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lunes, 19 de enero de 2015

A propósito del Papa Francisco

En el ensayo La Iglesia del Señor (San Pablo, Buenos Aires, 2010) Guardini medita sobre la Iglesia justo en el momento en que la Iglesia, a través, del Concilio Vaticano II lo estaba haciendo sobre sí misma. El hombre y el mundo, y la Iglesia en relación al hombre y al mundo, fueron abordados por el Concilio dando lugar a documentos como la Lumen Gentium o Gaudium et Spes. Guardini se encontraba entonces,cerca ya de su final temporal (Munich 1968), pero como ya hemos referido aquí, tuvo tiempo para escribir las meditaciones que constituyen La Iglesia del Señor y dedicárselas a JuanXXIII. 

En el capítulo segundo se habla del origen de la Iglesia. Se pregunta Guardini por qué el Señor no quiso dar continuidad a su mensaje a través de un libro. La palabra escrita hubiera asegurado de modo firme y estable su anuncio de salvación, evitando toda posible adulteración. Los libros sagrados eran parte del universo religioso de la cultura judía. Hubiera sido, quizás, lo más lógico. Sin embargo, como escribe Guardini, "(...) Jesús no obró de esta manera. Ninguna palabra salida de la boca de Jesús se refiera a un documento escrito que relate su obra y su doctrina" (La Iglesia del Señor, 113). Los Evangelios y los Hechos de los Apóstoles no surgieron por mandato del Señor. Es cierto, que tales libros han sido considerados parte de la Revelación cristiana, pero por algo que sí quiso el Señor diera continuidad a su obra redentora: La Iglesia. Es decir, "El libro del Nuevo Testamento no se sostiene en sí mismo, tampoco puede se entendido a partir de sí mismo. Más bien, se halla en un contexto que los sostiene y que lo abarca, el único desde el cual puede ser comprendido, o sea, la Iglesia" (La Iglesia del Señor, 115).

Ahondando en el origen y esencia de la Iglesia, Guardini se detiene en la figura de Pedro y su primacía. Sobre ella dice algo evidente pero que solemos olvidar cuando hablamos y consideramos a los papas con los que nos ha tocado vivir: "Con todo respeto, podemos decir que la primacía de Pedro no se debía a sus capacidades o talentos. En esto Juan lo superaba, y lo mismo Pablo. Tampoco era una primacía debido a su carácter, ya que se lo describe a Pedro inestable, e incluso fue él quien negó a su Maestro" (La Iglesia del Señor, 116). Continúa Guardini recordando que el discípulo amado era Juan y no Pedro y termina recordándonos el pasaje de Mateo 16, 13 donde leemos "Tú eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia". En este versículo se encuentra para Guardini el núcleo de la primacía de Pedro: "Significa, entonces, que la primacía de Pedro es primacía en virtud de la vocación. Ésta puede estar unida a cualidades e inclinaciones naturales, pero, en lo esencial, es gracia y no responde a ningún porqué ni a un para qué" (La Iglesia del Señor, 116).

Hoy no sólo la prensa, sino entre los mismos católicos se habla polémicamente del Papa Francisco. El afecto a Pedro cabeza de la Iglesia debe estar alimentado primordialmente por la fe, por la certeza de que el Señor ha llamado a Jorge Bergolio como vicario suyo, y no por sus cualidades, virtudes, inteligencia, escritos o ideas. Lo ha llamado por ha querido llamarle precisamente a él. Recordemos pues, que la primacía de Pedro reside en un llamado, en una vocación por parte del Señor. Esto iluminará nuestra inteligencia, caldeará nuestro corazón, y a buen seguro matizará muchas de nuestras palabras sobre el Vicario de Cristo.

viernes, 16 de enero de 2015

Romano Guardini: programa de radio firmes en la verdad

Recientemente fui entrevistado por una emisora de Radio no muy conocida que tiene un programa titulado Firmes en la verdad. La emisión queda grabada y alojada en videos de youtube. Remito el enlace por si alguno desea escuchar el programa.

https://www.youtube.com/watch?v=Qnz3xCCJsIU


miércoles, 3 de diciembre de 2014

Cuidar el corazón

El Señor (Ediciones Cristiandad, Madrid, 2002) inaugura su segunda parte con una meditación titulada La plenitud de la justicia. Allí, Guardini intenta comentar esas palabras de Nuestro Señor que comienzan "Os han enseñado que se mandó a los antiguos (...) Pero yo os digo (....) ". Realmente interesante es comprobar que Jesús en este contraste  no acaba con la ley ni se opone a los antiguos, sino que profundiza en el espíritu de la norma conduciéndola a su plenitud. En este contexto Guardini subraya la importancia de la interioridad, pues donde el hombre debe poner su atención no es tanto en la acción misma (robar, matar, etc.) sino en su origen, es decir,  allí donde se concibe, se gesta y nace la acción: el corazón. Ser cristiano, por ello, no consiste en vivir una ética, es decir, en el cumplimiento de normas. Ser cristiano es una llamada a participar de una nueva vida que transforma el corazón, cuyo germen ha puesto Dios en nuestra alma mediante el Bautismo y que está llamada a crecer y desarrollarse con su ayuda y gracia. 

Desde esta perspectiva, y siempre comentando las palabras del Señor, Guardini nos hace ver la pobreza de la máxima "ojo por ojo, diente por diente". Frente a la justicia legal Jesús propone el amor. Escribe Guardini: "Cristo dice: Eso no basta. Mientras te atengas sólo a una justa correspondencia, no saldrás de la injusticia. (...) Tan pronto como uno comienza a defenderse de la injusticia, despierta el odio en el propio corazón, y el resultado es una nueva injusticia" (El Señor, 118). Hay una fuerza que rompe con esta dialéctica, que dejando atrás la norma y la ley escrita conduce al hombre a un nuevo orden. Se trata del auténtico amor que libera al hombre. Si al odio se responde con odio y al amor con amor, todavía no somos libres. Sin embargo, si al odio respondemos con amor hemos conquistado la verdadera libertad. "Sólo entonces -escribe Guardini- se despierta el verdadero amor. Éste ya no depende de la actitud del otro; por eso es libre para la pura realización de su esencia. Está más allá de las tensiones de la justicia. Es capaz de amor incluso cuando el otro le da, aparentemente, derecho a odiar" (El Señor, 119). Es entonces cuando se da algo paradógico, pues en este amor y en el corazón de donde surge tiene su inicio la plenitud de la justicia: "El verdadero amor enseña a entender quien es el otro en lo más íntimo de su persona, en qué consiste su injusticia, hasta qué punto ésta quizá no es injusticia, en su sentido más profundo, sino herencia, fatalidad, miseria humana" (El Señor, 120). Desde el amor alcanzamos la verdadera justicia para con el otro.

Guardini también se detiene en la insuficiencia de la norma "No cometerás adulterio". Jesús nos dice que todo el que mira a una mujer deseándola ya ha cometido con ella adulterio. A Guardini todo ello le sirve para  subrayar la importancia  del corazón: "La acción tiene sus preparativos; y es que, en último término, procede de la intención del corazón y se trasmite por la palabra, por el gesto, y por la actitud" (El Señor, 121). No hay que poner la voluntad en no traspasar la norma o en evitar una acción. Se trata más bien de ir al origen de esa acción, el corazón, y trabajar para que de él surja lo bueno, lo bello y lo verdadero. "No cabe duda que la actitud del corazón es, en sí misma, mucho más importante que lo que hace la mano, aún cuando aparentemente eso tenga más repercusión. (...) El primer consentimiento o rechazo, el primer sí o no a la pasión, es lo decisivo. Ahí es donde tienes que intervenir" (El Señor, 121).

En resumen, la norma ordena exteriormente al hombre, el amor lo transforma interiormente. El evangelio no es un libro del que emanen leyes sino el anuncio de una nueva vida que nos trae Cristo. El cristianismo no se reduce a máximas sino que supone una conversión existencial por la gracia de Dios. La clave está no tanto en obedecer leyes sino en entregar el corazón a DIOS

jueves, 27 de noviembre de 2014

Cada vida importa

Dedicado a mi mujer Patricia y a la Asociación REDMADRE Valencia. 


El pasado 22 de noviembre se celebró en Madrid una manifiestación organizada por el Foro de la familia con el lema "Cada vida importa". Doy cuenta en este blog de este evento no tanto para recodar lo escrito por Guardini en defensa del nasciturus (El derecho a la vida humana en gestación" en Preocupación por el hombre, Madrid, 1965, 171-194). Más bien quisiera comentar el acontecimiento de la manifestación a la luz de una idea que aparece en otro ensayo del que ya hemos hablado muchas veces aquí y que lleva por título Libertad. Discurso conmemorativo (Preocupación por el hombre, Madrid, 1965, 127-142). Allí podemos leer:
"Se habla mucho de la amenaza totalitaria, pero ningún proceso ocurre partiendo solo de un lado. La coerción totalitaria sobre el matrimonio sólo se hace posible cuando el portador vivo de la libertad, el hombre responsable, ha perdido hace mucho el deseo de comunidad de fidelidad, de vinculación familiar, de configuración viva de la casa" (Libertad en Preocupación por el hombre, 133). 

Guardini habla en este ensayo de la libertad y sus aplicaciones en el ámbito del matrimonio (casarse con quien uno desea), profesión (elegir el propio trabajo), académica (la búsqueda libre de la verdad en la universidad), etc. Libertades que fueron suprimidas en parte durante el periodo nazi. En este contexto debemos situar la cita anterior y preguntarnos ¿Qué nos enseña este texto? 

Nos enseña algo tan importante como que el Estado invade nuestros derechos, los anula y los desprecia en la medida que el portador de los mismos no vive ya el valor o los valores que sostienen tales derechos  y por lo tanto no encuentra en sí mismo la fuerza y los recursos para defenderlos.  Los totalitarismos se imponen al individuo en la medida en que éste cede y no defiende por debilidad lo que en justicia y por derecho natural le corresponde. No es un proceso que se da de un lado, por el contrario, están implicados dos, el Estado que impone y el individuo o la sociedad que cede.

Defender la vida humana implica, pues, vivir los valores que hacen que la vida humana sea acogida, protegida, promovida y defendida desde la concepción hasta su final natural. Sólo así seremos fuertes para en un segundo momento manifestar y defender en público el derecho a la vida ante quienes nos gobiernan.

De este modo uno se hace auténticamente responsable de sus derechos porque asume con su vida las obligaciones que éstos también comportan. Ejemplo de todo ello son los miembros y voluntarios de las asociaciones como REDMADRE, PROVIDA, etc., comprometidos e implicados en la ayuda a embarazadas y madres en dificultad. No solo defienden un derecho, además asumen vitalmente las obligaciones y responsabilidades que este derecho conlleva. 

jueves, 20 de noviembre de 2014

La Iglesia VI: la comunidad perfecta

¡Bendito sea Dios!
Alguien sospechará que de nuevo las obligaciones académicas y también las familiares han provocado que las entradas de este blog no sean lo regulares que habían sido hasta ahora. Pues está en lo cierto. Pero debo decir que lo escrito lejos de ser un lamento es una exclamación de júbilo y alegría.  Porque para los tiempos que corren ¿no son familia y trabajo una bendición de Dios? Así que, entonando un Bendito sea Dios retomamos el discurso donde lo dejamos. 

Castillo de Rothenfels. Cortesía de  www.all-free-photos.com.
El último capítulo de El sentido de la Iglesia (San Pablo, Buenos Aires, 2010) se titula Comunidad. Allí, se pregunta Guardini si es posible la comunidad perfecta. La cuestión surge porque en toda comunidad siempre existe el peligro de herir la libertad y la individualidad de sus miembros en favor de la unidad comunitaria, o al revés, en caer en la disgregación por favorecer los derechos y la dignidad de sus miembros. Guardini se pregunta, a la luz de una experiencia surgida en sus años con el movimiento juvenil Quickborn (algún día habrá que hablar de él aquí) en el castillo Rothenfels: "¿cómo puede darse la comunidad perfecta, un dar y un recibir, pero que a su vez permita que la persona pueda permanecer libre y fortalecida en sí misma?" (El sentido de la Iglesia, 80). Nuestro autor señala que desde un punto de vista natural, desde las posibilidades plenamente humanas esto es imposible. Pero a su vez señala lo siguiente: "Pero la Iglesia se destaca, ante nosotros, como el gran poder que posibilita la comunidad perfecta" (El sentido de la Iglesia, 80). A partir de este momento desarrolla una serie de argumentos, de los cuales voy seleccionar unos pocos a partir de algunas citas del texto. 

En primer lugar, en la Iglesia los fundamentos que sostienen a la comunidad y que la cohesionan son compartidos por todos sus miembros: Dios, Cristo, la gracia y el Espíritu Santo. Sus miembros actúan apoyados en Ellos. Así escribe: "Uno puede ayudar al otro, porque los fundamentos más profundos de la confianza, ya no necesitan ser demostrados, pues para ambos son algo dado por supuesto. El consuelo real es posible porque lo que consuela es reconocido. (...) Hay una comunidad de esfuerzos y combates, porque los fines últimos son los mismos. Existe la comunidad unida por el júbilo y el festejo, porque el fundamento de la alegría no necesita ser buscado con mucho esfuerzo, ya que está vivo en todos. Por eso, la alegría puede ser causa y contenido de la comunidad" (El sentido de la Iglesia, 81).

La unidad queda todavía más consolidada a través de la Eucaristía y la comunión. "En ésta el hombre se hace una sola cosa con Dios, quien, a su vez, está vuelto, personal y totalmente hacia él y se entrega a él. Este mismo Dios está unido no solamente a ese hombre, sino también a los demás. Cada individuo acoge a Dios en su propia persona, pero lo recibe también para los demás: para su cónyuge, hijos, padres, hermanos, amigos; es decir, para todos los que están unidos a él por el amor" (El sentido de la Iglesia, 82). En este contexto recuerda Guardini la dimensión comunitaria de la celebración eucarística, muy viva y presente en las primeras comunidades cristianas. Oficiaba el obispo con varios presbíteros, el pueblo llevaba los dones con los que luego se celebraba el sacramento simbolizando la participación y ofrenda de sí mismos con Cristo en el altar. "Todos participaban en el banquete sagrado, después que habían desterrado de sus corazones, con el saludo de la paz, lo que perturbaba a la comunidad. Cuando el pan era consagrado era partido, trozos de ese pan eran llevados a prisioneros y enfermos" (El sentido de la Iglesia, 83).

Habla nuestro autor también de la comunidad de responsabilidad y de destino de la que somos conscientes en parte por lo que nos revela el dogma del pecado original. Los hombres estamos tan unidos entre sí, que la fidelidad del primer hombre hubiera supuesto la fidelidad prolongada de los demás hombres. Pero esto no sucedió así. Y hoy participamos de la unidad del pecado original. El pecado original, nos dice Guardini, es incomprensible para quien piensa en el hombre de modo individual, pero sin embargo, nos revela la unidad de todo el género humano. "(...) si se comprende que cada yo está también en el tú; que cada uno convive en el otro; que su felicidad y aflicción descansa en al felicidad y aflicción de los otros, entonces se le hace envidente que, en el dogma del pecado original, la Iglesia encuentra efectivamente el fundamento de toda la comunidad" (El sentido de la Iglesia, 84). 

Apenas se ha esbozado aquí el contenido del capítulo que venimos comentando, pero esto no es más que una invitación a su lectura y meditación. Con esta entrada terminamos una primera reflexión sobre la eclesiología de Guardini, que espero proseguir a lo largo de este año.



martes, 28 de octubre de 2014

La iglesia (V): el ámbito de la libertad

Si decíamos semanas atrás que la Iglesia era el ámbito de la plenitud humana, hoy afirmamos que es el lugar donde el hombre puede alcanzar su plena libertad. El ser humano posee una voluntad libre, pero siempre está amenazada y condicionada por diversos elementos, algunos de ellos de índole temperamental o psicológico, y otros de carácter ambiental o cultural. Quisiera detenerme en estos últimos. El sentido de la Iglesia (San Pablo, Buenos Aires, 2010), obra de Guardini que venimos comentando últimamente, contiene en su capítulo cuarto una serie de reflexiones en relación a los modos de pensar, las categorías que caracterizan a las diversas épocas y la influencia que tienen éstas en la libertad del hombre. Así escribe: 
"Piensen, por una única vez, con cuánta intensidad y poder domina esa confluencia espiritual. ¡Lo que consigue una consigna o una expresión de moda, en cuanto puede extenderse a círculos más amplios que a su vez la relanzan! Nadie puede sustrarse totalmente a su influencia. ¡Cuán poderosos son los hábitos espirituales de una época! A veces, son tan poderosos que se acpetan ciertas ideas con una confianza casi dogmática; ideas que, por lo general, son abandonadas en cuanto las circunstancias se modifican"(El sentido de la Iglesia, 61).
La Iglesia ejerce un poder liberador sobre el individuo frente a estos condicionamientos culturales y ambientales. Por su propia naturaleza, la Iglesia juzga y valora la realidad lejos de las categorías relativas de un lugar (nación, pueblo, etc.) y un momento (siglo, época) concretos, sino en relación a la verdad de la Revelación y buscando el bien del hombre. Cuando surge un pensamiento nuevo, una nueva perspectiva, moda, ideología, capta la atención de su tiempo por su novedad. Pero la novedad no está unida necesariamente a la verdad. Guardini nos recuerda a modo de ejemplo el atractivo que ejerció el pensamiento asiático en Occidente: 
"Si una cultura aún no conocida entra dentro de la perspectiva de un pueblo y resulta afín a éste, ejerce un poder fascinante sobre ese pueblo. El mundo asiático produce hoy tal efecto. Lo mismo sucede con las nuevas orientaciones artísticas, con los nuevos dogmas políticos, etc., y hasta con las nimiedades de la indumentaria y del comercio" (El sentido de la Iglesia, 63-64). 
 De algún modo  quien vive con la Iglesia queda liberado de los condicionamientos de las corrientes efímeras que van macando las épocas y que terminan desapareciendo. "Mediante la Iglesia, la eternidad se introduce en el tiempo" (El sentido de la Iglesia, 62). "La Iglesia está presente como la gran escollera que se enfrenta al torrente de las modas espirituales. Es el poder que se ubica ante cada circunstancia histórica, sea cual fuere. Contra todo poder que amenaza esclavizar al hombre: teorías científicas, doctrinas políticas, ideales humanos de perfección, tendencias anímicas y psicológicas, etc., "(El sentido de la Iglesia, 63).

Así, surge una paradoja para quien se mantiene fiel a la Iglesia en medio de los vaivenes de una época determinada: "Curiosamente, pero nadie es más escéptico e interiormente independiente frente a 'lo que todos dicen' que aquel que vive realmente con la Iglesia. Si el hombre renuncia a estar ligado íntimamente a la Iglesia, sin más, sucumbe, frente a la ilusión tiránica del medio ambiente, hasta caer en la superstición" (El sentido de la Iglesia, 64-65).

La actualidad de estas reflexiones es obvia, cuando nos vemos amenzados por lo que se ha venido a llamar el pensmiento único. Se trata de una especie de totalitarismo cultural que ejecuta a través de los medios de comunicación a quien no suscribe sus dictados e ideas. Así, son criticados hasta el descrédito intelecutal y moral quienes se oponen al aborto, la eutanasia, la reproducción asistida o la experimentación con embriones, aun cuando las investigaciones científicas apoyen sus argumentos.


lunes, 6 de octubre de 2014

Romano Guardini y el Pontificado (III): El Papa Francisco

Esta semana terminamos de considerar la relación de Guardini con los pontífices. El texto que sigue como los dos anteriores sobre Romano Guardini y los pontífices han sido redactados por el  Prof. Dr. D. Carlos Alberto Sampedro a quine agradecemos su colaboración en este blog y las reflexiones que durante estas semanas nos ha ofrecido.  
 
Romano Guardini y el Papa Francisco
 
El Papa Francisco
De Francisco los medios de comunicación se han encargado de construir una imagen a partir de sus anécdotas como Arzobispo y ahora como Papa. En relación con Guardini hay dos testimonios que los periodistas encargados de su biografía traen a colación. El primero es la intención de Bergoglio de realizar un trabajo doctoral en teología en 1986 y que tenía como tema el pensamiento de Guardini. El segundo de ellos es la lectura de El Señor, la famosa obra cristológica de Guardini, que según algunos de los biógrafos, Bergoglio solía recomendar. Por lo pronto todo análisis resulta provisional, por lo menos hasta que Francisco vaya dando pistas explícitas del papel de Guardini en su formación o magisterio.  Es así, que hasta el momento, no es posible encontrar en el pensamiento de Francisco una influencia de Guardini directa y estructural.
 
En la famosa entrevista de la La Civiltà Cattolica del 19 de septiembre de 2013, el Papa se refiere a varios autores que lo han interesado, pero no menciona entre ellos a Guardini aunque el vaticanista Sandro Magister (2013) plantea que  Bergoglio habría tenido como libros cercanos de Guardini, El Señor y el Contraste. Igualmente señala la que tesis doctoral fue abandonada, y que finalmente el pensamiento de Romano Guardini no dejó una huella duradera.
Por otra parte, el periodista y escritor argentino,  Marcelo Larraquy (2013), Indica que a Bergoglio la teoría de El Contraste le interesó por la forma en que relacionaba lo dinámico y lo estático y las aplicaciones de esto a la vida espiritual. A diferencia de Magister, señala que a pesar de no terminar la tesis doctoral, lo que habría podido dejar una huella más visible, serían las enseñanzas sobre la libertad y la obediencia aplicadas por Bergoglio en el ejercicio de la autoridad.
Más allá de los análisis de vaticanistas o periodistas, es significativo encontrar en los pocos meses de la Cátedra de Francisco algunas referencias a importantes textos de Guardini utilizados en documentos de su Magisterio. Por ejemplo, en el número 22 de Lumen Fidei, se alude textualmente a un pasaje del escrito La esencia de la cosmovisión católica. El texto es el siguiente:
Romano Guardini
“Se entiende entonces por qué fuera de este cuerpo, de esta unidad de la Iglesia en Cristo, de esta Iglesia que —según la expresión de Romano Guardini— «es la portadora histórica de la visión integral de Cristo sobre el mundo» (Vom Wesen katholischer Weltanschauung, 1923, en Unterscheidung des Christlichen. Gesammelte Studien 1923-1963, Mainz 1963, 24.), la fe pierde su «medida», ya no encuentra su equilibrio, el espacio necesario para sostenerse”.
En el número 224 de Evangelii Guadium, un documento más propio de Francisco,  aparece la siguiente referencia: 
“A veces me pregunto quiénes son los que en el mundo actual se preocupan realmente por generar procesos que construyan pueblo, más que por obtener resultados inmediatos que producen un rédito político fácil, rápido y efímero, pero que no construyen la plenitud humana. La historia los juzgará quizás con aquel criterio que enunciaba Romano Guardini: «El único patrón para valorar con acierto una época es preguntar hasta qué punto se desarrolla en ella y alcanza una auténtica razón de ser la plenitud de la existencia humana, de acuerdo con el carácter peculiar y las posibilidades de dicha época» (Das Ende der Neuzeit, Würzburg, p. 30-31.)”
También en las Homilías, Francisco suele utilizar planteamientos de Guardini. Es el caso de la homilía del 7 de abril de 2013, domingo de la Divina Misericordia, el Papa Francisco (2013) cita a Guardini:
“Dios siempre nos espera, no se cansa. Jesús nos muestra esta paciencia misericordiosa de Dios para que recobremos la confianza, la esperanza, siempre. Un gran teólogo alemán, Romano Guardini, decía que Dios responde a nuestra debilidad con su paciencia y éste es el motivo de nuestra confianza, de nuestra esperanza (cf. Glaubenserkenntnis, Würzburg 1949, 28). Es como un diálogo entre nuestra debilidad y la paciencia de Dios, es un diálogo que si lo hacemos, nos da esperanza.”
Lo mismo ocurre en la misa Crismal del 2014  en la  que el Papa alude a Guardini sin referenciar alguna obra en específico:
“Por fin, en este Jueves sacerdotal, pido al Señor Jesús que resplandezca la alegría de los sacerdotes ancianos, sanos o enfermos. Es la alegría de la Cruz, que mana de la conciencia de tener un tesoro incorruptible en una vasija de barro que se va deshaciendo. Que sepan estar bien en cualquier lado, sintiendo en la fugacidad del tiempo el gusto de lo eterno (Guardini). Que sientan, Señor, la alegría de pasar la antorcha, la alegría de ver crecer a los hijos de los hijos y de saludar, sonriendo y mansamente, las promesas, en esa esperanza que no defrauda. (Francisco, 2014)”
Por el momento se ve con claridad que Francisco, al igual que sus antecesores, ha recurrido a Guardini para dar color a algunos de sus textos. Sin embargo, esto no permite establecer que existe una influencia decisiva como pudiera pensarse a partir del interés de realizar una tesis doctoral sobre la teología de Romano Guardini. 
El Papa Francisco
Al margen de estos aspectos de influencias académicas, si se analiza lo más personal de cada una de estas figuras, sí es posible encontrar unas similitudes o puntos de conexión entre ambas figuras.
En primer lugar, la preocupación por el hombre: ambos tienen una visión antropocéntrica y teologal desde la que se preocupan por la situación del hombre en especial por el que se encuentra en peligro o el marginado. Las alusiones de Francisco a los pobres y  a los débiles son copiosas, así como en Guardini es clara la defensa del prójimo en peligro y de los seres humanos en gestación.
En segundo lugar, se puede observar una especie de fe personalista, centrada en una relación personal con Jesús, que se traduce en una vida dispuesta al servicio en la iglesia, en el cual la teología es una práctica que se ancla en la fe: creer y estar de rodilla, orar. Tanto Francisco como Guardini se alejan de una visión intelectualista de la fe. Según el concepto del profesor López Quintas (1998), Guardini más que un filósofo o teólogo es un maestro de vida que  huyó de todo academicismo formalista y se interesó únicamente por la verdad. Los dos, tanto Francisco como Guardini, tienen una concepción dialógica de la fe, que mueve a comunicar y entablar dialogo con los grandes de la cultura, pero también con los hombres pequeños.
Esta actitud de diálogo, se funda en la humildad, que intelectualmente se traduce en apertura y reconocimiento de la propia contingencia para tratar los asuntos. Señala el profesor Fayos (2010)  que  “la primera característica de los escritos de Romano Guardini es la de encontrarnos delante de unos ensayos. Término que aparece en varios de sus escritos, y concretamente en aquellos referidos al tema de la persona” (p. 302). De ese modo los textos de Guardini se presentan como intentos de aclarar o iluminar una cuestión en concreto. Los gestos de Francisco  y sus homilías, remiten a una actitud humilde, de disponibilidad y aceptación. El modo de presentar las cosas de manera humilde y sencilla es un elemento común ambos.
En esa misma línea, el abordaje de las Escrituras está impregnado de los elementos antes mencionados: amor por el hombre, fe centrada en el encuentro personal con Jesús y humildad. A esto se suma  el modo original, sencillo y al mismo tiempo profundo de penetrar los textos bíblicos. Francisco con sus audiencias y homilías, especialmente las de la casa Santa Marta, presenta una predica cercana a la vida de las personas, así mismo Guardini con sus predicas universitarias desarrolló un estilo cercano a la vida de los jóvenes. 
Otro aspecto en el que puede verse algún tipo de conexión es el espíritu renovador, que en Guardini se evidenció en la participación del movimiento litúrgico y en Francisco se observa en una especie de revolución de las pequeñas cosas. Francisco no aparece con un talante progresista, como tampoco lo hizo Guardini, pero si propone una renovación de la Iglesia mirando la esencia del Cristianismo que es Jesús mismo. Ambos espíritus reformadores, comparten la fuente de la cual debe partir toda renovación: el Señor Jesús.
Edición alemana de El Señor
No se puede finalizar esta breve presentación sin anotar algunas palabras sobre la obra que Francisco solía recomendar: El Señor. Esta obra es el fruto de la actividad pastoral y la predicación de Guardini entre los años veinte y treinta. La primera edición salió a la luz en 1937 y es sin duda su obra más conocida. No se trata de una exegesis de los pasajes evangélicos ni de una investigación histórico-crítica sobre la figura de Jesús, sino meditaciones personales configuradas con ocasión de la predicación a jóvenes universitarios en Berlín.  Se trata entonces de una obra para ser comunicada oralmente, para propiciar el encuentro con los oyentes. No se compuso por lo tanto siguiendo un plan académico, sino una necesidad pastoral y no se compuso tampoco siguiendo alguna tradición o línea cristológica, sino la misma experiencia personal de Guardini. En esto hay una similitud con Francisco: el Papa parte de un interés pastoral y no académico; en cada homilía entabla una conversación en términos coloquiales usando expresiones como “patear para arriba”, “hagan lio, salgan a las calles” o “no existe la suegra perfecta”.
El siguiente pasaje de El Señor, es propicio para terminar esta breve exposición de la relación entre Pontificado y Guardini. Trata sobre el personaje del que el actual Papa tomó su nombre:
“Humilde, lo que se dice humilde, era Francisco cuando se inclinaba reverentemente ante los pobres. No porque se rebajara hasta el nivel del desvalido para prestarle ayuda, o porque su fina sensibilidad lo llevara a reconocer en él a un ser humano, sino porque su espíritu, abierto a la iluminación de Dios, lo impulsaba internamente a inclinarse ante la desgracia del pobre como ante un misterio majestuoso. El que no sea capaz de percibir esta dimensión considerara a Francisco de Asís como una persona extravagante. Pero, en realidad, lo único que hacía era reproducir en su existencia el misterio mismo de Jesús” (Guardini, 2002, p. 399).
En la medida que el Papa Francisco nos nutra con su magisterio, iremos encontrando los puntos de conexión, o las posibles influencias de Guardini y otros pensadores cristianos.
REFERENCIAS
Larraquy, M. (2013). Recen por él: La historia jamás contada del hombre que desafía los secretos del Vaticano. Buenos Aires: Sudamericana,
Magister, S. (2013). Los nudos del pastor Bergoglio. En: http://chiesa.espresso.repubblica.it/articolo/1350632?sp=y
Francisco (2013). Homilía del Santo Padre Francisco, Basílica de San Juan de Letrán II Domingo de Pascua o de la Divina Misericordia, 7 de abril de 2013. En http://w2.vatican.va/content/francesco/es/homilies/2013/documents/papa-francesco_20130407_omelia-possesso-cattedra-laterano.html.
Francisco (2014). Homilía del Santo Padre Francisco, Basílica Vaticana Jueves Santo, 17 de abril de 2014. En: http://w2.vatican.va/content/francesco/es/homilies/2014/documents/papa-francesco_20140417_omelia-crisma.html
Francisco (2013). Evangelii Guadium. Vaticano.
Quintas, A. (1998). Romano Guardini, maestro de vida. Madrid: Palabra.
Fayos, R. (2010). La noción de persona en Romano Guardini. Espíritu LIX (139), 301-319.
Guardini, R. (2002). El Señor. Madrid: Cristiandad.
 

 
Prof. Dr. D. Carlos Alberto Sampedro