Frente a la pretensión de la búsqueda autónoma de Dios, de experimentarlo y de pensarlo en forma independiente, él seguirá siendo el desconocido, el 'que habita en una luz inaccesible' (1Tim 6, 16). El hombre llega a él sólo por el camino de la imitación de Cristo. (...) Cristo garantiza la realidad del Padre viviente; pero la imagen de Cristo es garantizada mediante la Iglesia, dicho más precisión: a través del Espíritu Santo que habla en ella. De ella dice Jesús: El que los escucha a ustedes a mi me escucha" (La iglesia del Señor, 145-147).
La Iglesia hace presente a Cristo en cualquier tiempo y lugar
El tema que quiere dejar claro Guardini en este capítulo es que Cristo, el que nos pide la vida (el que quiera perder su vida.... el que la pierda por mí y el evangelio....), el que afirma con rotundidad que es el camino, la verdad y la vida, sólo puede hacerlo en la medida que se hace contemporáneo nuestro, en la medida que está aquí y ahora junto a mí. Y esto es posible gracias a la Iglesia. "En su realidad inmediata, Jesús de Nazareth jamás puede ser contemporáneo a mí, pero sí puede serlo su mensajero, en cuya persona él mismo llega (Lc 10, 16). El arquetipo de mensajero es la Iglesia" (La iglesia del Señor, 150-151). A la Iglesia pertenece el párroco, el religioso, la familia católica en la que he nacido y crecido, el colegio en el que me he educado, la comunidad de creyentes en la que me muevo, el Papa y sus obispos. "Cristo está presente en todas esas realidades actuales y me habla, pero no me habla como persona solitaria, sino como Iglesia"(La iglesia del Señor, 151). Sin embargo, todos podemos decir con Guardini ¡Cuánta desproporción hay en ella con respecto a Cristo que habla en ella! Y es verdad, pero sólo en ella podemos creer, sólo en ella somos instruidos por Cristo, sólo en ella, como veíamos arriba en al experiencia de Guardini podemos entregarnos objetivamente a Cristo. 

Sé que me repito, pero quisiera dejar clara la idea. Entregarse a alguien sólo puede darse si ese alguien esta vivo y presente. Sólo puedo creer, fiarme y entregarme a Cristo en la medida que éste se encuentra en una situación de contemporaniedad junto a mí. Esa contemporaneidad se da en la Iglesia, ella está en todos los lugares y atraviesa todos los tiempos, en ella Cristo se hace presente aquí y ahora.  El tema viene también expuesto en la obra La existencia del cristiano  y con una cita de ese libro terminamos: "(...) Sólo a partir de una situación de coetaneidad y en respuesta a una llamada podemos llevar a cabo la opción de la fe en toda su seriedad. Sólo que esta coetaneidad no es la que se dio en los escasos años de la realidad terrena de Cristo, sino una que se da hoy; que no necesito fabricarla artificialmente, sino que llega hasta mí a partir de ella misma: esta coetaneidad se da en la Iglesia. Así lo supo y lo quiso Cristo" (La existencia del cristiano, BAC, Madrid, 1997, 366).





viernes, 22 de mayo de 2015

Cada uno de nosotros revela a Cristo, y cada uno lo vela

Decía mi amigo Julián Vara que habitualmente el hombre es imprudente de dos formas: por precipitación en la determinación de la acción a realizar y por falta de constancia en la culminación de la misma. No quiero que nadie me acuse de imprudente bajo ninguna de estas dos formas por haberme propuesto el estudio de la Iglesia en Guardini a la luz de dos de sus principales escritos: El sentido de la Iglesia y La Iglesia del Señor. El comentario del primer ensayo ya hace tiempo que lo culminamos. Las reflexiones sobre La Iglesia del Señor llevan meses estancadas, pero espero, a partir de hoy, retomar con regularidad semanal la cita con los lectores de este blog y culminar aquello que me propuse hace meses. 

Revelación y velamiento es el capítulo de La Iglesia del Señor que quisiera comentar hoy. Como siempre, varias citas e ideas expuestas por Guardini me han resultado sugerentes. Quizás porque estoy demasiado acostumbrado a mirar a la Iglesia como estructura histórica y humana he gozado con este párrafo donde se la describe como un cuerpo vivo:
"Lo mejor que podemos decir es que es un ser vivo, que ha sido engendrado en un determinado momento y que, desde entonces, crece, se desarrolla, lucha, padece y tiene su misión a realizar a través de la historia. Pero el contenido es Cristo, quien vive en ella, obra mediante ella y se ofrece a través de ella." (La Iglesia del Señor, San Pablo, Buenos Aires, 2010, 135).
La imagen de un cuerpo vivo, con multitud de miembros y funciones, es la usada por San Pablo (recordemos que es propia de su tiempo) para referirse a la realidad de la Iglesia. Cristo vive en ella, así como, nuestra alma vive en nuestro cuerpo o mejor dicho vivifica nuestro cuerpo. La misión de la Iglesia es la de revelar y transmitir a Cristo vivo y resucitado, pero en esa tarea, como ocurrió en los días de su paso por la tierra el Señor puede ser rechazado. Comentando lo sucedido en la sinagoga de Nazareth (Lucas 4, 14 ss) cuando el Señor afirma que ningún profeta es bien recibido es su tierra, Guardini escribe: "Lo que en Jesús debe revelar al Hijo de Dios, es decir, que precisamente en él lo divino se glosa en lo humano y puede ser contemplado, esta misma situación también lo encubre de tal modo, que surge una disyuntiva que implica una decisión: hacia el sí o hacia el no. Pero con esto no se ha dicho suficiente, ya que el sí se convierte en amor, esto es en fe; y el no se transforma en odio, justamente en escándalo."(La Iglesia del Señor, 139). 

Ese amor u odio nace, según nuestro autor, de la mirada con la que lo contempla el corazón del hombre. Recuerda la bienaventuranza "dichosos los limpios de corazón por ellos verán a Dios" y  aplica cuanto estamos diciendo acerca de Dios al hombre mismo. Leámos: "El hombre es imagen de Dios, creado en la llamada de su amor para ser libre y digno. Esto se expresa en su figura erguida, en su rostro y en cada uno de sus gestos. Quien tiene ojos para ver, lo ve y responde con el respeto que se debe al ser humano" (La Iglesia del Señor, 140). Pero puede ocurrir lo contrario, que no se quiera ver la dignidad del hombre y surja entonces la falta de respeto por el hombre que ha caracterizado la historia en el último siglo, 
"Pues la esencia del hombre no está sencillamente ahí, no hay que comprobarla y captarla, sino que se revela y, al mismo tiempo, se vela, de tal modo que quien encuentra al hombre, puede reconocerlo y honrarlo como persona, pero también puede usarlo, cosificarlo y abusar de él. Por lo tanto, la mirada debe ser capaz de ver a partir de un corazón que es limpio; dispuesto a satisfacer esas exigencias que surgen frente a la persona y que hacen de su conducta hacia ella mucho más difícil que ante una mera cosa, pero también mucho más noble y satisfactoria" (La Iglesia del Señor, 140). 
Manifestarse y velarse y velarse propio  del hombre. A veces la humanidad de un individuo se esconde  y no logramos percibirla al inicio o al final de sus días o cuando la enfermedad debilita y consume su cuerpo. Pero manifestarse y velarse es primordialmente el modo como Dios nos interpela y esto es lo que hoy sucede con Cristo en la Iglesia. Dice Guardini: "Esta realidad constituye su misterio. En ella, Cristo se expresa a sí mismo entrando en el tiempo. Esta expresión suya puede ser percibida y, en consecuencia, se convierte en fe. Pero también puede estancarse mediante lo malo, lo confuso, lo estropeado, con lo cual se convierte en escándalo"  Más claro es lo siguiente: "Que Cristo está en la Iglesia, significa que él se encuentra presente en ella según el modo de la Revelación, que significa manifestación y velamiento; que requiere la disposición interior, la claridad de la mirada, que proviene del corazón limpio, que ama cabalmente y que no quiere más que la verdad" (La Iglesia del Señor, 141).

Sólo mirando la Iglesia con un corazón limpio podemos encontrar a Cristo en ella y podremos  amarla. Debemos saber que esto también es gracia, don de Dios que da a quien lo busca, lo desea y lo anhela. Y debemos también tener en cuenta que cuando miremos, juzguemos y hablemos de la Iglesia, en ella no solamente vive Cristo y el resto de los cristianos, sino también yo  mismo, por ello:
"Cada uno de nosotros revela a Cristo, y cada uno lo vela. Nunca debemos hablar de la Iglesia como si estuviera ahí fuera y nosotros aquí -siempre yo-, como si yo pudiera enfrentarla y analizarla, juzgarla, asignar responsabilidades y atribuir defectos. Siempre debo incluirme a mí mismo en la imagen de la Iglesia que me hago de ella. Entonces serán diferentes la imagen y el juicio, como cuando hablo de los defectos de alguien con quien estoy vitalmente unido" (La Iglesia del Señor, 142).